CÓMO ECHARLO TODO A PERDER ¿TE CREES MUY LISTO?


Cuando te van las cosas bien con tu pareja, parece que la vida es como un poco más fácil ¿verdad? Quizás ella no haga nada en especial, pero siempre es un apoyo que muchas veces se nos olvida valorar. Pueden pasar dos cosas en pareja, las he visto mil y una veces, siempre con la misma raíz: cómo un hombre es capaz de echarlo todo a perder en dos ocasiones diferentes, cuando la relación va bien y cuando la relación va mal. No quiero decir que nuestra amada Eva sea la mujer perfecta, o sea una santa… Ni muchísimo menos. No conozco mujer nacida sobre pedestal alguno o con aureola de beata canonizada. Me dirijo a ti exclusivamente querido Adán desorientado, porque al igual que yo compartes condición masculina, y hablas el mismo idioma que yo. ¿Y ella? ¿Qué pasa con ella? ¿Por qué siempre te hablo a ti? Mira, que ella se busque la vida, al igual que tú te la buscas entrando aquí buscando respuestas.

Mira, voy a ser muy sincero contigo, como primero entre los pecadores te diré que como hombre dejo bastante que desear en muchas ocasiones, o mejor dicho… Si no me viese nadie o si no me controlara a mi mismo, o si no me contuviera todos y cada uno de mis impulsos primarios, podría tachárseme como un auténtico hijo de puta. Siento esos impulsos, Dios sabe que los siento a modo de aguijón que me sacude una y otra vez, como a nuestro amigo Saulo, especialmente en los momentos de soledad que es cuando más duro golpea. ¿Por qué un hombre como tú o como yo puede echarlo todo a perder?

CUANDO LAS COSAS VAN MAL: Aquí como buen cobarde y al no querer afrontar tu verdadera situación de pareja, es probable que busques cualquier justificación para irte con la primera mujer o caramelo que se te cruce y te alivie, aunque solamente sea ligeramente. Probablemente hayas dejado de sentir con tu pareja, y hayas cambiado la confianza que tenías con ella por una mera rutina. Quizás se te cruce un viento de verano en forma de amiga, y te aferres a ella, te enamores del momento… No de ella, no te equivoques. Uno se enamora de lo que le hace sentir una mujer, no de la mujer en sí.

Con tal de no dar la cara, eres capaz de mentir, de engañar, de justificarte en esa infidelidad argumentando que entre tu mujer o tu novia y tú las cosas han cambiado. ¿Sabes por qué han cambiado? Porque no has sabido ser hombre y poner los medios para seguir trabajando el amor. Has preferido callarte y buscarte las castañas fuera, cuando es en tu casa donde te ponen la verdadera comida. Siempre se le puede echar la culpa a que ella cierre las piernas ¿verdad? pregúntate mejor porque te las cierra y deja de mentirte a ti mismo, y de culparla a ella puto cobarde esclavo del pene. Si antes no lo hacía y ahora te cierra el grifo, mira mejor que ha pasado entre medias, en vez de señalarla con el dedo e intentar ligarte a la primera que se le caigan las bragas en cuanto ve tu anillo de casado.

CUANDO LAS COSAS VAN BIEN: Aquí te preguntaría si te crees muy listo, lo tienes todo rodado, tu mujer te quiere, te sientes querido, pero tu ego y tu avaricia te pide más. El corazón es un pozo difícil de llenar y nunca faltarán mujeres o caramelos que se te crucen en tu camino en tu mejor momento de pareja, es más, sabes bien que en un buen momento de pareja un hombre es un auténtico imán para las mujeres. ¿Por qué? No es un tópico ni una frase hecha, un hombre que pasa un buen momento con su novia o su mujer, se siente seguro, rebosante, pleno de recursos, contento y sobre todo… ausente de necesidad. O sea, el perfecto imán para cualquier mujer.

En un momento así es muy fácil confiarse, relajarse y creer que se es el hombre más afortunado del mundo. Es fácil despegar los pies del suelo, creerse el más listo de todos y “sacar los pies del tiesto”. Cuando uno se siente rico, desprecia las consecuencias de los actos que pueda cometer dentro o fuera de la pareja, por estar nadando en una abundancia virtual. ¿Por qué digo virtual? Porque al igual que hay cosas que dependen de nosotros, hay otras que no están en nuestras manos y que bien pueden crear en nosotros la ilusión de que no importa lo que hagamos, porque son cosas que damos por hechas… Hasta que dejan de estar, o abandonan nuestro escenario cotidiano.

Una imagen muy gráfica para esto, para mi es una cama de matrimonio vacía, o una prenda que una de tus ex pudo dejarse aparentemente olvidada en el fondo de un cajón, o incluso una foto de tus abuelos. La experiencia me dice que hasta en el mejor momento, somos esclavos de las consecuencias de nuestros actos, tanto buenos como malos: desde dar el paso a ser padre, hasta una infidelidad en un viaje de trabajo. Aunque aparentemente nadie lo vea, siempre hay unas consecuencias, que acaban llamando a tu puerta tarde o temprano.

Al final de todo, quien da el sí o el no es la cabeza, por más emociones y sentimientos que haya dentro de nuestra olla particular. Nadie tiene la culpa, no se trata de buscar un culpable, si no de saber qué es lo que tienes que hacer en función de lo que realmente te importa. Todo lo demás, es aire que viene y va según sople el viento.

Para que conozcas mejor la filosofía, los principios y valores que definen nuestro modelo masculino, visita elnuevoadan.com donde podrás encontrar material publicado de libre acceso, los orígenes de nuestra idea y los pilares básicos: INTEGRIDAD, INTELIGENCIA, AUTONOMÍA Y ESTATUS, que te servirán para entender qué es lo que puedes encontrar tratado en mucha mayor profundidad en nuestro nuevo e-book. Descárgate la versión demo de el nuevo Adán.
Publicar un comentario en la entrada