LA DISTORSIÓN COOLIDGE, por EL DUQUE


Coolidge fue el 30º presidente estadounidense. Visitaba en cierta ocasión, en compañía de su esposa, una granja de aves de corral. Durante la visita, la Sra. Coolidge preguntó al granjero cómo era posible que, en una granja con tan pocos gallos, hubiera tantos pollitos. El granjero, orgulloso, le explicó que los gallos copulaban docenas de veces al día: "Alguien debería de decirle eso al Sr. Coolidge", dijo la Sra. Coolidge irónica al escucharlo. Cuando éste fue informado, preguntó: "¿Y siempre con la misma gallina?". Y ahí va lo mejor: "No, cada vez con una gallina distinta", le respondieron. "Por favor... dígaselo a la señora Coolidge".

Esta anécdota ha dado nombre a un principio tremendamente estudiado en psicología y biología; el principio de Coolidge o efecto Coolidge y que se basa esencialmente en algo tan sencillo como que la “novedad” constituye un importante afrodisíaco. Cuando hombre o mujer llevan un tiempo determinado con su pareja pierden “la novedad” y con ella, tal vez el ímpetu amatorio de los primeros tiempos. Como ya hemos estudiado la biología del hombre, profundamente animal por otra parte, le empuja a la búsqueda procreativa por lo que tanto hombres como mujeres están llamados a sentir deseos ante la novedad.

Este principio de novedad es causante de un importantísimo porcentaje de infidelidades y para todo aquel, preocupado sobre manera con la forma de evitar la infidelidad, tal vez deba ser contemplado y estudiado con mimo y cuidado. Este efecto como hemos dicho es inevitable y consustancial a nuestra forma de ser, pero tal vez todos deberíamos de adoptar alguna actitud frente a él. ¿Qué actitud?; Una posible actitud puede ser de conformismo y determinismo biológico. Somos animales, racionales, pero animales por lo que lo mejor que podemos hacer es no resistirnos a nuestra naturaleza y buscar nuevas parejas sexuales tan pronto nuestra pareja haya dejado de ser novedad. Otra conducta igualmente extrema puede ser de rebeldía ascética. Sabemos que existen esos impulsos pero hacemos de la lucha contra ellos nuestra forma de vida y nuestra bandera. La continencia y fidelidad absoluta a nuestra esposa y la mortificación como forma de lograr la perfección.

Claro que frente a dichas opciones siempre hay soluciones intermedias que parten de la base de que “la novedad es saludable”. Si partimos de la libre aceptación de este principio básico, podemos encontrar fórmulas para hacer compatible nuestra biología con nuestro profundo y noble deseo de ser fieles a nuestra pareja. ¿Cómo?; precisamente introduciendo novedades. La lista aquí de posibilidades es interminable y podríamos escribir cientos de libros.

Cuando hablamos de novedades podemos estar refiriéndonos a novedades en cuanto al lugar; los viajes, escapadas de fin de semana e incluso el cambio de habitación en la que se tiene relaciones sexuales ya es una importante forma de introducir novedades; podemos hablar de novedades en cuanto a la postura suponiendo ya una fuente novedosa. Otras posibles novedades son la introducción de juegos eróticos, el uso, que no abuso de la juguetería erótica más reciente o la realización de diversas fantasías sexuales. La introducción de novedades provoca en cierto sentido un resurgimiento de emociones y ayuda a generar un falso estímulo de novedad.

Otro efecto colateral del efecto Coolidge es precisamente que en muchas ocasiones este es un estímulo enorme a la infidelidad provocando una distorsión de percepción que podemos denominar la “distorsión de Coolidge”. Dicha distorsión de la realidad supondría valorar en mayor medida a otra persona distinta a nuestra pareja por el simple hecho de ser NUEVA. Como toda distorsión, puede tener efectos perniciosos y llevarnos a importantes errores en nuestro proceder. Un buen ejercicio ante una repentina atracción frente a un estímulo novedoso puede ser hacer memoria y recordar lo que sentimos, pensamos y vivimos con nuestra pareja en esos primeros albores amatorios.

Es tremendamente injusto comparar momentos temporales muy distintos, fases muy distintas o contextos desiguales. Ese recordatorio nos puede llevar a percibir como en realidad nuestra atracción por nuestra pareja fue, en su día mucho mayor que por este nuevo sujeto; o recordar que las emociones vividas eran mayores y más intensas. Para valorar con cabeza una situación hay que huir de toda distorsión…podríamos predicar a modo de resumen.

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