LA DUALIDAD FEMENINA

Artículo original de colaboración en Seducción y Superación
Imagen cedida por Lucía Ojeda
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Antes de hablarte sobre esto, voy a pedirte que lo aceptes, no se trata de entender nada, se trata de aceptarlo, porque como intentes entenderlo racionalmente, vas a acabar mal de la cabeza. Es una idea parecida a la de tener en una misma persona a tu madre y a una puta. ¿Exagerado? En mi planeta funciona así, no se como será en el tuyo, quizás estemos en planetas distintos, y no… No va con el rollo de “Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus”. La cuestión es que te hayas dado cuenta o no, que en cada mujer hay dos personas distintas.

Por un lado tenemos a una mujer encantadora, sensible, aquella a la que le gustan los peluches, jugar con sus sobrinos, aquella que lee novelas románticas y que sueña con vivir un romance. Tenemos a una mujer empática, que siente, que se emociona, que necesita romanticismo, que se ilusiona cuando le regalan una flor, que llora viendo “Titanic” y a la que se la puede conquistar con una sonrisa… Creo que me entiendes perfectamente hasta aquí.

Por otro lado, tenemos a la insolente, a la que le da exactamente igual como estés con tal de salirse con la suya, a la exigente, a la que sólo mira por su interés, a la que desprecia tu debilidad, a la que se marcha en un momento difícil y a la inconformista, que sólo mira lo que le falta, para estar segura que no se pierde nada, y si le entra por la vista, no para hasta que se lo lleva… La mujer que para ganarla tienes que comportarte como un auténtico cabrón, ya que si no es así, jamás se sentiría atraída por ti. La mujer a la que quieres y que un día te suelta un comentario allí donde más te duele.

Parece que estamos hablando de dos personas totalmente diferentes, pero he visto pasar a mujeres de un estado a otro en cuestión de minutos. ¿Qué mujeres? Por si hay alguna lectora que se esté apostando mi enemistad por acusarme de misógino, a ella le diré, que el primer lugar donde he visto esta dinámica de comportamiento es en la relación entre mi padre y mi madre. También te diré que a día de hoy, soy un hombre enamorado, mejor dicho… Muy enamorado. Otra cosa diferente es que me niegue abrir los ojos ante la realidad, tanto a lo que me gusta, como a lo que no me gusta tanto. Con el tiempo voy empezando a comprender que lo verdaderamente importante es aprender aceptarse uno mismo y después de eso que es lo más difícil, aceptar a los demás, aceptar a la mujer y a su universo particular: La mujer socialmente reconocida y a la mujer instintiva, ambas “compartiendo piso” baso un mismo techo.

LA DUALIDAD ES UNA CUESTION DE ENERGÍA

Independientemente de que antes que hombre o mujer somos personas, cada una un mundo y que esto se puede cumplir en mayor o menor medida, aceptar esta dualidad es lo más difícil, aunque seguro que la inmensa mayoría de nosotros hemos vivido las consecuencias de esta dualidad sobre la piel. Solamente me queda por explicar, que con el tiempo me he dado cuenta, cuando sale una, la socialmente reconocida y cuando sale la otra, la instintiva. Es una cuestión de energía, de transferencia de energía según el comportamiento en pareja o durante el camino de seducción que tengamos para con ella.

Imagina por un momento que eres un hombre tradicional, de los de antes (todavía quedamos alguno si lo eres, no estás sólo), te gusta el cortejo, te gusta invitarla a cenar, valorarla, escucharla y tratarla bien… O sea, todo lo contrario de lo que te diría un “Seductor de libro”, que se echaría las manos a la cabeza con todo esto. Es bien cierto que si esta es tu forma de seducir a una mujer, es muy posible que ella se de cuenta que “eres de los de antes”, que incluso le guste, que lo disfrute y que si sigues ese comportamiento con ella indefinidamente, acabe por acostumbrarse y por empacharse de caballerosidad y buenos cuidados.

Cuando ella ya ha disfrutado del caballero, se da en la relación lo que sería un exceso de confort. Ella se encuentra saturada de esta energía y verás que poco a poco se va volviendo más exigente, echa en falta la atracción, echa en falta una energía opuesta a ese empacho de confort. Este comportamiento exigente, insolente y desagradecido que se puede llegar a dar y sabes bien, que se puede llegar a dar cuando solo “bailas para ella” buscando agradarla, es en realidad un reclamo de atracción, en el que cae todo aquel que sigue la senda del proveedor. Es su manera de decir “Compórtate como un hombre conmigo, deja de intentar agradarme siempre o es que… ¿No tienes sangre en las venas?”. Es cuando vemos que en efecto a nuestra adorable princesa, le va saliendo el instinto. Aunque suene demasiado tópico, el que ella te pida “caña” de esta forma, no es más que la consecuencia de su saturación de confort.

Ahora vámonos al extremo contrario, si ahora nos ponemos bajo la piel del típico cabrón, del chulo, del malote rebelde sin causa, que se lleva las tías de calle a base de negarles esta validación que el caballero otorga por sentada a la mujer. Es muy posible que ahora nuestro protagonista genere tal atracción sobre ella, que ella irresistiblemente vaya directa a sus brazos, por eso los malotes rebeldes sin causa ligan, que se comporte de una forma mucho más sexual y más instintiva con él desde el principio, porque vea en el a un amante 100%. De igual forma si nuestro malote, sigue generando atracción continuamente, ella llegará un momento en el que se sature de energía de atracción y empiece a reclamarle más confort. Dejará cada vez más de comportarse de forma instintiva o sensual, para pasar a pensar de una forma más conservadora y a intentar colocar a este amante, por la senda del proveedor, reclamándole más seguridad y confort.

Cuando ella ya se siente saturada y colmada de alguna de estas dos energías invertirá su comportamiento para condicionar a su pareja a transmitirle energía de otro tipo, en el fondo es un simple equilibrio ATRACCIÓN-CONFORT, entendiéndolo como un equilibrio de estas dos energías.

MODULAR ESTA ENERGÍA

¿Qué hacemos con esto? ¿De qué nos vale en el día a día? Un pecado en el que solemos caer muchos, es el intentar compensar de inmediato estas situaciones, dando más de lo mismo, por que en efecto pensamos “Vaya, no debe ser suficiente, voy a echar más leña al fuego porque parece que me he quedado corto”. Lo que más nos cuesta ver, es que realmente nos está reclamando aquello que le falta, no que le demos más de lo mismo. Si la saturamos de confort y le seguimos dando confort cuando su lucecita roja instintiva se enciende, o sea cuando se vuelve insoportablemente exigente, a pesar que nos estemos “portando bien” se rompe el equilibrio y ella comenzará a buscar otra fuente de atracción. El mayor problema del hombre en este caso es que se condiciona a ir detrás de sus cambios cogiendo mentalidad de “recuperar o compensar la situación”.

La cuestión es ir por delante de ella en este sentido, con tiempo y con calibración, anticiparse. Nunca se debe ir detrás de las señales en forma de reclamos, puesto que esto sería subyugar tu comportamiento y tu realidad a sus necesidades y esto, como ya hemos comentado en varias ocasiones, sigue siendo esclavitud (por muy bueno que seas compensando situaciones) y esto no nos beneficia. En este sentido, conviene no dar en exceso ninguno de estos dos comportamientos hacia ella, la saturación de cualesquiera de estas dos energías no es buena para la relación. Por eso mismo el mejor comportamiento siempre es el que está marcado por tu propia voluntad y tu iniciativa, nunca y en ningún caso el comportamiento fruto de querer compensar un desequilibrio. La primera posición es libre, la segunda de esclavo. Es muy posible que no lo hagas perfecto, pero es que no se trata de buscar la perfección, se trata de que poco a poco vayas aprendiendo a modular la energía atracción-confort que le vas transmitiendo.

Un fuerte abrazo y no olvides visitar Seducción y Superación


Arcángel.
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