Estuve esperando unos minutos más y me volvió a sonar el teléfono con un “¿dónde estás?”. Nos vimos en seguida y nos dimos dos besos. Algo más baja que yo, pelo rizado negro, sin arreglar... bueno, era entre semana y una cita improvisada, tampoco vayamos a ser pedantes, yo acababa de salir de currar. Tenía pinta como de muñeca repipi con pecas, pero su sonrisa era constante. Nada más por el “esfuerzo” que había hecho ella por venir del quinto coño a Madrid, había pensado en invitarla a cenar, pero lo primero que me dijo con una voz medio aguda, medio exigente fue: “A las 22:30H sale mi último autobús”. OK, lo puedo entender, pero me cortó el rollo de una forma el tono con el que me lo dijo... Bueno, la tomé del hombro y bajamos dando un paseo hacia la Plaza de los Cubos a tomar una cerveza en un alemán.
Por el camino me fue contando sus últimas citas con otros chicos de la página de contactos (esto parece ser hasta ahora un patrón común) y según ella “eran todos unos salidos”. No me sonó bien la verdad, y ya estaba visualizando la cita como de dos cañas y a casita. Por el camino a la Plaza de los Cubos me fui desencantando, no sé exactamente por qué, pero me daba la sensación de que esta mujer tenía demasiado tiempo para pensar.
Llegamos al alemán que me sabía y me pedí una caña, ella se pidió una Coca cola Light. Saqué el tabaco y me suelta “No me gustan los hombres que fuman”. Me quedé... ¡jajajaja! Cogí el cigarro y me lo encendí con una satisfacción, que no os lo podéis ni imaginar. Echarle el humo en la cara creo que habría sido de muy mal gusto, pero me sentí tentado de hacerlo. Empezamos a hablar y me estuvo contando que había estado viviendo unos años con un chico y que lo habían dejado... No me resultó extraño la verdad, porque poco a poco la fui calando como personalidad de hija única consentida y en efecto, no me equivocaba. Estaba viviendo con sus padres y en el paro, aunque no se la veía muy apurada por buscar. Me hizo entender que estaba todo el día aburrida en su casa, que como sus padres se lo hacían todo ¿para qué se iba a apurar?. ¡Menudo partidazo de mujer!
Decidí cambiar de sitio porque me estaba cargando un poco. A todo esto, trataba de mostrarme bastante frío, le llevaba la contraria en todo lo que decía totalmente a drede. Una mujer así obviamente no me interesa, una auténtica gorrona y además con razón, de todas formas la hubiera invitado a las cañas, pero lo que me molestó fue que NO HIZO MÍNIMO ADEMÁN DE PAGAR, era como que lo daba por hecho, no movió ni un dedo y eso me molestó. Este era el detalle que me hacía falta para ya terminar de descartarla. Eso, eso… ¡POR LA PUERTA GRANDE! Dios, es que... ¡tela marinera de tía! ¡No había por dónde cogerla! ¡qué gorrona, insolente y desagradable! Y uno piensa, si al menos se la viera amable, tímida, o cortada... tendría una mínima disculpa, pero realmente era una niñata consentida de treinta y tantos, vaga y un largo etcétera.
Después me la llevé a otro sitio a tomar una copa de vino, a un sitio un poco más elegante que está por los cines. Me dice de repente que había conocido a un chico y que parecía que le había gustado, mientras yo pensaba “Pues todo para ti ¡jajajaja!”. La verdad es que parecía súper decidida a cortarme el rollo y lo estaba consiguiendo con recordman olímpico. De repente, con la mirada, me crucé con una antigua compañera de curro a la que hacía igual dos años que no veía, levanté las cejas y veo que se acerca saludarme. Nos dimos dos besos y estuvimos dos minutos hablando, cuando se fue y me di la vuelta, la gorrona tenía una cara de basilisco que no se la aguantaba.
Parecía que iba a reventar y le pregunto “¿estás bien?”. Va la tía y me empieza a echar una peta de estas que piensas ¿Esto a cuento de qué...? en plan “¿quién era esa? ¿de qué la conoces? ¿te gustan las mujeres con esas pintas?”. Supongo que con lo de “esas pintas” se refería a que iba maquillada, arreglada, bien peinada, etc. ¡Jajajaja! La cogí del hombro tomándomelo a broma y la tía estaba rígida como una vara. Miro el reloj y veo que todavía son las 21:00H. Le digo: “Venga, te acompaño a la estación, así no se te hace tarde y no tienes que apurar al último bus”. De repente se calla y se afloja, pido la cuenta y de nuevo no mueve un dedo por rascarse el monedero, así que... ya está, finiquitado. Pensé para mis adentros “Mira tía que te den, eres insoportable: maleducada, gorrona, consentida y no quiero saber más”.
Me relajé un montón de repente, me sentía como si me hubiera quitado un peso de encima. Fuimos paseando al intercambiador de Moncloa por Princesa, mi tono era neutral y ella creo que ya se había coscado que era nuestro primer encuentro y el último. La dejé en la puerta de la estación, y venga a prolongar la situación, y venga a hablar, y venga a decirme que la próxima quedábamos en su pueblo y que si, que si, que ya hablamos... ¡jajajaja! Dios, en la puta vida había tenido una cita tan mala, en la que el tiempo me pasara tan lento y en la que hubiese tenido más ganas de salir corriendo y mandar a una tía al carajo. En fin, de todo hay en la viña del Señor.
Un amén del Reverendo.
Salud a todos.




4 comentarios:
Pues ni modo, es parte la parte del sargeo que hace que muchos novatos dejen la franquicia. Pero al menos me reconforta saber algo, saber que cuando a mi me pasa lo mismo con las mujeres Fresas, está bien, me siento más aliviado y con más ganas de sargear.
Pues bien arcangel, buen post. Segui adelante, y alejate de tías tan bordes como ella, hehhhehehe
Hola Marco, la autoría de este artículo no es mía, es una experiencia de un buen amigo mío, el Reverendo, que desde hace unos meses después de un divorcio no demasiado afortunado ha empezado de nuevo a quedar con chicas.
Esta es su segunda aportación, y como podréis ver ñas dos citas que nos ha relatado son totalmente opuestas. Ahora parece que está en un buen momento y va a seguir compartiendo sus citas con nosotros bajo la marca de "El Reverendo". Las iré colgando conforme me vayan llegando, porque la verdad... La serie pinta bastante bien.
Arcángel...
¿Por qué después de un divorcio damos tantos palos de ciegos cuando queremos retomar las citas?
¿Será falta de confianza propia o es que las mujeres te toman distancia por ser divorciado?
Lo más intuitivo que te puedo decir, es que estás acostumbrado a un ritmo de pareja que de repente se corta. Tú ese ritmo lo llevas todavía y tiendes a engancharte a cualquiera que se te cruza para seguir manteniendo ese ritmo y esa dinámica, antes que "desintoxicarte" o aprender a estar solo.
Uno no piensa igual cuando tiene rollo que ya cuando tiene un hábito de pareja de 5 años, son ritmos diferentes.
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