EL PUTO AMO I: UN CAMBIO DE LOOK

Fotógrafo: Chema Pascual
Modelo: Enrique Perales

Te voy a empezar contando una historia tan chorra y tan cotidiana, que vas a pensar “al abuelo se le va la pinza, este tío ya no sabe qué publicar” o cantarme aquello de "Qué le estará pasando al pobre Miguel... que hace mucho tiempo que no sale", acerca de una historia muy solemne y normal, hasta tonta podría decirse sin trascendencia ninguna para tu vida ¿OK? Pero ya verás cómo te das cuenta que detrás de cada palabra y cada gesto, hay mucha tela que cortar, así que paciencia. Cómo no, una batallita que a cualquiera le podría pasar en su vida cotidiana, de las cosas que pasan de verdad, de las que hablamos aquí:

Un buen día nuestro amigo se levanta por la mañana: está de vacaciones, se siente diferente, relajado, sin estrés… Se va al baño, se mira al espejo, pero la cara que lleva es un poema. Por despiste y pereza, lleva como unos 6 días sin afeitarse porque se le olvida siempre con las prisas, aderezado con ojeras de la juerga de la noche anterior, y un pelo totalmente revuelto y despeinado: “Joder… ¡qué asco que doy! ¿No?”. Cerciórense las lectoras, que para que un hombre se mire al espejo y piense esto de su propia imagen, es que la situación es realmente crítica estéticamente hablando, rozando la gravedad.

“Esto no puede seguir así” piensa para sus adentros mientras se rasca una barba de 6 días que ya pica demasiado y abre y cierra los ojos para certificar el volumen de esas ojeras. Raudo y veloz se moja la cara, se vuelve a mirar en el espejo y ve que el cambio no ha sido suficiente… Vuelve a abrir el grifo, esta vez se moja la cara a conciencia, se aplica la espuma de afeitar, la gillette fusion y empieza a darse por los lados. Se vuelve a mirar y se le ocurre una idea: “Necesito un cambio de look”.

Al terminar de afeitarse, se despeja la cara y luce una acertada y perfilada perilla, que le pronuncia más las mandíbula y acentúa la masculinidad de su facciones. Se gusta… empezamos bien. Entonces coge el bote de gel, se mete en la ducha y se pega una sesión de tres cuartos de hora eliminado todo el bello corporal y telarañas varias que no le conviene tener, pensando en sus relaciones íntimas. Se quita también el entrecejo con unas pinzas, se echa agua de colonia y sale de la ducha con su toalla enrollada en la cintura y sintiéndose Superman. Vuelve a mirarse al espejo y se vuelve a gustar, pero… todavía le falta algo.

Se viste cómodo, baja al bar, pide un café y un croissant a la plancha, se siente bien, contento, así mismo se ve guapo y se da cuenta, que la camarera le ha mirado con mejores ojos que de costumbre. “Vaya, la cosa va bien… Aunque todavía me queda un arreglo pendiente”. Va directo al Marco Aldany de la manzana contigua, entra y dice: “¿Para cortarse el pelo?”. Afortunadamente no hay nadie que le pueda hacer esperar, ha llegado temprano. Una peluquera encantadora y joven le sienta, le lava de nuevo el pelo y le pregunta “¿Cómo te lo dejo?”. Nuestro amigo estaba deseando oír eso: “Rapado al 1… ¡por favor!” le dice con entusiasmo a esta preciosa peluquera bajada del cielo a abordar semejante misión. Algo sorprendida, replica para que recapacite nuestro protagonista: “¿Seguro?”, creyendo que por un momento nuestro amigo se va a echar atrás en su decisión de cambiar radicalmente de look. “Por favor” responde mientras se reclina un poco en la silla y se relaja, para levantarse a los pocos minutos estando exactamente como él quería estar.

Se siente nuevo, se siente limpio, se siente fuerte, seguro de sí mismo, cómodo con su nueva imagen, nadie puede pararlo… Se mira en cada escaparate para no perder la ocasión de reafirmarse… Se siente él mismo, más que nunca lo había sentido antes. Sale a hacer unas compras, alguna prenda nueva… “Me faltan unas gafas de sol” piensa. Ahora sí que lo tiene todo, pasea por la ciudad con una seguridad, un pisar fuerte y una comodidad consigo mismo que hacía mucho tiempo que no sentía. La cuestión era hacerlo, dar ese paso y apostar por sí mismo… Ahora puede entender perfectamente cómo se siente una mujer cuando se hace sus arreglos, se siente guapa y sale a la calle simplemente para lucirse y que la vean.

Vuelve a casa después del paso y se cruza con la vecina, con la chica del segundo, de unos 25 años y nada más verle, abre los ojos y la boca: “Vaya cambio que te has hecho… estás… diferente, te queda mucho mejor el pelo así, déjatelo así siempre” y todo esto antes de ni siquiera haberla dicho hola. Esa misma tarde nuestro protagonista queda con unos amigos para tomar un café. Lo dicho, no hay quien le pare, todas las chicas del grupo le felicitan por lo acertado del cambio, le tocan la cara, se pegan a él, mientras los amigos y novietes, intentan quitarle méritos, o hacer bromas acerca de su rapado. Nuestro amigo está cambiado, entra al trapo con todas las tías, ellas le ríen cada gracia por ínfima que sea, le cogen del brazo, le dicen continuamente lo bien que le sienta, lo bien que viste, bla, bla, bla…

Se siente EL PUTO AMO y le sale absolutamente todo. Nuestro amigo esa misma noche, ha quedado con una chica para cenar… [continúa en parte II]

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