QUE SI, LO QUE TÚ DIGAS… QUE ERES MUY MACHO

-
Dime de lo que presumes, y te diré de lo que careces… Hay otro refrán que dice por la boca muere el pez. Siempre que se juntan dos o más varones en la barra de un bar aparece el fantasma de la competencia de “a ver quien ha follado más, con más tías y mejor”. Como reza mi amigo Duque cuando habla de la RECÁMARA, esto es un signo más de inseguridad y de que constantemente además te estás comparando con el resto. Es algo que me recuerda bastante a cuando los niños son pequeños y empiezan a ver cuál de todos la tiene más grande… La actitud es la misma, por lo que puedes intuir lo maduro que resulta.

¿Sabes qué es lo que veo en el fondo? Un miedo a la soledad que asusta y que no deja dormir a más de uno. ¿Realmente tenemos los huevos suficientes para buscar a la mujer con la que queremos estar? Me da la sensación de que si nadie está mirando, más de uno se follaría a la primera que se le pusiese a tiro, sin ningún tipo de criterio… Lo he visto con solteros, lo he visto con casados, con novios… me jode, seguimos agarrados a la polla como a un salvavidas, y por eso mismo no me extraña que el sexo a más de uno le quite el sueño… Es que ¡parece que no es capaz de ver otra cosa caballero!

La verdad es que cada vez que veo a alguien alardeando de recámara, o de mantener varias relaciones paralelas, o de verse con tantas o cuantas, me pasan por la cabeza todos estos pensamientos vividos y que no quisiera nunca volver a repetir:

Me acuerdo de lo inseguro que yo me sentía cuando trataba de ligarme a varias mujeres para tener siempre la agenda y la cama llena. Recuerdo también lo solo que me sentía en realidad aunque viese a varias mujeres en paralelo, sin olvidar aquel agotamiento frenético que casi me cuesta la salud. Recuerdo también comentarios del estilo ¡Qué cabrón, como te lo montas! que me servían de aplauso, cuando realmente no podía estar con la mujer a la que yo quería y que me había dejado tiempo atrás.

Recuerdo también que intentaba seducir a mujeres que en realidad no me gustaban, o no me despertaban una verdadera atracción, simplemente para acostarme con ellas y tener la polla tranquila. Cada una era un mundo diferente, pero no la mujer con la que yo quería estar. Follarse a todo lo que se dejara caer por mi cama, sabiendo ya de antemano que no contaba para mi como una relación, o pensando en cómo iba a deshacerme de ella con el paso del tiempo, o al cuarto polvo, o cuando se oliera de que estaba ligando por otras vías... No hay muchas mujeres que soporten esa situación. Mientras tanto, de fondo el pensamiento de aquella que me dejó… esa es la verdad, no hubo un solo día durante ese maldito año que no pensara en ella.

Intentando no pensar, intentando hacer muchas cosas, un no parar continuo, al que tenía que enfrentarme cuando no había nadie más en mi cama por la noche. Fantasmas del pasado, que de vez en cuando reaparecen y de los que no quisiera ni acordarme, pero que te cuento aquí para que sepas cómo se puede sentir un hombre con la cama aparentemente llena y lo demás vacío. El que diga que es feliz así, o miente, o es que realmente no es capaz de ver más allá de su propia polla… Ya parará cuando se canse.

Una adicción, un parche que intenta tapar una grieta profunda ¿Sabes estar solo? A mi me costó un año el saber estarlo, y a día de hoy, no sería capaz de afirmar que esté curado al 100% de esa carencia. Por el momento me va bien, supongo que si me volviera a pasar, me acabaría levantando de nuevo con el paso del tiempo, pero lo que si te puedo confirmar, es que jamás volverá a haber recámara, ni reserva, ni mujeres suplentes, ni el follarse a toda la que se deje. Eso sí que te lo puedo asegurar.
Publicar un comentario en la entrada