COMPRAVENTA EN LAS RELACIONES: ¿QUÉ IMPLICA PAGAR?

Fotógrafo: Chema Pascual
Modelo: Enrique Perales

Había quedado en el centro por la tarde, y ya saliendo de casa me llamaron pidiendo media hora de prórroga por retraso. Como ya estaba fuera de camino al metro y veía que me sobraba tiempo, me arranqué a ir andando cosa que me encanta: pasear por mi amado Madrid. Una de las calles por las que pasé, es por la conocida calle de la Montera… Si no eres de Madrid, has de saber que es una calle conocida por dos cosas: por sus zapaterías y por sus sex shops… ¡Ah! Lo olvidaba, también por la prostitución.

Nunca he tenido una opinión categórica o tajante acerca de la compraventa de sexo y no creo que la tenga nunca, aunque no estoy a favor de pagar por sexo en caso alguno. Lo cierto es que pagar a menos que sea un caso muy particular u obvio no me parece bien. Hay gente que se queja porque existe la prostitución, yo no me quejo, para mi es un producto que ofrece el mercado y que no consumo, al igual que tampoco entraré jamás en un restaurante vegetariano. Lo cierto es que la prostitución no existiría, si los hombres no estuviésemos dispuestos a pagar un precio. Dejar la prostitución reducida a pagar por sexo es un “error de noticiario” y de concepto, porque la realidad cotidiana de una relación de pareja en convivencia sobre todo implica un alto grado de compraventa dentro de las relaciones.

Para mi el pecado es el mismo, sea en la calle o sea dentro de una relación de pareja, sobre todo cuando un hombre está dispuesto a renunciar a cualquiera de sus valores básicos: integridad, inteligencia, autonomía o estatus… o no necesariamente renunciar, sino ceder u omitir estos valores para erróneamente obtener lo que quiere en una relación con su amiga, pareja, novia o mujer.

Es algo inevitable, en especial si estás casado y con hijos, o compartiendo una convivencia que en un determinado momento no haya que hacer una revisión de valores, de espacio, de libertad… Miento: LA LIBERTAD NO SE TOCA A MENOS QUE UNO MISMO QUIERA MODIFICAR SUS GRADOS DE LIBERTAD, PERO NUNCA A PETICIÓN DE TU PAREJA, NI DE TU NOVIA, NI DE LA MUJER A LA QUE TE QUIERES LIGAR… ¡qué leches! A petición de nadie. Por desgracia este comportamiento lo veo reflejado práctica y constantemente en las relaciones de pareja que implican convivencia.

¿Maldita convivencia? ¿Por qué llegan a mis oídos tantísimos casos de compraventa dentro de la convivencia? Porque la verdadera prostitución no es solamente sexual. La prostitución es la renuncia a un bien personal en función de conseguir otra cosa. Pagar carne con billetes, pagar sexo con un comportamiento concreto, proveer de servicios en función de conseguir afecto… Pues no, la convivencia está bien, lo que está mal es que como hombres perdamos las fronteras entre nuestros valores y sus requerimientos. Renunciar a un valor como puede ser la libertad, tu trabajo, tu vocación, tu sexo, tu imagen personal, tu concepto de una relación, para adaptarte a un sistema de valores ajeno como pueda ser el de ella, a su propia petición, te coloca en la casilla de hombre sin principios y valores, que está dispuesto a jugar con ellos, apostarlos o hipotecarlos para comprar un beneficio que le pueda dar una mujer.

Vamos a ver, concretando: si tu mujer o tu novia te pone entre la espada y la pared con un ultimátum CUALQUIERA QUE SEA, insito… CUALQUIERA QUE ESTE SEA, no pases por ahí aunque ello te suponga perder la relación. En el momento que aceptas este pago, porque es un pago de un precio que estás pagando, renunciando a un capital propio, tuyo y personal que son TUS VALORES, ella es la prostituta y tú eres el cliente. Estás pagando por la relación. Insisto, sin hombres que lo pagaran, la prostitución no existiría y de igual forma en pareja. Los hombres tendemos a caer en la tentación de negociar dentro de las relaciones personales, sin caer en la cuenta que la mujer domina el verbo, el lenguaje y las emociones. Discutir, pactar, o negociar con una mujer es perder, porque ella sabe hacerlo. Como hombres hemos de ser fieles a nuestro carácter básico y no pretender imitar o jugar con las mismas armas. No es cuestión de saber más o dominar el habla, es una cuestión de principios y valores: que cuando digas que sí, sea realmente que sí; y cuando digas no, sea realmente no. Pero por favor, no pagues dentro de una relación, es lo mismo que irse de putas y suele salir más caro.

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