MATAR EL EGO, NUESTRO PEOR ENEMIGO

Fotógrafo: Chema Pascual
Modelo: Enrique Perales
-
Tengo miedo de empezar a escribir por tener que enfrentarme a mis propios temores, sé que si no lo plasmo en el papel, quizás no tenga la suficiente fuerza para cumplir mi palabra, y así ser coherente con mis verdaderos deseos y valores, aquellos con los que sueño de verdad que lejos están de permanecer sentado. Hoy me ha podido el ego, el miedo a ser destapado, dañado, rechazado... Examino mi sueño: ser el padre de una gran familia, empujarme a diario para ser mejor hombre, y así poder abrir camino. Alguien que no es libre de su ego, no puede pretender liberar a nadie, ni abrirle los ojos. No puedo pedirte mientras lees, que abras los ojos mientras yo me los tapo para no sentir el daño, de mi falta de declarar mis principios, no verbalmente sino de verdad arriesgar y poner en juego la vida que llevo todos los días y la que creo que me está adormeciendo. Me he dado cuenta en cuanto hoy me ha llegado el borrador de la declaración de la renta, me devolvían algo más de cien euros... Me ha parecido una alegría tan sumamente miserable y barata, que me he puesto a llorar como un niño pequeño. No había nadie en casa, y me he dado cuenta de que llevo mucho tiempo evitando plantarle cara a varias confrontaciones que me supondrían o dar el paso que quiero dar, o perderlo todo.

El ego es aquél que no te deja dar un paso más por miedo a perder el control, la compostura, el que no quiere que te hagan “daño”, aunque vivas anestesiado... El ego prefiere vivir anestesiado y estancado con tal que “no te pase nada”. Es el mismo puto miedo de siempre a perder: a perder tu estatus, a perder tu empleo, a perder a tu pareja, a tener éxito incluso. Siempre he sido una persona que se ha pensado mucho las cosas antes de hacerlas, creo en gran parte debido a lo que llamo el síndrome del hermano mayor, pero pese a esto, no se le puede culpar a la prudencia por no echarle un par de huevos a la vida cuando hay que dar un salto.

Conforme estoy hablando contigo ahora, es como si me estuviera mirando al espejo. Tengo que hacerlo para ganarme tu confianza, para que sepas que esto es un camino y que no hay nada que salga de un día para otro. Cuando tienes la sensación de haberte estancado, es porque quizás has llegado a un techo de objetivos, te acomodas y comienzas a disfrutar de un estatus que quizás hace solamente unos años, se trataba de un objetivo último. Ahora es una realidad, lo cotidiano, lo normal.

¿SABES POR QUÉ NADA ES PARA SIEMPRE? Porque tus valores y tus principios varían conforme vas cubriendo etapas y facetas, aquellos valores que te han servido para alcanzar tus objetivos, una vez cumplidos pasan a formar parte de tu base, es algo que das por hecho y cubierto. Uno siempre aspira a aquello que le falta, y en función de ello y de quemar etapas cerrando objetivos, va adaptando estos valores... Siempre igual, lo único que cambia es que cada vez vas teniendo más años.

El día que dejes de buscar, te estancas, el día que renuncies a tu fin último, a tu causa máxima, que seguro la tienes y no es llegar a fin de mes, perderás la ambición por miedo a perder todo lo que has ganado. No se trata de ser un héroe, sino de tener el valor suficiente para dar los pasos que vas entendiendo. No es cuestión de medios, no es cuestión de pasta ni de pareja, ES CUESTIÓN DE HUEVOS A IR REALMENTE A POR LO QUE QUIERES, AUNQUE ELLO TE SUPONGA PERDER. Cuando veo parejas y matrimonios acomodados, en las que discuten por algo tan tonto como comprarse un coche o no comprárselo, o cuando sé de un marido que vive amargado con un trabajo que solamente le da una nómina y una mujer que le reprocha y que le niega el sexo, o cuando veo una infidelidad en pareja... Lo único que me viene a la cabeza es la idea de un hombre que ha encogido los hombros por miedo a seguir su instinto y sus propias decisiones, sus ideas, sus deseos y sus impulsos.

Creo que no nos damos cuenta de la importancia real que supone ser fiel a uno mismo todos los días de nuestra vida, en las cosas más pequeñas, de la pérdida real que es el acomodarse en un estatus, de relajarse y confiarse en que las cosas van a salir solas. O pensar que ya tenemos suficiente cuando en lo más profundo de nuestro ser, sabemos que podemos dar más. Todo esto se queda en un simple sueño el día que dices “me planto”. El agua que no fluye se estanca y lo que estanca se pudre, no es que lo diga yo, es algo físico y natural, que de igual forma ocurre con la energía que tenemos dentro. Si no le damos salida a esta energía actuando y decidiendo en función de lo que nos trasciende, aquello en lo más profundo que nos dice que hemos de movernos, esta energía se estancará y dejará de fluir. Cuando esta energía no fluye nos frustramos, y caemos en vicios, autocompasión, conformismo, adicciones y obsesiones que intentan llenar de alguna manera estos objetivos no alcanzados, y gastar esta energía que trata de salir por algún lado, porque no le damos el canal adecuado: LA DECISIÓN Y LA EJECUCIÓN. Estos objetivos que ya parecen sueños lejanos más que posibilidades. Piensa en ello la próxima vez que te encuentres discutiendo por alguna imbecilidad.
Publicar un comentario en la entrada