YA VIENE EL PAGAFANTAS

Gorka Otxoa en PAGAFANTAS

Vienen a mi memoria los tiempos de mi más tierna adolescencia… O no tan tierna ya que no me comía una rosca. Pero lo que es ni una ¿eh? No te exagero, ligaba menos que el chofer del Papa. Hace ya unos meses os hablaba de una película protagonizada por Gorka Otxoa, a la que tuve el privilegio de ser invitado a su pre-estreno, PAGAFANTAS, en la que os hacía un pequeño resumen en el artículo PAGAFANTAS, UNA PELÍCULA ALTAMENTE RECOMENDABLE y en la que os contaba en que consistían LA COBRA, EL ABRAZO DEL KOALA o LA TÉCNICA DEL LEMUR. Os insisto, si tenéis oportunidad, id a ver la película porque merece la pena. Para amenizar un poco el ambiente después de tanto sermón que os he dado últimamente y para que os riáis un poco voy a contaros en primera persona cual ha sido mi experiencia PAGAFANTAS, al menos la que más me marcó en su día, porque sinceramente creo que de esto nos hemos salvado pocos. Allá va mi batalla:

Año 1998, el bueno de Arcángel tenía unos 19 añitos de universitario mitad macarrilla, mitad “tiolamardesimpático”. Pues resulta que con el “roza-roza” diario que daban cuatro horas de biblioteca y academia de lunes a viernes, Arcangelete se enganchó a una joven muy mona, de cuyo nombre no quiero acordarme… Ni por asomo. Hora tras hora de estudio, hora tras hora en clase, hora tras hora por los pasillos… Haciéndome el encontradizo, enterándome de toda su vida, escuchando sus alegrías, sus penas, sus confesiones… ¡Qué bien! Pensaba para mi mismo, “a esta ya la tengo en el bote”.

Pues en el bote quizás, pero no el bote correcto… Creo que en mi frente había tatuado un PAGAFANTAS con letra gótica, por lo comprensivo que era, por lo atento, por dejarle siempre los apuntes, por reírle las gracias y por ser como un eterno satélite que siempre estaba dándole las vueltas. A todo esto, entra una importante figura en juego: mi amigo el malote, tan típico y tópico como una verdad matemática, follador allá donde los allá, pasota entre las mujeres y perita en dulce para cualquier mujer sin demasiadas luces a la que le gustase que la dieran caña. Como el Real Madrid, capaz de lo mejor y de lo peor, delantero centro, dentro de un equipo que se cierra en su campo… o sea, el que mete los goles a la contra mientras todos cubren la portería. Pues si, este es mi amigo… El que precisamente pasaba olímpicamente de nuestra susodicha y que como buen amigo me aleccionaba diciendo una vez tras otra que no la hiciera tanto caso.

Yo, que por aquel entonces, era el perfecto candidato a protagonizar una película de Disney en la que el chico con gafas se llevaba al final a la reina del baile, a base de dar pena y besos en la mejilla… Creía firmemente que mi estrategia era la mejor y pensaba para mis adentros: “Ella es diferente, ella no es como las demás, ella sabe apreciar cada cosa que hago”. ¿Diferente?... ¡Los cojones diferente! Ya lo verás en un ratito. Como buen tipo con gafas, estaba aferrado a esta idea cuan náufrago del Titanic que se agarra a un trozo de madera flotante, ya que ella para mi siempre tenía una sonrisa, que hacia que me dieran ganas de menear la colita como un perro faldero cada vez que entra su dueña en casa. Y de echo, la meneaba… pero matándome a pajas en mi habitación.

Llegó el día del cumpleaños de quien suscribe, Arcangelete el PAGAFANTAS más simpático del Disney Channel universitario, monta una fiesta que ni dios se quiso perder en casa de una amiga, invito a todos mis colegas de la universidad y parte del extranjero para montar un pollo tan gordo, tan gordo… que saliera en las noticias. De hecho acabamos de mañana en una carpa de las fiestas de un pueblo incierto, cuyo nombre no estoy seguro de recordar, levantando las manos, gritando y bailando bakalao. Durante esta jornada y después de varias copas, la vejiga me dijo “macho, hay que evacuar que hay que hacer hueco para más”.

Raudo y veloz, fui al baño y… y… y… ¡Dios! Ahí estaba mi princesita Disney, aquella misma que días antes me había dicho refiriéndose a mi amigo el malote follador “Es un chulo y un cabrón” con la camisa levantada, siendo devorada por completo por mi amigo: “Estoooo… ¡Aquí hay algo que falla! ¿Verdad? Vaya pedo que llevo encima, miraré otra vez, porque esto no puede estar pasando…”. Pues miré una vez, miré dos veces y miré tres veces… y en efecto sí era ella, y él era él de forma concluyente y unívoca.

Lo dicho, no te doy moraleja porque ya te la sabes de sobra ¿qué te parece la historia? Pues que sepas que es real como la vida misma, y si ahora mismo se la está leyendo mi amigo, todavía amigo a día de hoy, seguro que se está partiendo el cobre de la risa. Bueno, yo también os quiero… ¡Que os den! y ¡NO SEAIS PAGAFANTAS JODER! Que con lo mío ya tuve bastante, que las películas de Disney castran desde la niñez, no se las pongáis a vuestros hijos, no les llevéis a ver High School Musical… ese es el principio del fin.

Un fuerte abrazo.

Arcángel.

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