EL DESAFÍO CONSTANTE DE EVA

Fotógrafo: Chema Pascual
Modelos: Lucía Ojeda
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Querido amigo, hoy te voy a hablar de mamá para empezar, pero… ¡lo justo! Tenemos que hacer mención a ella para entender porque la mujer nos propone un desafío constante y continuo. Alguna vez me habéis oído decir que la mujer solamente es altruista con sus hijos, pero no es que lo diga yo, lo dicta la genética: de ahí que cuando hablemos de ella en profundidad tenemos que hacer mención al puzzle de necesidades femeninas, o al segundo plano del varón después del embarazo. Puedes pensar que exagero, pero si piensas así es que todavía no has tenido una experiencia femenina que te marque realmente o que te haya abierto los ojos al verdadero instinto femenino, no al instinto maternal de tu madre… ¡y de la mía!

Es muy sencillo, nuestra madre es la primera mujer con la que tenemos contacto, nuestra primera experiencia y referencia acerca de lo que es una mujer. Conforme vamos creciendo y vamos tomando referencias y experiencias de otras mujeres, vamos corrigiendo este primer modelo “maternal” que tenemos de la mujer, con nuestras hermanas, amigas, compañeras de clase, las chicas que te gustan, tu primera novia... hasta los restos. Con todas estas experiencias vamos puliendo este modelo.

Cuantas más mujeres vas conociendo, y más experiencias femeninas vas teniendo, la idea que tienes de la mujer, tu modelo particular se va alejando cada vez más del modelo materno, o al menos así debería ser, a menos que no sientas un afecto sano por tu madre. Hay una cosa que es cierta, como reza el refrán: madre no hay más que una, así que no te empeñes en buscarla fuera. El verdadero desafío, es dejar de esperar de una mujer un comportamiento de madre contigo. ¿Por qué crees que te digo esto? ¿nunca te has preguntado por alguna de sus reacciones que no has comprendido? En este caso no vamos a hablar del factor emocional, a sabiendas que tiene un gran peso en sus respuestas y reacciones a la hora de probarte como hombre. En este caso vamos a tratar aquellas respuestas que te descuadran, porque simplemente no te las esperas.

Me refiero al tipo de respuestas o reacciones que puedes percibir por su parte como egoístas. Quizás te puedan venir a la cabeza respuestas como “necesito espacio” cuando quizás no seas tan pesado, o “no me apetece” a la hora de hacer un plan que te apetezca mucho hacer con ella, “mañana tengo que madrugar” cuando todo apunta a que podíais pasar la noche juntos, o a “dar por hecho que la vas invitar siempre” poniendo en juicio tu caballerosidad si no lo haces, “ya he quedado” sea verdad o no... Respuestas que te pueden dejar más chafado que un sello, estés en pareja o no, o independientemente de si ella está interesa en ti o no.

¿Por qué crees que te descuadran estas respuestas? Lo cierto es que son respuestas bastante tópicas o típicamente femeninas. Ese descuadre, esa descompensación que sentimos cuando nos sueltan un “gancho de izquierda” similar, es porque de alguna manera en nuestro modelo de “ella es así”, existen todavía respuestas o expectativas basadas en el amor materno. Tu madre jamás te daría un hachazo tal a menos que realmente te lo merecieras. Yéndome al extremo, te puedo decir que tu madre “nunca te dejaría”... Porque realmente no puede hacerlo, está unida a ti mientras lleve puesto el “programa de madre”. Haría cualquier cosa para que no te falte de nada, para que siempre estés bien, se preocupa por ti, bla bla bla. Todo eso lo llevas dentro a un nivel muy profundo, ya que ella ha jugado un papel muy importante en tu crecimiento y educación desde el primer día que abriste los ojos en este mundo.

En realidad ese continuo desafío, esas reacciones, esos descuadres, no son más que el desfase que existe entre tu modelo ideal de mujer, o sea lo que esperas de ella según tus experiencias vividas con anterioridad, y la mujer real que tienes delante, no solamente sobre tu madre, si no de tus anteriores parejas o amigas. Todas estas respuestas se quedan grabadas en tu cabecita, y de alguna manera las incluyes en tu programación consciente e inconsciente para tus relaciones presentes y futuras. Cuantas más experiencias vayas teniendo con mujeres, más te irás separando cada vez de un modelo ideal. Dicho en otras palabras, sabrás cada vez más, qué es lo que puedes esperar de una mujer y lo que no.

Cuando me encuentro con un hombre que por alguna razón se encuentra resentido, o desengañado y me está contando su caso, una de mis respuestas es “Pero ¿Qué esperabas?”. Solamente cuando sabes lo que puedes esperar de una mujer, eres realmente libre de amarla tal y como es, amar su condición y su feminidad. Si lo más importante para ella es sentirse completa, validada y justificada, y que todo su comportamiento está en función de estas tres necesidades, insisto: VALIDACIÓN, REALIZACIÓN Y ESTATUS. Una vez que sabes esto, te pregunto: ¿QUÉ ESPERAS?
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