ASUME LAS CONSECUENCIAS DE TUS ACTOS

Imagen cedida por Enrique Perales
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Lo dicho, no somos ángeles, ni debemos parecerlo, pero si que debemos y esta vez hablo en plural porque soy el primero que ha de aplicarse el cuento aprender algo importante: ASUMIR LAS CONSECUENCIAS DE NUESTROS ACTOS, TANTO SI SON POSITIVAS, COMO SI NO. Sin esto, en la puta vida vamos a madurar, ni tú ni yo. Te podría echar un discurso o una bronca, pero hoy no… Me cansa, me quema y hace que me ponga de mal humor, para que luego encima sigas haciendo lo que te salga de tus mismísimos… Mira, por más buena intención que ponga en este espacio para que todos tengamos los medios para llegar a ser el hombre que queremos ser, nuestro verdadero Adán nuestro yo más auténtico, si no estás dispuesto a dar un paso al frente y asumir que cada una de tus decisiones y opciones acarrean unas consecuencias que debes asumir, a las buenas y a las malas, no hacemos anda… Así de simple.

¿Por qué hay que saber asumirlas? No se trata de algo que se me haya ocurrido a mí por inspiración divina tranquilo, es por tu propio bien y por tu propio crecimiento, ya que si siempre estás igual y no tomas opciones y no asumes riesgos, nunca vas a mejorar en ningún aspecto. Siempre te he dicho y te he reconocido que el camino de la congruencia es difícil, porque tienes que ser la misma persona en la calle, en tu casa, con tu pareja, con tus amigos, en tu trabajo, dentro y fuera de ti… pero es que cualquier cosa que salga de esta alineación es un parche, un miserable parche provisional que te dará pan para hoy… y hambre para mañana.

Mira, sin sermones… ¿sabes qué? Que hasta que no te pegues la gran hostia, no vas a pensar en tomarte el asumir las consecuencias de tus actos en serio. Y eso te lo digo a ti, al que escurre el bulto en el trabajo, al que miente a su amigo y al que engaña a su mujer. Parece que la vida le sonríe, que se queda con todo el mundo, que es el más listo de todos… Si, de puta madre hasta que le pillan. Eso en el sentido negativo, claro… Porque las consecuencias buenas, al fruto de nuestro trabajo, a estar con la mujer que quieres, a que te salgan las cosas bien, vamos… para eso todo el mundo se pone el primero de la fila.

La cuestión es que muchos de nosotros, aunque no vayamos de listos por la vida, si es cierto que hay mucho miedo a equivocarse, y mucho miedo a perder. Pero tengo comprobado que hasta que no te caes no aprendes, no maduras, hasta que no te encuentras con un reto inesperado o algo que no te esperas, no vas a tener la oportunidad de sacar lo mejor de ti.

Un hombre que solo se atreve con la parte bonita de las consecuencias, no es un verdadero hombre… es un puto cobarde y no es que lo diga yo, es que lo dicen sus genes. Algo tan radical en nuestro comportamiento masculino como es el aportar soluciones, el solucionar problemas o el dar “un remedio para todo”, que parece que nos sale automático sin que muchas veces nos lo pidan… Venga mejor o venga en peor momento, al menos se está comportando según su esencia masculina, se equivoque o no. Alguien que no tiene los huevos de equivocarse, o alguien que toma una opción errónea, o alguien que cree que “no le van a pillar” mientras engaña o utiliza o manipula… Ese tiene el camino cortado antes de llegar.

Y tranquilo, no te preocupes por la justicia divina, ni porque te caiga un rayo… Esas cosas no pasan. Pero el día en que tengas que optar, tanto para bien como para mal, para materializar una decisión, deberías ver antes si te afecta solamente a ti, si afecta más personas, si afecta a tu familia, a tu mujer, a tus hijos, a tus compañeros… Muchas veces te he dicho que seas egoísta, que pienses en ti… Y lo mantengo, pero procura ser inteligente y no tocar los cojones.
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