LA TRAICIÓN DE TUS VALORES BÁSICOS I: EL INTERRUPTOR DE JUSTICIA

Fotografía: Chema Pascual
Modelos: Lucía Ojeda y Miguel Lázaro

Normalmente desde que somos pequeñitos como renacuajos, se nos inculcan unos valores y unas creencias, que serán parte fundamental de nuestro esquema mental para el resto de nuestra vida. Estos valores se nos dan como referencia, nos hacen distinguir lo que es bueno y lo que es malo, lo que es justo y lo que no, lo que se debe hacer, como reaccionar, cómo pensar, cómo responder… Todos nuestros actos y pensamientos, derivarán según hayamos interiorizado estos valores, que serán una herramienta fundamental para movernos dentro de un esquema social establecido. Es una lástima que nos los hayan metido hasta lo más profundo, si… Y te hablo especialmente de los valores principios JUSTICIA Y EQUILIBRIO ¿Sabes por qué? PORQUE LA JUSTICIA Y EL EQUILIBRIO NO EXISTEN. NI DENTRO DEL SER HUMANO, NI DE LA NATURALEZA. Tranquilo, que no me voy a poner filosófico, pero estoy harto, hoy si.

¿Por que te sientes cómo te sientes cuando hay algo que no sucede conforme a lo que tendría que suceder? Te hablo de putadas varias y muy cotidianas como quedarse en el paro, o que tengas un accidente, que te falle un amigo o que se vaya tu pareja. Mira… jamás he empleado anestesia a la hora de hablar contigo, y jamás te he dicho que tuvieras que creerte un robot terminator para que “no te duela nada”… Como muchos pretenden intentando esconder su debilidad y su humanidad. Cuando te pasa cualquiera de estas cosas, dentro de ti se enciende un interruptor de reclamo, pidiendo justicia, una señal que te dice que eso no debería ser así, un sentimiento de que efectivamente hay algo que no va bien. Dime entonces cuando te has sentido realmente en paz, congruente, correspondido, compensado o amado... Seguro que me dirás ocasiones concretas y momentos puntuales. Bueno, no hay más... Pero el interruptor que llevamos dentro no falla, es un buen indicador de lo que te estoy hablando.

Este interruptor se enciende cuando dentro de nosotros salta una incongruencia o una contradicción, cuando algo nos sucede, algo que es contrario a nuestros principios y valores fundamentales. Son valores transformados en creencias que se nos transmiten para que podamos vivir en sociedad, nada más, para sensibilizarnos, para hacernos conscientes del otro, pero que en ningún caso nos garantizan la felicidad o la satisfacción personal. Las personas no somos perfectas ni equilibradas en la vida real, aunque sobre el papel se escriba toda la igualdad, toda la justicia y toda la fraternidad y quede la mar de bonita. Estos valores nos hacen aspirar a la perfección y al equilibrio, nos hacen perseguir metas ideales, pero en efecto y como todo ideal nos alejan de la realidad.

Por todo esto ¿tenemos derecho a reclamar justicia cuando sentimos que nos ha fallado una relación, un trabajo o un amigo? Podemos reclamar todo lo que queramos, podemos incluso salirnos con la nuestra… Pero ese sentimiento de injusticia no va a quedar saciado, y volverá a saltar en cuanto vuelva a suceder algo que no encaje con nuestros valores, principios o expectativas. A menos que… a menos que APRENDAMOS A RELATIVIZAR ESTOS VALORES, Y PROYECTARLOS EN FUNCIÓN DE NUESTRO PROPIO BENEFICIO PARA SER QUIEN QUERAMOS SER.

Ser fiel a uno mismo, implica ser fiel a tus valores básicos, y que tu verdadero premio, sea esa coherencia, pero nadie tiene porque premiarte ni corresponderte, la justicia la sientes dentro, como el equilibrio, o la paz. No están fuera, están dentro de ti por momentos. Pero si estos valores básicos que son tu referencia para moverte en el mundo te fallan, tendrás que aprender a relativizarlos. ¿Simple? Desde luego que no, querido amigo, no te voy a mentir, no es fácil, porque estos valores los tenemos metidos hasta dentro y sería como si te quisieras arrancar un órgano interno. Si hay algo que tenemos que aprender es ASUMIR NUESTRA PROPIAS CONTRADICCIONES PORQUE LAS HAY, SABER DESDE DONDE PARTIMOS. Olvídate de la perfección entendida como infalibilidad en las personas, en los hombres y en las mujeres. Asume que esta perfección no es real y entonces podrás entender y amar a las personas tal y como son, y no como te los imaginas. Se decepciona, quien espera algo que no corresponde con su realidad, porque no conoce su realidad.

Continúa en Caín, Hijo de Adán
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