"EL BAJÓN" DEL DÍA DESPUÉS, por EL REVERENDO


He estado un tiempo retirado de las citas por lo que me pasó en la última de ellas, la experiencia que os voy a contar hoy, y es que aparte de haber conocido a muchas mujeres en estos últimos meses, el cuerpo me ha pedido algo de relax... Y la conciencia algo de calma. Esta cita fue con una mujer encantadora, lo cierto es que aparte de la gorrona maleducada de la que ya os conté la historia, todas las mujeres con las que he quedado son estupendas, cada una a su manera. Antes me daba algo de reparo quedar con mujeres a través de una página de contactos, pero te das cuenta conforme vas conociendo mujeres, que en el fondo todos buscamos lo mismo: encontrar a una persona con la que merezca la pena compartir el tiempo, tus sentimientos y tu cuerpo. Allá va mi última cita:

Todo empezó de lujo... Pero la cosa terminó a la mañana siguiente en Vallecas y con algo de preocupación, y es que... parecía una película mala. En un rato entenderéis por qué. Había quedado con ella por Tribunal, nada más vernos la cara nos reconocimos y nos dimos dos besos. ¡Que mujer más dulce! Habíamos hablado solamente dos veces por el chat, pero teníamos bastantes puntos en común, como al música y el sentido del humor. Nos fuimos a comer de tapas a un bar de la zona y nos pusimos a colesterol y a cerveza que daba gusto. Estuvimos hablando de todo un poco, ella me contaba que en breve le gustaría venirse a vivir a Madrid Capital, ya que así tenía el trabajo más cerca, y después nos pusimos a hacer bromas de nuestras respectivas relaciones anteriores.

Ella me dijo que estuvo un año con un rockero, que al final le salió rana, y me lo puso a parir en 5 minutos de forma estrepitosa. Después de escuchar toda la ristra de descalificaciones que le estaba dedicando a su ex, le dije con tono burlón: “Pues conmigo lo llevas claro jajaja... Mucho me temo que has dado a parar con uno peor, es más... Tu ex me cae bastante bien.. creo que antes de que termine este encuentro podemos tener una discusión estilo Pimpinela.” Cuando le solté esto, abrió los ojos como platos y me dio un bofetón en la boca, eso si... flojo. Y me suelta “Eso no me lo digas ni en broma ¿eh?”.

Cuando salimos del bar, la cogí por el hombro y la pegué a mi cuerpo, así fuimos andando hasta un irlandés muy chulo que hay por la zona para tomarnos una copilla. Allí seguimos hablando, pero sin hacer tantas bromas... Nos pusimos a hablar de cine de terror, porque es algo que a los dos nos gusta mucho, y ahí me lancé: “Si te apetece, te puedo secuestrar y nos vemos una peli de miedo en mi casa... ¡Prometo portarme bien!”. Ella me sonrió y me preguntó con segundas “¿Y qué película de miedo me vas a poner? ¿No serás tú el protagonista?”. Me encanta cuando una mujer entra al trapo y te da juego, eso es que le gusta pasárselo bien. Le respondí: “No te preocupes, acabo de salir del psiquiátrico hace dos meses, ya se supone que estoy bien... el médico me dice que ya estoy mucho mejor” y empecé a hacer el gesto de tener un tic en el ojo... “Bueno, bueno... a ver qué película me vas a poner”.

Eran ya casi las tres de la madrugada, salimos del irlandés y llamé a un taxi. Llegamos a mi casa, y le puse una coca cola, lo que me pidió; nos sentamos juntos y nos pusimos a ver La Maldición con la luz apagada en el sofá. Como si fuéramos dos adolescentes la rodee con el brazo derecho y a acariciarle el brazo y con la otra mano, le cogí la suya. Al rato le dí un beso en la mejilla, me puso la cara de frente y nos empezamos a besar, primero despacio, y después con más fuerza. Nos abrazamos y nos seguimos besando, hasta que el cuerpo ya nos pedía quitarnos la ropa. En ese momento le dije: “Mejor nos vamos a la habitación, estaremos más cómodos”. La tomé de la mano y la llevé a mi cama, allí ya nos lo quitamos todo, y empezamos a acariciarnos durante un largo rato, a besarle todo el cuerpo, a jugar mucho antes de entrar. Quería que ella se sintiera cómoda, después de todo era la primera noche, y tampoco me conocía tanto... Quería que ella se sintiera bien.

Cuando ya estaba que no podía más, me puse un preservativo y empezamos a hacer el amor, había bebido un poco, cosa que no suelo hacer y creo que por eso, estuvimos tanto tiempo haciéndolo. Yo estaba en la gloria, ella se dejaba hacer, me dejaba tener el mando al 100% en la cama. Cuando una mujer actúa así conmigo, siempre me sale lo mejor. Cuando ya no pude más... Lo que todos suponemos. Me quedé muy flojo, casi sin respiración, había estado más de una hora casi sin parar. Nos miramos a la cara y nos empezamos a reír y a besarnos. Entonces le susurré al oído “BUUUUUUUH!” como si le quisiera dar un susto.

Maldita la gracia, cuando me despegué de ella... Me dí cuenta que el condón se había quedado dentro. Vaya, iba todo demasiado bien hasta ahora ¿verdad? Ella se puso muy nerviosa, con cuidado lo saqué, ya que se había quedado muy dentro, me dí cuenta que además estaba roto y claro... Cuando ella se dio cuenta a lo dentro que había llegado se puso más nerviosa aún. La besé, la abracé y le dije que no se preocupara, manteniendo la calma, pero ella seguía nerviosa... No creo que sea para menos la verdad, a mi nunca me había pasado algo así. La acompañé al baño, fue a lavarse y después nos vestimos y fuimos a una farmacia de guardia a por la dichosa píldora del día después. En esa farmacia nos dijeron que no la podían dar sin receta y nos mandaron al hospital más cercano.

De camino al hospital ella seguía angustiada, aunque yo trataba de quitarle importancia, hablando de otras cosas, haciendo el tonto con ella, intentando que se riera un poco... Llegamos al hospital y ahí nos dijeron que la podían reconocer, dar la receta, pero que tampoco podían darnos la píldora, lo que a ella la angustió aún más. Nos dijeron que teníamos que ir a un centro de planificación familiar. Todavía en el hospital, la miraron de urgencias para darle la receta, no tardaron mucho tiempo. La doctora que la miró se aseguró de que no se hubiera quedado nada del condón dentro, ya que se había roto. Cuando nos dijeron que el único centro que abría en domingo y dónde nos podían atender no abría hasta las 10:00 de la mañana y que estaba en Vallecas... ¡bajonazo! No eran las 7:00 de la mañana todavía y optamos por volver a mi casa para desayunar.

Le preparé el mejor desayuno que pude, porque aunque ya más tranquila, seguía algo preocupada. Nos echamos a dormir un rato y a eso de las 8:00 salimos para allá, mejor pronto que tarde. Cuando llegamos, como estaba todavía cerrado, nos metimos en el único bar que vimos abierto a desayunar por segunda vez, aunque la verdad... hambre había poca. Creo que ha sido el tiempo de espera más largo de mi vida, en realidad no había pasado nada “grave”, o nada que no se pudiera solucionar, pero entre tantas vueltas, tantos nervios y el cansancio, parecía que los segundos eran horas, que no pasaba el tiempo.

Ya cuando abrieron, el centro estaba desierto, no había más que tres funcionarias. Preguntamos a dónde teníamos que ir, y la atendieron enseguida. Quise acompañarla, pero la funcionaria o la doctora (desconozco el cargo que ocupaba), no me dejó entrar con ella, más bien su reacción a mi pregunta de entrar con ella, fue una mezcla entre indiferencia y hacer el vacío, pero bueno... ya la estaban atendiendo, que era lo importante. Estuvo unos diez minutos y salió. Nada más salir, la dí un beso y le pregunté que si estaba bien. Me dijo que si y “para celebrarlo” nos fuimos a desayunar por tercera vez, eso sí, a otro bar más glamuroso del centro. Era domingo por la mañana, hacía sol, era temprano y había sido una madrugada muy larga, estábamos muy cansados pero preferí que “cambiáramos el chip” y que el encuentro terminara de una forma más bonita.

Ya desayunado por tercera vez... “Demasiadas emociones en una sola noche ¿verdad?”. Y vimos que lo mejor era, tomárnoslo con más calma. A mi esto me dio que pensar, la verdad es que han sido unos meses bastante locos en cuanto a salir con mujeres, he salido con más mujeres en tres meses, que en treinta y muchos años que tengo, y conocer a mujeres ha dejado de ser una preocupación la verdad... Se puede, pero con cabeza y criterio, me lo voy a tomar con más calma; de todas formas, ya os iré contando.


Un amén del Reverendo

Salud a todos.
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