¿ME VAS A DECIR ALGO?

Imagen cedida por Lucía Ojeda

Estaba en la consulta del médico con 38 de fiebre y una mala noche a las espaldas… ¡Qué bien! Una gastroenteritis después de un fin de semana un poco loco y un día de reposo sin ir a trabajar, pero eso sí… jodido. Antes de que me tocara entrar, vino una mujer, de entre unos 28-30 años: alta, delgada, pelo negro cortado a lo “Cleopatra”, toda de vaquero con unas botas altas marrones vistas por fuera. Me la quedé mirando porque pisaba fuerte con los tacones y la verdad… Era lo más agradable de ver en el centro de salud, desde luego que si, muy mona ella y muy arreglada.

Todo lo demás eran personas mayores hablando casi a gritos contándose los achaques y tosiendo. Pues la mujer en cuestión se sentó a dos sitios de distancia míos, mientras yo, de refilón la miraba de vez en cuando. Le tocaba entrar antes que a mí por lo visto, siempre llego antes de la hora por si acaso, antes vengo, antes me voy… Cuando salió de la consulta la tenía justo de frente, me quedé mirándola haciéndole un radiografía literal, sin disimulo ninguno, descaradamente y sin apartar la mirada.

A veces me pasan estas cosas, no las puedo evitar, pero de entre todo ese paisaje triste de centro de salud, ella era el único oasis y… ¡menudo oasis! Tenía fiebre, ojeras de no haber dormido, cagalera y estaba hecho polvo, pero me la quedé mirando como un bobo. Ella ya se iba, y obviamente se percató de mi invasión visual. A punto de salir por la puerta se para, vuelve otra vez unos 5 metros de paseo, se sienta esta vez pegada a mi, como haciendo mucho ruido y moviéndose mucho en la silla, abre una revista y empieza a pasar las páginas de la misma.

Todos sus movimientos enérgicos, dándome en el brazo derecho conforme lo hacía. Mira que había sitios libres ¿eh? Pues ahí pegada llamando la atención y mirándome de vez en cuando como diciéndome ¿ME VAS A DECIR ALGO O TE VAS A LIMITAR A MIRARME PASMADO? Al final parece que se enfadó, se levantó de forma ruidosa y nerviosa y se fue pegando taconazos fuertes al suelo.

Alguno de vosotros ha estado indignado alguna vez con este pensamiento ¿Qué pasa, que si no me acerco a abordarla, nada de nada? Pues si, nada de nada, es más, si pretendes lo contrario, o sea… que ella se acerque a ti de una forma tal como en el ejemplo… Espérate sentado, creo que un acercamiento así, como el de la consulta del médico que te contaba es lo más directo con lo que te vas a poder encontrar cuando de una desconocida se trata. Y si no haces nada, ella va a pensar ¿Qué pasa, que tengo que hacerlo yo todo? ¿Para qué te quedas mirando entonces?

El no abordar en un momento así después de haberla invadido visualmente de esa forma, resulta una incongruencia. Y… ¿qué es lo que les espanta a las mujeres queridos hermanos? Exactamente, la incongruencia. Demasiado hizo ya la chica del ejemplo para que le diera al menos un simple “hola” que me quedé en el bolsillo. Un hola, o un “loquefuera”. Tampoco es que sea ley de obligado cumplimiento, pero las chicas lo hacen de forma mucho más sutil, para que seas tú como hombre el que de ese hipotético primer paso, aunque ella probablemente te haya hecho “la cuchara”.

Indicadores como mirarte o sonreírte, no apartarte la mirada, o pedirte fuego, pueden ser MUY DIRECTOS, quiero decir, MUY DIRECTOS PARA ELLA, ya que “las chicas no abordan”, entre comillas obviamente. Cosas más sutiles como un tropiezo, dejar su abrigo o su bolso pegado a tu chaqueta cuando hay más espacio, un leve pisotón en el pie cerca de la barra, que al tocarse el pelo te de a ti “casualmente”, que al estar bailando te de espalda con espalda “sin querer”, un “perdón que te he quemado con el cigarro” y ni te ha tocado… Cosas así por el estilo, son bastante más frecuentes que un hipotético abordaje directo por su parte. Así que si ves la invitación sutil de una mujer que te interese, tú decides, no esperes que ella haga más de lo que ya ha hecho para que te acerques.

Un fuerte abrazo.

Arcángel.
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