NO SOMOS ÁNGELES, NI DEBEMOS PARECERLO


Fotógrafo: Chema Pascual
Modelo: Enrique Perales

Hoy mismo empezamos a caminar. Después de tanta preparación creo que sinceramente te mereces escuchar algo diferente, por eso mismo vamos a hablar del origen de todo, no de cuando te dejó la novia, no de cuando te diste el primer beso con una chica, no de lo que ya estás más que acostumbrado a encontrarte dentro del mundo de las relaciones. Hablemos de antes de que tú y yo existiéramos, antes de que existieran nuestros padres, antes de que el hombre tal y como lo conocemos fuera llamado así. Seamos primarios y radicales, haciendo honor a nuestra condición natural masculina, sin preocuparnos de quién más que tú y que yo, pueda estar leyendo ahora mismo estas líneas. Partiremos de la mitología, porque quiero que te imagines una batalla, que cierres los ojos y que la sueñes, que la visualices, que te recrees en los detalles de una guerra que sucedió fuera de este espacio y de este tiempo, pero que según narra la mitología cristiana, estamos hoy aquí y ahora sufriendo las consecuencias de tal guerra. Es además, una guerra que continúa dándose una y otra vez, dentro de cada uno de nosotros y enseguida lo vas a entender independientemente de tus creencias.

La Batalla Celestial fue provocada por la rebelión de un Ángel hermoso llamado Luzbel, que lejos de aceptar su condición, estatus y privilegios, quiso ocupar un puesto que no le correspondía. Por orgullo y por soberbia, quiso ser alguien que no era porque era incapaz de aceptarse así mismo como tal. Su disgusto estaba originado en su no aceptación de su condición, en querer ser más que quien le creó, en aspirar a ser quien no era. En esta rebelión se formaron bandos: los que estaban de lado de Luzbel, los que estaban de lado de Dios cuyo ejército estaba comandado por el Arcángel Miguel, y los que sin tomar parte en la batalla… Se quedaron mirando para ver quien ganaba, los indecisos. ¿Esta narración de La Batalla Celestial te suena de algo?

Dime ahora, mirando dentro de ti, sin mentiras… porque nadie te está juzgando, en cuál de los tres bandos te sitúas cada día, dónde has elegido encajar tu vida dentro de esta batalla continua, que es a fin de cuentas, tu día a día, en tu interior y en la coherencia que tratas de vivir en cada cosa que haces:

LA NO ACEPTACIÓN DE TI MISMO: No sabes enfrentarte a tus limitaciones, no las aceptas y te gustaría parecerte, o ser como otra persona, porque crees que así serías más feliz. Antes de caer en la cuenta de tus capacidades, siempre te comparas con quien parece que tiene más éxito, te gustaría vivir su vida y todo el tiempo lo pierdes en querer parecerte a… Quien sea, o a envidiarle, o a pretender ser una segunda versión de alguien a quien admiras, sin plantearte ni un solo momento que esa persona, también puede tener sus demonios internos. Te quedas en la parte de fuera, en el marco de la foto. Deseando justo lo que no tienes. Buscas tu verdadero valor, porque lo ves fuera de ti mismo, porque no crees tenerlo. No soportas equivocarte, te da miedo y prefieres decir que todo está mal y que todo ha de cambiar menos tú.

LA ACEPTACIÓN DE TU CONDICIÓN: Hombre eres, hombre naciste y hombre seguirás siendo hasta que te mueras. Sabes que no eres perfecto, que cometes errores, pero eres consciente de ello y de tus capacidades, porque las tienes. Tienes unas herramientas que te ayudan a desenvolverte en este mundo: tu lenguaje, tu cuerpo, tu mente, tu inteligencia, tu imaginación, tu voluntad, tu capacidad de trabajo… Ya ves que tienes armas de sobra para pelear, las empleas en la medida de lo posible. En definitiva te gusta ser tú, eso es lo más importante, y ahora mismo no te cambiarías por nadie en este mundo. Sabes que tu valor está en ti mismo, tienes el valor que tú mismo te das y con ello juegas, sin esperar a que nadie te diga “Tanto tienes, tanto vales”. Sabes que te puedes equivocar cuando actúas, pero es la única manera de saber si lo estás haciendo bien o no.

LA ESPERA A QUE ALGUIEN DECIDA POR TI: Has delegado en alguien tu voluntad de decidir y actuar, porque no te ves responsable de tu bienestar, o esperas a que alguien te diga algo para reaccionar, hasta entonces no mueves un dedo. Esta persona que decide por ti, ya que no quieres sentirte responsable de ningún error, puede ser tu padre, tu madre, tu pareja, o un líder al que sigues. Necesitas que alguien te diga lo que tienes que hacer, que te den “permiso” porque no te quieres equivocar.

No te voy a dar una sola pauta, te voy hacer unas preguntas, que tú mismo has de responder, sin miedo a equivocarte, porque insisto, aquí nadie te está juzgando. Tus respuestas serán válidas, desde la primera hasta la última, porque son tus respuestas y te valen a ti y a nadie más. Buscándolas por ti mismo, sin que nadie te las de “al dictado” y equivocándote, porque nos equivocamos todos, vamos a perder el miedo a cometer errores, a caer, a ser nosotros en definitiva.

¿Qué es lo realmente importante para ti por encima de todo? ¿A día de hoy disfrutas de eso que es tan importante? ¿O simplemente es importante porque careces de ello? ¿Quién es la persona más importante en tu vida? ¿Qué te pesa más por dentro, lo que crees de ti mismo, lo que diga esta persona tan importante o lo que te diga cualquiera? ¿Te has planteado alguna vez desear apasionadamente aquello de lo que ya disfrutas? ¿Alguna vez has deseado ser otra persona? ¿Por qué lo has deseado si ese es el caso? ¿Cuáles crees que son tus cosas buenas? ¿Qué es lo mejor de ti?

Empecemos por aquí, partiendo de cero.
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