EL PURGATORIO, por EL DUQUE


Imagen cedida por Lucía Ojeda

“No me preguntes que sería lo mejor si la ruleta rusa o el paredón; De cualquier forma; contigo o sin ti, muero yo. Y es que hay un purgatorio entre los dos, Escalofríos y calor, en cada besito hay una duda de seguir p’alante o no… Y proponer cambiar los dos; sin portazos ni espaldas enfrentadas en el colchón…. Sé que hay verdadero amor, pero no llega para las facturas de cada discusión...”.

Este es un fragmento de una canción de un joven artista al que admiro muchísimo y cuyo nuevo disco recomiendo, RASH. Quizás al leer estas estrofas te sientas identificado. Tal vez estés viviendo algo así. Una relación en la que los continuos conflictos y discusiones van apagando poco a poco la ilusión y el amor; una relación en la que , por una parte te sientes atrapado y por la otra quisieras que funcionase, pero notas como las fuerzas escasean y realmente ya no sabes ni que hacer. Si te hallas en una situación parecida deberías leer estos consejos.

Rompe la dinámica, saca a tu pareja a cenar y ten un fin de semana de ensueño. Por una vez y sin que sirva de precedente olvídate de hablar de los problemas, de echar en cara antiguos agravios o de tratar de negociar algún acuerdo. Estas en una dinámica de continuas discusiones y tu prioridad debe ser romper dicha dinámica. Esto no significa que después no puedas decidir romper con la relación; si no más bien que tu decisión será racional sólo realmente si es tomada en un momento de sosiego mental y emocional. Cuando se entra en una dinámica de continuas discusiones y mutuas afrentas, se pierde perspectiva>; todo parece oscuro y tomar decisiones en ese estado es muy poco recomendable. Por tanto, este fin de semana no hables de problemas>; no saques temas de conversación susceptibles de crear un conflicto. Disfruta como si fuera el ultimo fin de semana y llena vuestras vidas de alegría.

Ahora será el momento de decidir si seguir para adelante o no como decía la canción. Primero debes valorar los problemas que generan las discusiones. Pueden ser muchos o pocos y sobre todo, pueden tener o no solución. Que un problema no tenga solución no tiene por qué ser definitivo. A ti te toca saber si eres capaz de vivir aceptando de verdad y con serenidad de espíritu aquello que no puedes cambiar. No debes sentirte culpable por no desear aceptar aquellas cosas de tu pareja que no te gustan y que no son susceptibles de cambiar.

Ya se que pensarás que lo más difícil es saber qué problemas tienen solución y cuáles no. Una guía básica debe ser discernir entre aquellos problemas que son constitutivos de aquellos que son meramente causales, circunstanciales o conductuales. Son problemas constitutivos aquellos que afectan a la forma de ser del otro(es demasiado formal, o serio, o tímido; es muy religioso o no es nada religioso…); estos problemas no tiene solución. Aunque es un hecho cierto que la gente cambia, forzar un cambio es imposible y contraproducente. La gente cambia por una serie de profundos cambios que el mismo transcurrir de la vida provocan en él. Ante esta clase de problemas la pregunta que uno debe hacerse es si es capaz de vivir con “eso” el resto de su vida siendo plenamente feliz. Debemos decidir si lo aceptamos plenamente.

Los problemas circunstanciales o causales se suelen deber a una circunstancia externa controlable o no y que en ocasiones tiene solución y en otras no la tiene (el trabajo de él o de ella, la distancia, la presencia de unos amigos poco deseables, la familia política etc.). Como en el anterior caso debe discernirse que problemas tiene solución y cuales no la tienen. Respecto a aquellos que no tiene solución y forman parte de este grupo de problemas debemos añadir que muchas veces sobre lo que debe trabajarse es sobre diversos aspectos sobre los que si se puede cambiar. En el ejemplo de la distancia, tal vez se pueda pactar un régimen más asiduo de visitas; en el caso de las familias políticas tal vez se pueda cambiar la relación del “otro” respecto de los padres políticos, distanciándose más… Hay que reflexionar sobre si el cambiar determinadas conductas o acciones, pueden aliviar el disgusto que una determinada situación nos provoca.

Las conductas ligadas indisolublemente con una forma de ser, si están relacionadas con lo que el otro hace, es posible que menoscabe nuestra felicidad. Una vez valorados los problemas y si has decidido que hay "X" problemas solucionables, sólo te resta lo más difícil, decidir si la “lucha”, te merece o no la pena. Una vez marcada tu hoja de ruta de problemas a solucionar, debes de ser sincero contigo mismo y aceptar que no será un proceso fácil. Te tocará negociar, tal vez “meter la mano en algo sin curar” como diría RASH y no será un proceso fácil. Debes pesar en una imaginaria balanza el amor que tienes por la otra persona, pues solo desde el amor se puede afrontar el reto.

Busca un momento emocionalmente neutro. Ni de enfado ni de euforia. Ambos estados alterados no ayudan a tus fines.

Si sientes que tienes que reclamarle algo a la otra persona, recuerda la palabra ASERTIVIDAD. Debes ser firme en tus criterios y tu critica, pero debes respetar siempre al otro, a sus deseos y sus opiniones. Trata de seguir esta pauta: Afronta sin rodeos el fondo del asunto. No te calles, callarse es la sentencia de muerte de la relación.

DESPERSONALIZADO: recuerda que lo que te molesta es un hecho desligado de la persona que te lo hace. Si no es así quizás el problema lo tienes tú .Trata de usar verbos conjugados si el uso del pronombre personal. Me molesta ser despertado antes de la hora; o me molesta el desorden…no que tú desordenes o que me despiertes.

EMPATIZA: trata de concertarte de forma inmediata con el otro, hazle sentirse comprendido. Entiendo que cuando te levantas debes hacer algo de ruido; entiendo que al llegar tan cansado te cuesta un mundo ordenar. Hazle ver como te afecta su conducta: “El desorden me pone muy nervioso…”si me despierto tan pronto me siento más cansado a lo largo del día…”· Pídele que sea parte activa, no solamente del problema, sino de la solución. “¿Qué se te ocurre para poder evitar despertarme?... ¿Que podemos hacer para lograr un mayor orden…?”. Avisa de las consecuencias, a qué estás dispuesto y a qué no... Sé fiel a ti mismo: ES TU VIDA.

Si no buscas siempre soluciones que supongan una mutua ganancia, en las discusiones y conflictos siempre habrá un ganador y un perdedor. No es bueno ni sano redundar en el rencor y crear un peligroso poso de agravios. Buscad soluciones en las ambos seáis ganadores.

Cuida en extremo tu lenguaje corporal y verbal. Huye de todo lo que recuerde a una agresión. La asertividad supone mutuo respeto así que acompasa tu lenguaje con dicha intención. Si la otra persona pierde los nervios o grita, mírala a los ojos y di que no vas a continuar charlando a gritos. Si persiste deberéis dejar la conversación para otro momento.

Por último, recuerda que si ves con claridad que te falta amor o ilusión, o ves que los problemas no tiene solución o simplemente dicha solución “no te apetece”, debes tener el valor de afrontar que lo mejor para ambos es tomar caminos separados. Es duro, pero debes recordar que tu felicidad es un camino tuyo y que tú debes recorrer. A tu lado sólo caben aquellos que tú deseas. Respondiendo anticipadamente a tus preguntas, caso de decidir no seguir, te diré que, por supuesto, hay más mujeres en mundo y que también por supuesto, se puede ser feliz en soledad.

Un abrazo.

El Duque.
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