LA RECOMPENSA DE NO PERSEGUIR UN RESULTADO


No, no vas a subir el al cielo, al menos por ahora. Voy a intentar no ponerme tan filosófico en este rincón, aunque la verdad me cuesta porque es donde realmente te muestro mis verdaderas entrañas. La vida en estos días me está ofreciendo muchos cambios, desde en mi casa, hasta en el trabajo. Cuando te digo “la vida” en realidad me refiero a personas concretas que me rodean, a las que quiero, y que por alguna razón u otra van tomando caminos separados, y no… Tranquilo, no me ha dejado la novia, ni me han echado del trabajo, ni me he quedado debajo de un puente, pero sí que voy viendo como mi rutinaria vida se va sometiendo a cambios importantes dentro y fuera de casa.

Una cosa es cierta, muchas veces te planteas cambios, ideas o proyectos: cambiar de casa, buscar otro trabajo, comprometerte, abandonar una relación, o buscar pareja, hacer un viaje para ver a un amigo… Nunca ves el momento de dar el paso, o te vence la pereza. Un buen día pasa algo, y aquello que simplemente era una idea o una tarea por cumplir se convierte en algo de obligado cumplimiento y no te quedan más cojones que mover el culo. Puedes quedarte un día entero pensando en ello, pero ¿de qué sirve? Me refiero al apego a la estabilidad, a pensarse mucho las cosas, a aferrarse a lo que tienes ante los ojos, sin ni siquiera saber si va a seguir estando allí mañana.

Quizás por no haber tenido la voluntad suficiente para dar el paso decisivo a un cambio, pero ¿sabes por qué? Por miedo a los resultados, no ya solamente por miedo a perder, sino miedo a no saber qué te vas a encontrar o si vas a saber manejar este objetivo, que puede ser: irte a vivir con tu pareja, que realmente guste tu currículum, ganar un juicio o encontrar un trabajo mejor pagado con más responsabilidad y riesgo (claro, un sueldo alto no se regala porque sí), cambiar de casa, conocer a una chica… Todo esto por el lado bueno, hoy me siento optimista. Miedo al resultado o a la recompensa, a no cumplir la expectativa tal cual te la imaginas. Esto pasa por una simple razón, bastante inconsciente y profunda, pero que enseguida vas a identificar cuando consigas dar ese paso, o bien las circunstancias te fuercen a darlo sacándote por narices de la zona de confort:

¿Y AHORA QUÉ? Ya lo he hecho ¿esto era todo? ¿esto era mi recompensa? Seguramente si estás casado, o has sacado una oposición, o has perdido la virginidad hace poco, o no estabas acostumbrado a ligar, te has comprado un libro de “cómo ligar” y ya las mujeres no te dan tanto miedo… Puedes pensarlo: ¿Y por esto estaba yo que me moría? Cada vez que te acercabas a una mujer se te atragantaba hasta la última esquina del alma, y en cuestión de tres años, ahora de repente estás casado y esperando un bebé con tu mujer… ¿Qué será la próximo? Antes tu temor eran resultados como: el rechazo, el desempleo, la infidelidad, la soledad, miedos naturales del hombre inseguro, quizás por eso no te movías, para no equivocarte. Pero conforme pasa el tiempo te vas dando cuenta que nada a tu alrededor se queda quieto, que todo tarde o temprano cambia:

UN HOMBRE ACOMODADO, TIENDE A AFERRARSE A UN RESULTADO CONCRETO CADA VEZ QUE INVIERTE, POR MIEDO A EQUIVOCARSE.

UN HOMBRE ACOSTUMBRADO A DECIDIR, TIENDE A DEPENDER MENOS DEL RESULTADO CADA VEZ QUE INVIERTE, PORQUE HA PERDIDO EL MIEDO A EQUIVOCARSE, SIMPLEMENTE SI SE EQUIVOCA, CAMBIA DE REGISTRO.


Si te acomodas, estos cambios te van a parecer un mundo, cada paso te va a parecer un sacrificio gigantesco, pero HAZTE A LA IDEA DE LO INEVITABLE: VAS A TENER QUE TOMAR MUCHAS DECISIONES EN TU VIDA SIN TENER MUCHO TIEMPO PARA PENSÁRTELAS, O TE ADAPTAS O MUERES. Por esa misma razón, un desengaño amoroso, un apego mal entendido, un “podemos ser amigos”, un despido, o una muerte, no debería ocuparnos más tiempo que el necesario. Si, he dicho bien, la comodidad, el confort y el apego son unos bienes a los que nunca nos deberíamos acostumbrar, al menos los hombres, ya que nos adormecen. El hombre solamente puede permitirse su debilidad consigo mismo, no así con su mujer o su familia. En realidad las cosas no han cambiado tanto desde la prehistoria, ahora simplemente llevamos trajes en vez de pieles y ordenadores en vez de armas, en vez de cazar por necesidad, se trabaja para mantener a la familia. Hoy tampoco a los hombres se nos perdona una debilidad, las épocas son diferentes, los seres humanos, no tanto.

La comodidad y el confort, como hombres de igual forma debemos aprender a generarlos a nuestro alrededor, y disfrutarlos una vez que los hayamos conseguido, pero no antes, puesto que somos los responsables. Esa es la palabra que quiero grabarte a fuego en el alma: RESPONSABILIDAD, que a va a juego con inconformismo, con lucha, con tomar decisiones, con materializar, con no acomodarse… Como hombres hemos de tomar conciencia de que hemos venido a este mundo a dar, más que a esperar o a recibir ¿sabemos aceptar este reto? Quizás la recompensa no sea el mejor resultado, quizás el mejor resultado sea siempre ser un hombre responsable de todo aquello que hace, porque efectivamente lo hace.
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