CON EL SEXO NO SE NEGOCIA Y PUNTO




Mira, te lo voy a abreviar: es preferible que te mates a pajas antes que entres en el juego de pactar cualquier cosa para obtener sexo, ya sea con tu amiga, con tu novia o con tu mujer, aunque quizás ésta última es la que tiene más dominio en el arte de que entres en el tablero de juego antes que en la cama con ella, ya que te conoce mejor y sabe cuáles son tus puntos flacos, y por dónde te tiene que entrar para sacarte algo con la mano izquierda.

Ahora va una verdad de Perogrullo, esto es así: tú tienes un pene desde el día en que naciste, es tuyo y de nadie más, así que al igual que tienes boca para comer y comes por ti mismo sin pedirle permiso a nadie, con tu sexo debería pasar igual. Es tuyo, así que no delegues el gobierno del mismo en manos de ninguna mujer. Lo dicho, mis queridos hermanos esclavos del pene, en el momento que entras al trapo de una negociación ya sea más o menos aparente, o estés empezando a sentir que “tienes que ganarte el sexo” con tu pareja, deja de jugar, así de simple y deja de contribuir a tu propia esclavitud.

Conforme avanza el tiempo, ya sabes que va subiendo el precio… Si a la primera ha salido bien para ella, seguirá probando a ver hasta donde puede subir. Es simple, si le ha funcionando una vez, lo va a seguir haciendo mientras le funcione. Lo que más me jode de todo esto, es que de verdad muchas veces le damos más peso al pene que a nuestra propia libertad, y los que estáis casados lo sabéis mucho mejor que yo. ¿Qué pasa? ¿Qué no hay un solo hombre casado que esté satisfecho con su vida sexual? Por favor… Si tú eres uno de ellos podrás pensar “Este niñato habla mucho pero no comparte mi situación”. Pues no, no estoy casado, pero desde luego no me corto a la hora de decir NO, POR AHÍ NO PASO, alto y claro.

Y te diré una cosa más, la cuenta pendiente que tiene el hombre con la mujer es amarla de verdad, y la cuenta pendiente de la mujer para el hombre, es el respeto. Pero es que este respeto depende mucho de si tú te respetas a ti mismo, si eres capaz de mentir, engañar, exagerar, pagar, comprar, regalar o forzar para conseguir sexo, ES QUE TE TIENES A LA ALTURA DE LA MIERDA y te has perdido el respeto, por eso estás dispuesto a cualquier cosa para estar en la cama con una mujer. Y si tú no te respetas a ti mismo, menos te va a respetar ella.

Por cierto, una mujer que te ofrece un “intercambio de bienes y servicios” o te da a entender que tienes que ganarte el sexo de alguna forma, se está prostituyendo aunque esté casada contigo. Y para eso, qué quieres que te diga… Casarte, te sale más caro que contratar los servicios de una prostituta, así que tú verás. EL SEXO SÓLO SE INTERCAMBIA POR SEXO.

Es simple, cuanto más tranquilo estés, mejor te van a ir las cosas y no sólo sexualmente .. que siempre andamos igual, sino en todos los sentidos, porque mantener la cabeza fría desde el principio, ya es una ayuda. Para ello conviene que aprendas a decir la palabra NO. ¿Sabes decirle que NO a la mujer a la que amas? Pues a veces hay que hacerlo por el propio bien de la relación. ¡Qué borde estás tío! Me puedes decir. Pues yo te respondo que conviene que aprendas a decir NO y a no dejar pasar ni una, cuando la pueda haber. No se trata de que estés a la defensiva, se trata de que has de ser más consciente de quererte más y mejor, eso no quiere decir que te tengas que enfrentar a nadie.

Ayer hablando de esto con uno de mis mejores amigos, que hasta hace muy poco estaba “negociando” volver a una relación, y uno de sus argumentos de peso más fuerte era la cama con ella… ¡Joder! Esto me cabrea… y me respondía “¡Entonces… qué! ¿paso de las tías?”. Pues no, no tienes que pasar de las tías, pero a lo mejor necesitas una temporadita a solas contigo mismo… No por nada en especial, ni porque te tengas que volver un súper machote,... Te lo digo para que veas que A UNO ESTANDO SOLO NO LE PASA ABSOLUTAMENTE NADA.

Ya me callo, querido amigo… Pero quiero que entiendas que debo darle toda la importancia necesaria al tema de la soledad y a las dependencias, nos merecemos ser el hombre que queremos ser, y no unos meros esclavos del pene.
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