YO ME PAGO MIS TRAJES

Fotógrafo: Chema Pascual

No sé si esta frasecita os suena de algo, pero si... Por supuesto que me pago mis trajes y todo lo demás también. Creo que lo único que tengo en común con el autor original de dicha frase y que no citaré aquí, es que a la par que te escribo estas palabras, me estoy forzando a sonreír, y a estar animado. Aunque mi sonrisa no es tan falsamente forzada y política como la del autor de la frase, me veo obligando a sacar de donde no hay estos días. ¿Qué te quiero decir con esto? Quiero hablarte del coste de oportunidad que implica ser coherente. Podría ser algo así como caminar por el desierto sin agua y sin recompensas, mientras tienes que afrontar la misma vida de todos los días. Me cuesta no venirme abajo, y una vez más tengo que mirarme al espejo y darme una buena patada ¿Qué me falta? nada es la respuesta. Aunque esta sequía de ánimos, me hace reclamar una justa recompensa por mi esfuerzo diario, a pesar que mi coherencia debería ser ya suficiente, pero... La realidad es que mi corazón me pide agua y de fuera no me viene. Me dan ganas de relajarme y abandonarme a la corriente.

Pues si querido amigo, me pago mis trajes y cada puto esfuerzo que hago, con mis horas de sueño, voluntad y constancia. Esto de ser coherente y de vivir según los valores: INTELIGENCIA, INDEPENDENCIA, INTEGRIDAD Y ESTATUS, a veces y según tenga el ánimo, me dan auténticas ganas de pegarle una patada a todo y hacer como mi hermano e irme a Ibiza a empezar de cero. No me ha pasado nada malo, ni he perdido un trabajo, ni he tenido un desengaño amoroso... Quizás mi reclamo de justicia y recompensa sea quejarme de vicio, porque llevo la vida que quiero llevar, pero estoy viendo que no puedo hacer más de lo que hago para cuajar mis proyectos y mis objetivos, y que el fruto no es el que me esperaba.

Este es el desierto, para bien o para mal, todos y cada uno de nosotros nos encontramos con una puerta cerrada sin cerradura, o un techo de cristal profesional. Esta descompensación interna, se da cuando tus expectativas no corresponden con los resultados, o sea, mi puta vida. No quiero ser negativo, pero uno tiene sus periodos de sequía también. Si siempre te contara solamente la cara bonita, no estaría siendo sincero contigo. Tu esfuerzo, coherencia y voluntad, no te garantizan el éxito, solamente garantizan tu coherencia. Este es el verdadero premio, pero ¡joder! ¡quiero agua!

Supongo que esto es señal de una de estas dos cosas: o que estoy haciendo algo mal, o que no estoy dando los pasos suficientes. No le puedo echar la culpa a nadie más que no sea yo. Hay que dar más pasos, la cuestión es que ahora mismo no sé a dónde darlo, sé lo que quiero pero ahora mismo no sé como materializarlo... ¡Para qué negarlo! Seguiré pegando palos, aunque me equivoque, porque conforme veo que va pasando el tiempo, PREFIERO EQUIVOCARME A QUEDARME PARADO. Nadie nos va a regalar nada, ni a ti ni a mi, y está visto que la recompensa o te la buscas tú hasta debajo de las piedras, o no hay tal.

¿La Suerte? A veces no sé si debería creer en ella, es algo irracional y contradictorio, como muchas de las creencias humanas, la cuestión es que no es práctico esperar un golpe de suerte o un golpe de inspiración divina... Eso sería echar balones fuera y depositar la responsabilidad de mis objetivos en la “divina providencia”. ¿Cuestión de imagen? ¿Cuestión de contenidos? ¿Cuestión de esfuerzo? ¿Cuestión de voluntad? ¿Cuestión de decisión? ¿Cuestión de dejar todo lo que me sobra y jugármela únicamente según mis valores y mis deseos más profundos? El karma me dice que ésta última sería la opción mas acertada. Pero la cabeza me dice que insista con mis medios y que me busque la vida dentro de este sistema que de alguna manera u otra nos ha sido impuesto.

Cuando estaba con los misioneros pasé por una etapa similar, hasta que entendí que allí no pintaba nada. Fue una decisión que tomé delante del sagrario, me levanté y rompí con el silencio de aquel retiro de pascua para comunicarle mi decisión a mi director espiritual. Nadie me trató de convencer de lo contrario. Esta vez es diferente, no hay sagrario ni director espiritual, pero hay un trabajo que me gusta, un proyecto personal y una mujer a la que amo, mucho más acorde con mis verdaderos deseos, al menos mis deseos conscientes y voluntarios.
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Pues si, de momento me pago mis trajes, nadie me los paga y nadie me da ese empujón que en realidad es responsabilidad mía. Eso si lo tengo, el camino es mío.
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