EL PUTO AMO II: EL DESCUADRE

Fotógrafo: Chema Pascual
Modelo: Enrique Perales


Se trata de una chica a la que lleva tiempo intentando ligarse. Ella parece dura, difícil de acceder y puedo decirte que le tiene tomada la medida a nuestro protagonista. Aún así, se gustan, si no fuese así hace ya tiempo que ella le habría mandado al carajo, pero después de todo, nuestro amigo es un hombre de los pies a la cabeza y sabe perseguir aquello que quiere. Ella “no se deja”, si se lo dejara fácil tampoco tendría emoción. También y para qué negarlo, por el momento es ella quien marca la pauta, le da lo justo para que él tenga algo con qué continuar. Han estado juntos alguna vez que otra, pero no hay nada serio. A fin de cuentas… el juego de la seducción, bonito ¿verdad? Me encantan las situaciones tópicas.

Como ya puedes intuir, nuestro amigo está que lo tira, esa misma noche tiene la idea en mente de que al igual que con el resto de sus amigas, va a deslumbrar y la va a dejar a “la reina del baile” a cuadros. Se siente bien, seguro, atractivo y piensa para sí mismo “Esta cae, vaya que si cae esta noche…”. Nuestra amiga, le conoce bien, le tiene ya muy calado (por eso le gusta) y es de todo menos tonta. Sabe que es lo que tiene que hacer y qué decirle para animarle, dejarle hecho polvo, hacer que siente importante y lo que al fin y al cabo distingue a una mujer de un hombre: la habilidad de jugar y de disfrutar con las emociones.

Mientras nuestro protagonista se vuelve a engalanar y se pone sus mejores trapos incluidos los gayumbos “de follar”, un perfume peleón y un colgante que ella le regaló hace tiempo. Sale dispuesto de casa con más moral que el alcoyano, dirigiéndose al bar donde han quedado para tomarse un vino antes de la cena. Resulta que ella ha llegado antes y nada más acercarse ella ya le ha visto el cambio… Él mientras se acerca, está pensando que ya ha triunfado antes de abrir la boca, pero lo primero que dice nuestra querida amiga es: “Pero… ¿qué te has hecho?”. A lo que él “picho” y dispuesto responde: “Un cambio, ¿A que me queda bien?”. Nuestro colega sin saberlo la acaba de cagar, no por como va, no por el cambio, sino porque se acaba de ver una búsqueda de aprobación más grande que un camión. Ella le dice abiertamente “A mi no me gusta”.

Se hace el silencio, se queda descuadrado, ha estado todo el día creyéndose superman y recibiendo halagos que le han inflado el ego como un camión. El cielo se desploma, parece que sus palabras cuentan el doble, y que con una sola frase le ha echado el ánimo por tierra… Ella lo sabe, y por eso lo hace, para ver por dónde sale ahora y qué recursos lleva guardados en el bolsillo, su tranquilidad y su aplomo sobre todo. Nuestro protagonista vuelve a abrir la boca por segunda vez para volver a cagarla, se ha quedado chafado porque la opinión de ella es la que realmente le importa por encima de cualquier otra, inclusive la suya propia (esta es la verdadera real cagada): “Pensaba que te gustaría”.

Estás muerto chaval… de ahora en adelante en la cena nuestro amigo ha cogido mentalidad de “Tengo que compensar este fallo”. No se explica qué es lo que ha podido pasar y trata durante toda la noche de lucirse, hacer que a ella no se le tuerza un pedo, ser más amable y cariñoso que de costumbre, estar demasiado atento… Y todo para tapar que se le ha venido la moral por los suelos, o sea… CAGARLA. “Qué pesadito estás hoy” le dice ella. El opta ya por callarse, no sabe si hablar, si abrir la boca, si hacer una gracia, o un chiste… Tiene la sensación de que se va a seguir equivocando.

Termina de cenar y se van a tomar una copa, es bueno cambiar de ambiente, pero por dentro el gusanito le sigue picando. “Qué callado estás” le dice ella, por no ser lo natural en él, “¿Quieres que nos vayamos?”. Él dice que no, se toma una copa, se toma dos copas… Se enchispa y parece que ya no le importa tanto lo que piensa ella. En un determinado momento se acerca a ella a besarla en la boca, pero ella le pone la mano en la cara de forma suave y le dice “Qué tonto estás hoy… anda, vámonos”. A la mierda, el piensa por dentro “esto se va a la mierda”. Pero bueno, aún no está todo dicho… [continúa en parte III] Por si te perdiste la primera parte.

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