CITA CON UNA GORRONA MALEDUCADA, por EL REVERENDO

¡Hey buenas! ¿Cómo andáis? ¿Os acordáis de mi? Hace poco os conté una cita muy chula que tuve con una mujer que conocí por una página de contactos, una cita entre divorciados. Hoy os quiero contar otra batalla, con otra chica, y madre mía... ¡Esto no hay manual que lo recoja! Dentro de poco entenderéis por qué. Con esta chica quedé en la primera conversación por el Chat. La verdad es que me sorprendió que me saliera tan rápido, lo único que me mosqueaba un poco, era que no tenía foto en el perfil, pero con el swing que voy cogiendo y las pautas que Arcángel tiene en el manual de ciberligue, es bastante fácil (publicidad descarada, pero bueno ¡Funciona!). Quedé con ella en el Corte Inglés de Argüelles esa misma tarde y nos cambiamos los móviles para cuando llegáramos. Como yo no sabía como era ella, estaba un poco chinado. Cuando dio la hora, pasados dos minutos, me llamó al móvil diciendo que se estaba bajando del autobús. Esta mujer vive también fuera de Madrid y se bajaba en el intercambiador de Moncloa.

Estuve esperando unos minutos más y me volvió a sonar el teléfono con un “¿dónde estás?”. Nos vimos en seguida y nos dimos dos besos. Algo más baja que yo, pelo rizado negro, sin arreglar... bueno, era entre semana y una cita improvisada, tampoco vayamos a ser pedantes, yo acababa de salir de currar. Tenía pinta como de muñeca repipi con pecas, pero su sonrisa era constante. Nada más por el “esfuerzo” que había hecho ella por venir del quinto coño a Madrid, había pensado en invitarla a cenar, pero lo primero que me dijo con una voz medio aguda, medio exigente fue: “A las 22:30H sale mi último autobús”. OK, lo puedo entender, pero me cortó el rollo de una forma el tono con el que me lo dijo... Bueno, la tomé del hombro y bajamos dando un paseo hacia la Plaza de los Cubos a tomar una cerveza en un alemán.

Por el camino me fue contando sus últimas citas con otros chicos de la página de contactos (esto parece ser hasta ahora un patrón común) y según ella “eran todos unos salidos”. No me sonó bien la verdad, y ya estaba visualizando la cita como de dos cañas y a casita. Por el camino a la Plaza de los Cubos me fui desencantando, no sé exactamente por qué, pero me daba la sensación de que esta mujer tenía demasiado tiempo para pensar.

Llegamos al alemán que me sabía y me pedí una caña, ella se pidió una Coca cola Light. Saqué el tabaco y me suelta “No me gustan los hombres que fuman”. Me quedé... ¡jajajaja! Cogí el cigarro y me lo encendí con una satisfacción, que no os lo podéis ni imaginar. Echarle el humo en la cara creo que habría sido de muy mal gusto, pero me sentí tentado de hacerlo. Empezamos a hablar y me estuvo contando que había estado viviendo unos años con un chico y que lo habían dejado... No me resultó extraño la verdad, porque poco a poco la fui calando como personalidad de hija única consentida y en efecto, no me equivocaba. Estaba viviendo con sus padres y en el paro, aunque no se la veía muy apurada por buscar. Me hizo entender que estaba todo el día aburrida en su casa, que como sus padres se lo hacían todo ¿para qué se iba a apurar?. ¡Menudo partidazo de mujer!

Decidí cambiar de sitio porque me estaba cargando un poco. A todo esto, trataba de mostrarme bastante frío, le llevaba la contraria en todo lo que decía totalmente a drede. Una mujer así obviamente no me interesa, una auténtica gorrona y además con razón, de todas formas la hubiera invitado a las cañas, pero lo que me molestó fue que NO HIZO MÍNIMO ADEMÁN DE PAGAR, era como que lo daba por hecho, no movió ni un dedo y eso me molestó. Este era el detalle que me hacía falta para ya terminar de descartarla. Eso, eso… ¡POR LA PUERTA GRANDE! Dios, es que... ¡tela marinera de tía! ¡No había por dónde cogerla! ¡qué gorrona, insolente y desagradable! Y uno piensa, si al menos se la viera amable, tímida, o cortada... tendría una mínima disculpa, pero realmente era una niñata consentida de treinta y tantos, vaga y un largo etcétera.

Después me la llevé a otro sitio a tomar una copa de vino, a un sitio un poco más elegante que está por los cines. Me dice de repente que había conocido a un chico y que parecía que le había gustado, mientras yo pensaba “Pues todo para ti ¡jajajaja!”. La verdad es que parecía súper decidida a cortarme el rollo y lo estaba consiguiendo con recordman olímpico. De repente, con la mirada, me crucé con una antigua compañera de curro a la que hacía igual dos años que no veía, levanté las cejas y veo que se acerca saludarme. Nos dimos dos besos y estuvimos dos minutos hablando, cuando se fue y me di la vuelta, la gorrona tenía una cara de basilisco que no se la aguantaba.

Parecía que iba a reventar y le pregunto “¿estás bien?”. Va la tía y me empieza a echar una peta de estas que piensas ¿Esto a cuento de qué...? en plan “¿quién era esa? ¿de qué la conoces? ¿te gustan las mujeres con esas pintas?”. Supongo que con lo de “esas pintas” se refería a que iba maquillada, arreglada, bien peinada, etc. ¡Jajajaja! La cogí del hombro tomándomelo a broma y la tía estaba rígida como una vara. Miro el reloj y veo que todavía son las 21:00H. Le digo: “Venga, te acompaño a la estación, así no se te hace tarde y no tienes que apurar al último bus”. De repente se calla y se afloja, pido la cuenta y de nuevo no mueve un dedo por rascarse el monedero, así que... ya está, finiquitado. Pensé para mis adentros “Mira tía que te den, eres insoportable: maleducada, gorrona, consentida y no quiero saber más”.

Me relajé un montón de repente, me sentía como si me hubiera quitado un peso de encima. Fuimos paseando al intercambiador de Moncloa por Princesa, mi tono era neutral y ella creo que ya se había coscado que era nuestro primer encuentro y el último. La dejé en la puerta de la estación, y venga a prolongar la situación, y venga a hablar, y venga a decirme que la próxima quedábamos en su pueblo y que si, que si, que ya hablamos... ¡jajajaja! Dios, en la puta vida había tenido una cita tan mala, en la que el tiempo me pasara tan lento y en la que hubiese tenido más ganas de salir corriendo y mandar a una tía al carajo. En fin, de todo hay en la viña del Señor.

Un amén del Reverendo.

Salud a todos.
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