Una cosa es cierta, muchas veces te planteas cambios, ideas o proyectos: cambiar de casa, buscar otro trabajo, comprometerte, abandonar una relación, o buscar pareja, hacer un viaje para ver a un amigo… Nunca ves el momento de dar el paso, o te vence la pereza. Un buen día pasa algo, y aquello que simplemente era una idea o una tarea por cumplir se convierte en algo de obligado cumplimiento y no te quedan más cojones que mover el culo. Puedes quedarte un día entero pensando en ello, pero ¿de qué sirve? Me refiero al apego a la estabilidad, a pensarse mucho las cosas, a aferrarse a lo que tienes ante los ojos, sin ni siquiera saber si va a seguir estando allí mañana.
Quizás por no haber tenido la voluntad suficiente para dar el paso decisivo a un cambio, pero ¿sabes por qué? Por miedo a los resultados, no ya solamente por miedo a perder, sino miedo a no saber qué te vas a encontrar o si vas a saber manejar este objetivo, que puede ser: irte a vivir con tu pareja, que realmente guste tu currículum, ganar un juicio o encontrar un trabajo mejor pagado con más responsabilidad y riesgo (claro, un sueldo alto no se regala porque sí), cambiar de casa, conocer a una chica… Todo esto por el lado bueno, hoy me siento optimista. Miedo al resultado o a la recompensa, a no cumplir la expectativa tal cual te la imaginas. Esto pasa por una simple razón, bastante inconsciente y profunda, pero que enseguida vas a identificar cuando consigas dar ese paso, o bien las circunstancias te fuercen a darlo sacándote por narices de la zona de confort:
¿Y AHORA QUÉ? Ya lo he hecho ¿esto era todo? ¿esto era mi recompensa? Seguramente si estás casado, o has sacado una oposición, o has perdido la virginidad hace poco, o no estabas acostumbrado a ligar, te has comprado un libro de “cómo ligar” y ya las mujeres no te dan tanto miedo… Puedes pensarlo: ¿Y por esto estaba yo que me moría? Cada vez que te acercabas a una mujer se te atragantaba hasta la última esquina del alma, y en cuestión de tres años, ahora de repente estás casado y esperando un bebé con tu mujer… ¿Qué será la próximo? Antes tu temor eran resultados como: el rechazo, el desempleo, la infidelidad, la soledad, miedos naturales del hombre inseguro, quizás por eso no te movías, para no equivocarte. Pero conforme pasa el tiempo te vas dando cuenta que nada a tu alrededor se queda quieto, que todo tarde o temprano cambia:
UN HOMBRE ACOMODADO, TIENDE A AFERRARSE A UN RESULTADO CONCRETO CADA VEZ QUE INVIERTE, POR MIEDO A EQUIVOCARSE.
UN HOMBRE ACOSTUMBRADO A DECIDIR, TIENDE A DEPENDER MENOS DEL RESULTADO CADA VEZ QUE INVIERTE, PORQUE HA PERDIDO EL MIEDO A EQUIVOCARSE, SIMPLEMENTE SI SE EQUIVOCA, CAMBIA DE REGISTRO.
Si te acomodas, estos cambios te van a parecer un mundo, cada paso te va a parecer un sacrificio gigantesco, pero HAZTE A LA IDEA DE LO INEVITABLE: VAS A TENER QUE TOMAR MUCHAS DECISIONES EN TU VIDA SIN TENER MUCHO TIEMPO PARA PENSÁRTELAS, O TE ADAPTAS O MUERES. Por esa misma razón, un desengaño amoroso, un apego mal entendido, un “podemos ser amigos”, un despido, o una muerte, no debería ocuparnos más tiempo que el necesario. Si, he dicho bien, la comodidad, el confort y el apego son unos bienes a los que nunca nos deberíamos acostumbrar, al menos los hombres, ya que nos adormecen. El hombre solamente puede permitirse su debilidad consigo mismo, no así con su mujer o su familia. En realidad las cosas no han cambiado tanto desde la prehistoria, ahora simplemente llevamos trajes en vez de pieles y ordenadores en vez de armas, en vez de cazar por necesidad, se trabaja para mantener a la familia. Hoy tampoco a los hombres se nos perdona una debilidad, las épocas son diferentes, los seres humanos, no tanto.





0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada