LAS TENTACIONES DE ADÁN

Fotógrafo: Chema Pascual
Modelos: Enrique Perales

En el momento en que me quedo solo en casa, me voy a dormir cansado después de un largo día, antes de cerrar los ojos le mando un sms de buenas noches a mi princesa… Hay luna llena y me cuesta dormir horrores siempre que hay luna llena, hace un calor insoportable y debo dejar la puerta abierta. Mientras me fumo el último cigarro del día, pensando en todo un poco, veo que se ilumina el patio y una luz de una ventana cercana se enciende… Varias chicas semidesnudas dando vueltas por la casa de enfrente… "Pues no, me niego, estoy harto pensé. No quiero gastar ni mi energía ni mi sueño en gilipolleces, que ya bastante cansado estoy como para quedarme haciendo guardia para ver a cuatro tías en pelotas y medio pedo haciendo el tonto en el piso de enfrente".

Quizás en otra ocasión me hubiera quedado a oscuras babeando, pero ya no… Estoy harto de caer siempre en lo mismo. Pienso esto mientras me doy cuenta de que estoy fumando, sigo fumando… En ese mismo momento me siento débil, solo, propenso a caer en cualquier vicio habido y por haber. Pienso también en “relajarme a mano”, pero ¿para qué? ¿Qué voy a solucionar recurriendo al caramelito de la masturbación? Lo cierto es que me gustaría quemar mis energías con ella y que cuando nos veamos me encuentre entero, y que yo así me sienta con más fuerzas para poder disfrutar mucho más con ella, y que así sea un encuentro más especial. No quiero perder ni mi tiempo ni mi energía en tonterías, ni distraerme con alcohol, tabaco, cafeína o pajas… ¿A qué dedico mi tiempo y mi energía? Me siento débil, vulnerable, mañana he de madrugar y es muy tarde, pero la falta de sueño hace que me pase absolutamente de todo por la cabeza.

Se me aparecen miedos, fantasmas, personas que ya no están, pienso en mi hermano, pienso en ella, en mis padres, en mi trabajo, en mis amigos y su situación… Pienso también en el esfuerzo diario y en la poca recompensa, pienso en tirar la toalla, pienso en irme a donde no me conozca nadie y empezar de cero, relajarme y olvidarme. Cuando viene este último pensamiento de escaparme de todo, me doy cuenta de que estoy recibiendo un ataque directo por parte del tentador supremo, de aquél que te ofrece el mundo entero a cambio de tu alma. ¿Crees que exagero? Jamás te diré que seas católico para entender esto, pero creo que si puedes entender lo que es la evasión, la cobardía y la huída de todo para no enfrentarte a tu vida y coger el toro por los cuernos. Realmente estoy siendo tentado.

Estoy convencido de que ya te habrás dado cuenta que la tentación viene siempre cuando uno está solo. ¿A qué me refiero con tentación? Me refiero a cuando nadie mira, a cuando estás más tranquilo, se abre una puerta que no sabías ni que existía prometiendo el caramelo rápido, el placer, la evasión por un momento de todo aquello que llevas encima y qué no sabes afrontar… Y te metes para ver qué pasa. Como reza el refrán la curiosidad mató al gato o la avaricia rompe el saco. No quisiera ser perverso, ni juzgar… quizás a veces mi tono resulta insolente… Debe ser porque soy el peor de los pecadores y no quiero que nadie más caiga en los mismos errores que yo he cometido. Aunque ya se sabe… Solo se aprende a base de hostias, al menos eso parece por mi propia experiencia.

¿Hasta qué punto un hombre verdadero puede permitirse el lujo de las evasiones? ¿Amas a tu mujer? ¿Amas tu trabajo? ¿Amas a tu familia? No te hablo de culpa, la culpa es un invento del demonio que no te permite levantarte y rectificar, te anestesia y te deja sentado e incapaz. Te hablo de gracia, te hablo de tener los cojones de levantarte mañana por la mañana, de la próxima vez que la veas le digas que la quieres, te hablo de gastar tu energía en lo que te hace crecer, en lo que te renta de verdad… Desde luego, el aguijón de Saulo pega duro, pero si lo tenemos es por algo, nos hace recordar nuestra humanidad continuamente, no somos perfectos, ni ángeles y no debemos parecerlo: SOMOS HOMBRES.

Sé de sobra que si me dejo llevar por todas estas evasiones que se me ofrecen a modo de mostrador en una pastelería, ya habrá una parte de mí y de mi energía que no podré destinar a algo más importante. Simplemente se gastará y se perderá, y ese tiempo y esa fuerza que había en mí destinada a cumplir con esa causa. El cuerpo me pide placer, a su manera, pero la cabeza me pide muchísimo más. Aunque todas estas tentaciones tengan la mejor pinta del mundo, sé de sobra que su beneficio no durará más de lo que tarde en consumirlas. También sé, que nadie me obliga a aceptarlas o me sean impuestas: LA ÚLTIMA PALABRA LA TENGO YO.

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