POR ENCIMA DE LAS PALABRAS DE EVA

Fotógrafo: Chema Pascual
Modelo:
Lucía Ojeda
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Vaya palo verbal que le sueltan auno de vez en cuando, de estos que te descuadran y que te dejan con cara de… ¿Esto a que viene? ¡Vaya con mi princesita! No conozco a muchas mujeres que se disculpen a menos que vean peligrar su esatus. Lo cierto es que hablando al día siguiente con la cabeza más fría por nuestra parte, y ya cuando a ella se le "hayan olvidado" las emociones caducadas del día anterior, es mucho más fácil partir de cero, que "intentar volver al día de ayer y arreglarlo todo". Por un lado sabes que no te lo puedes tomar en serio, porque esas palabras de las que ni si quiera se va a acordar al día siguiente, tienen la misma importancia que un “parece que va a llover”… Pero si te pillan en un mal momento, o en un momento de debilidad, o en escasez de recursos… El pequeño cabrón que llevamos dentro, ese hombre reactivo y falto de calma y aplomo, ese puto enano al que es tan fácil tocarle los... el ego, siempre está esperando una oportunidad para salir a flote y echarlo todo a perder.

No te negaré que en algún momento suban hasta mi boca mil respuestas destinadas a aplastar de forma contundente su dolorosa afirmación con algún comentario destinado a "entrar al trapo"… Respiro hondo, pienso cual es la situación, el contexto, y lo que me sale simplemente es “¡Qué borde estás! ¿No te parece?” y ahí se termina la cosa, al día siguiente ya ni se acuerda. Algo muy honorable por su parte, y más sabiendo si la conoces, es que una mujer actúa como un espejo reflejando tu estado interno, dando la misma importancia a sus palabras que tú le des a tus reacciones. Aunque no estemos siempre de acuerdo en todo, en realidad esto es la cosa más normal del mundo.

Ya hemos hablado alguna vez del espíritu reactivo masculino, y cómo puede hacer que se vaya todo al carajo en cuestión de segundos… Lo que tardes en abrir la boca ante unas palabras o gestos que ella tenga hacia ti y que consiguen sacarte de tus casillas, o te hacen perder la calma. Una vez más, quiero ponerme en tus zapatos, por eso mismo empiezo el artículo hablándote de esto que me ha pasado hace unos días con mi princesa… Porque querido amigo, de esas frasecitas con sentencia… No se salva nadie. ¿Quieres saber qué me dijo? Te basta con saber que fue algo que me tocó bastante los coj… mejor dicho, la moral.

¿Sabes otra cosa? Seguro que sí, ella te conoce bien, por eso precisamente querido amigo con pareja, ennoviado o casado, sabe exactamente qué ha de decir para someterte a un test de congruencia. Para mí, eso es motivo de alegría, te lo digo un par de días después… También es verdad, en ese mismo momento te aseguro que no estaba tan contento, soy de carne y hueso, tengo sentimientos y a mi también pueden herirme las palabras, la cuestión es saber darles su justa importancia. Es motivo de alegría porque ella me conoce, esto es algo importante, sabe que soy una garantía de estabilidad para ella, de aplomo, de valor, de autonomía y de integridad, por eso mismo suelta perlitas de estas de vez en cuando.

Para todos aquellos que tembláis en cuanto ella abre la boca para soltaros algún puñal, si estáis disfrutando de una relación, mi pregunta es ¿A qué temes? ¿A destapar tu debilidad ante ella? Ella sabe bien qué decirte para ponerte a prueba, una mujer es cualquier cosa menos tonta, yo no he conocido una sola mujer tonta en mi vida… Te puedo decir que a pesar de estas pruebas, ella sigue estando contigo ¿verdad? Una vez más se cumple la máxima de las relaciones: NO MIRES LO QUE DICE, SINO LO QUE HACE. Esa debería ser la mejor prueba para ti de su amor por ti, de su fidelidad y de su confianza hacia ti como hombre, por eso te digo que estoy contento.
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Normalmente estamos acostumbrados al significado literal de las palabras, no así a lo que quieren decir realmente. Somos simples ¡Qué le vamos a hacer! Uno debería destapar su debilidad a voluntad, este es un rasgo de confianza en uno mismo, pero nunca como justificación ante un test de congruencia, o a demanda de nuestra susodicha eva, nuestra amada, nuestra amiga o nuestra novia… Entonces sí que podríamos llamarlo la gran cagada. Entiendo que todas estas “putaditas” en un determinado momento te pueden pillar por sorpresa, o cuando más tranquilo estés, pero para tu consuelo te diré que son totalmente inherentes e implícitas a la condición femenina y en pareja, tarden más o tarden menos siempre acaban por aparecer, por eso mismo, porque es algo como la lluvia o la luz del sol, o la ley de la gravedad… Algo natural al fin y al cabo, por eso mismo deberías sentirte liberado de tu espíritu reactivo, al menos en cuanto a pareja se refiere. ¿Qué más quieres?
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