ESTO ES IMPULSO PRIMARIO III: TESTOSTERONA Y ETERNIDAD, por EL DUQUE


Atracción, Amor y Apego. Para muchos son tres caras de la misma moneda, incluso para muchos el estatus ideal nace de poseer la totalidad de estos elementos; pero lo cierto es que Atracción, Amor y Apego son tres realidades distintas y diferenciadas. Si realizamos un complejo estudio científico sobre el comportamiento bioquímico, observaríamos en seguida que estas tres realidades tienen circuitos propios y diferenciados. Ello es debido, sin duda a que la naturaleza sabiamente ha observado claras ventajas evolutivas. El poder desear a una persona distinta de la que amamos aumenta exponencialmente las posibilidades de que acabemos procreando con más de una persona.

La ley del deseo se rige por la Testosterona, la de amor por la dopamina y el apego tal vez por la oxitocina. De alguna manera esa diferencia de circuito nos prepara para sentir distintas cosas por distintas personas aunque si somos más exactos nos empuja a sentir una determinada secuencia de emociones por varias personas de forma concatenada. La naturaleza hace que sintamos deseo por una enorme variedad de personas. La atracción o deseo no es una opción es una obligación. Nadie elige por quién se siente atraído. Posteriormente se nos prepara para sentir amor romántico; probablemente con la finalidad de “escoger pareja” y dedicarla el tiempo suficiente como para procrear. Por ultimo, con esa pareja nuestro amor madura sintiendo cariño, apego, deseos de formar un hogar, de tener y criar a los hijos. Sin embargo nuestros circuitos primitivos siguen en funcionamiento dispuestos a que el deseo nos empuje a una nueva relación sexual y a que se reactive el circuito del amor romántico.

Todo esto viene a secundar la idea de que el hombre esta concebido para las relaciones monogámicas sucesivas; esta concebido para tener bastantes parejas a lo largo de su vida, algún escarceo extramatrimonial y desde luego a procrear por doquier. Afortunadamente no somos solamente biología e impulso primario. El hombre posee la sagrada libertad para decidir que hacer con su vida. Al igual que hoy en día casi nadie tiene más de dos o tres hijos, son muchos los que escogen tener una pareja estable y serle fiel; tener dicha pareja y serle infiel o ir enamorándose una vez tras otra.

No obstante, el estudio de atracción-deseo; amor romántico y apego nos debería llevar a un análisis más o menos somero sobre que es lo que queremos realmente en la vida y en cada interacción. Ya he expresado otras veces de que en mi opinión la atracción es algo científicamente mesurable, predecible y provocable. Todo se puede resumir en “conviértete en alguien atractivo y atraerás siempre”. Ser capaz de generar esa atracción, obviamente lleva impepinablemente a poder lograr con cierta facilidad sexo esporádico. Ahora bien; ¿Es eso lo que ansiamos? Creo que no. El verdadero anhelo del hombre es el anhelo de amar y ser amado, querer y ser querido; fundar una familia y ser feliz.

En este vértice de la cuestión se hallan amor y apego o más bien enamoramiento y el amor maduro. El ser humano ansia el amor maduro pero esta irremediablemente enganchado al amor romántico. Busca formar una pareja, criar sus hijos, envejecer a su lado pero ve tremendamente seductor el subidón de dopamina que experimenta al enamorarse, adora sentirse obsesionado por otra persona y evocar antiguos poemas de juventud. Curiosamente este anhelo de enamoramiento es uno de los grandes peligros y amenazas del auténtico amor.

Llegados a este punto creo que es hora de exponer mi propia teoría sobre deseo, enamoramiento y amor… La naturaleza tiene como objetivo principal su propia supervivencia. Desde que dos células coexistieron vieron como era imprescindible para ellas la fusión y la procreación aunque desde una perspectiva científica pura, la réplica y fusión es hermana de la muerte. La naturaleza busca incentivar al hombre a la replicación mediante su fusión con otro ser humano de distinto sexo. Para lograr este fin, no reparo en gastos y creo la testosterona. Con ella se aseguro que hombres y mujeres sintieran un impulso primitivo, ancestral e incontrolable a fusionar sus genitales. Este impulso no entiende a razón, es primitivo como ya hemos dicho y responde a “normas naturales” de sencilla aplicación.

Busca por una parte que nos sintamos atraídos por muchas personas y por otra busca que nos sintamos especialmente atraídos por aquellos especimenes que resultan más útiles a nuestros fines. De esta forma el hombre siente más atracción por mujeres más jóvenes y fértiles, deseando aquellos rasgos físicos que ponen de manifiesto esta situación (labios carnosos, ecuación cintura-cadera, pechos…). La mujer siente atracción ante el hombre con más recursos e inteligencia aunque durante la ovulación siente mayor atracción por el hombre más simétrico y genéticamente superior.

El deseo no entiende de fidelidad, ni de normas culturales o sociales, el deseo no atiende a razones y tiene como objetivo básico que nos emparejemos mucho y bien. Al ver la naturaleza que el deseo no bastaba dado a que los hijos de pequeños requieren cuidados, atenciones y protección tuvo que inventar primero el enamoramiento y luego el AMOR o apego. El enamoramiento provoca esencialmente la fijación de nuestros esfuerzos en un UNICO OBJETIVO. De ahí que uno de los rasgos más característicos del enamoramiento sea la obsesión e idealización del otro. De esta forma el hombre deja de perseguir a todo lo que se mueve y empieza a buscar tan solo la compañía del ser amado.

El apego garantiza que el hombre se quedará el tiempo suficiente para criar a los hijos, para cuidar de su esposa y establecer un hogar. Sin embargo, como hemos dicho con anterioridad, los circuitos siguen vivos y lo que naturaleza desea es que sigamos sintiendo deseo por otras personas y que también volvamos a sentir amor. Que nos repliquemos mucho y de la forma más variada posible… Ahora bien, el hombre no es solo carne y pellejo o al menos a muchos nos gusta pensar así. El hombre ansia además de todas esas cosas dictadas por la naturaleza, una unión-fusión espiritual con alguien del otro sexo. El hombre no desea fertilizar por doquier sino que lo que de verdad ansia es encontrar a esa pareja con la que compartir su vida, con la que “fusionarse”, con la que completarse.

Sentimos deseo, sentimos enamoramiento y después damos paso al amor. El amor difiere de los anteriores circuitos cerebrales en que ya no es inevitable, su funcionamiento ya no se nos escapa de control si no que al contrario, nos permite adoptar una libre y consciente decisión. En la fase de AMOR MADURO sigue existiendo el deseo si bien atenuado, ya no es una “llama abrasadora” si no más bien una hoguera confortable; sigue habiendo enamoramiento pero ya desprovisto de idealización, pensamiento obsesivo y todos esos subidones que nos haría imposible vivir en paz. Es el momento de la elección consciente, del acto verdadero de voluntad. ¿Qué deseamos hacer?; ¿es la mujer que esta a nuestro lado nuestra alma gemela?; se corresponde con nuestro mapa del amor, ¿Llena nuestros vacíos?

Sin embargo este amor maduro requiere algo a lo que nuestra cultura se esta desacostumbrando, esfuerzo. Como bien dice Erich Fromm, el amor es un arte, una disciplina en la que se puede mejorar y que requiere esfuerzo, no es espontánea. Como diría también Covey, amar es un verbo y no un sentimiento. El amor es el sentimiento que nace al conjugar el verbo amar.

A amar se aprende amando, el amor se obtiene por amar. El impulso primario, inconsciente, primitivo, no nos llevaría en modo alguno a consolidar una única pareja (va contra natura); el impulso primario nos llevará siempre a desear multiplicidad de parejas. Como hemos dicho lo natural del amor serían las relaciones monogámicas múltiples; es decir, la concatenación de varias relaciones monogámicas. Pero en realidad el hombre ansia ese amor maduro, eterno, compañero que nos dure la vida eterna. La única forma de lograrlo será el esfuerzo, y resistir a las tentaciones que la vida siempre nos pondrá. Seguir este camino te costará y requerirá renunciaciones, deberás optar y no hace falta que diga que toda opción lleva consigo una renunciación. ¿Estas dispuesto?; ¿Aceptas el reto? [Primera parte] [Segunda parte]

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