EL MOSTRADOR PROFESIONAL DE LA MUJER, por EL DUQUE

Imagen cedida por Lucía Ojeda

Según una encuesta realizada por Sigma 2, un 80% de las mujeres reconocen haber flirteado en el trabajo en alguna ocasión. Teniendo en cuenta, que en toda encuesta la mentira existe, podemos asumir que esa cifra es mucho mayor. La verdad es que el dato anterior en nada me sorprende y viene a encajar perfectamente en la idea de que la mujer siempre permanece en el MOSTRADOR y que en cierto sentido “ella siempre juega”. Siempre busca socializar y comunicarse con independencia del género de quién tiene enfrente. La mujer recurre al flirteo en su ámbito laboral esencialmente por dos motivos que podemos analizar a continuación:

COMO TÁCTICA LABORAL: Negar que en el ámbito laboral existe y sobre todo ha existido un fuerte machismo, sería negar la realidad. La mujer al integrarse en la vida laboral ha tenido que aguantar diversas desigualdades y dificultades que solo siendo mujeres podríamos comprender en toda su magnitud. Es cierto que, afortunadamente los tiempos han cambiado y seguirán cambiando pero debemos asumir que las primeras mujeres que empezaron a trabajar se encontraron un mundo hostal, cuando menos. Pronto, la mujer se dio cuenta de las reglas del juego y sobre todo percibió que no todo eran desventajas en ese mundo machista…el hombre es vulnerable a la belleza femenina. Siempre lo ha sido y siempre lo será, y la mujer se dio enseguida cuenta de que una posible arma de mujer era el buen uso de flirteo como medio para lograr sus fines. He de aclarar que queda fuera de esta exposición todas aquellas conductas inmorales y reprobables que todos somos conscientes que ocurren y han ocurrido en alguna ocasión.

No estamos aquí hablando de acoso sexual ni de un uso ilegitimo de la sexualidad. Era un posible arma, como arma es la superior inteligencia emocional de la mujer y ha sido y es utilizada a menudo. Las mujeres más profesionales, inteligentes y seguras de su talento profesional, lo usan de forma inconsciente, con cuentagotas y de una forma sumamente liviana. Las mujeres más inseguras o menos profesionales lo usan con descaro y de forma indiscriminada. Creo que todos hemos tenido compañeras de trabajo, vestidas con vertiginosos escotes y faldas indescriptiblemente cortas que dan un contenido sexual a cada gesto, sabedoras tal vez, de que para muchos hombres TODO ES SEXO. Como digo las mujeres más profesionales no lo usan de forma deliberada ni consciente, pero no pueden evitar tratar de lograr sus fines con todas sus fuerzas de persuasión y manipulación, incluyendo un saludable rango de coqueteo y digo saludable por qué el coqueteo es algo natural en la esencia femenina.

POR ESTAR EN EL MOSTRADOR: La segunda de las causas es la natural estancia de la mujer en eso que hemos denominado ”mostrador”. La mujer a diferencia del hombre cuando se empareja sale del mercado pero no se retira del escaparate. Necesita sentirse hermosa y en cierto sentido sentirse deseada. En directa proporcionalidad con el grado de inseguridad la mujer necesita la afirmación social, la integración y la aprobación, siendo especialmente sensible con respecto a su aspecto físico. Toda mujer necesita sentir admiración y esencialmente admiración por su físico aunque evidentemente también busque y anhele otras formas de admiración. Un método infalible de la mujer para “testear” su cotización y su grado de atractivo es introducir es sus interacciones un cierto grado de saludable coqueteo.

COMO FORMA DE COMUNICACIÓN: La necesidad de comunicación es humana. No entiende de género, raza o religión ; pero es bien cierto que en la mujer esta necesidad comunicativa es aún mayor y más acusada. Necesita y sabe comunicarse tanto con hombre como mujeres y además lo hace sin albergar necesariamente aviesas intenciones sexuales en sus acercamientos. En esto se diferencian bastante del hombre al que en demasiadas ocasiones, y para mí es penoso decirlo, se le enciende la bombillita con la palabra SEXO al hablar con una mujer más de diez minutos. La combinación de ambos factoras provoca que el factor flirteo aparezca de forma espontánea y sin pretensiones. La mujer en cuestión comienza a hablar con el de contabilidad por que siente la necesidad de comunicarse. El de Contabilidad, tras los primeros intercambios de palabras comienza a escudriñar el escote de ella y empieza a pensar…¿será que le pongo?. Como él parece un buen oyente y un buen interlocutor, ella se siente cómoda. A fin de cuentas esta alimentando lo que los expertos denominan comunicación informal. Sigue conversando y sonríe cada vez más. El de contabilidad ya la esta, a esas alturas, desnudando con la mirada… ¿pero no tenía novio?.

De forma inconsciente ella se percata de que poniendo una mayor dosis de sonrisa y aderezándolo con un cierto entronado de ojos él, se convierte en un mejor oyente y que incluso de seguir así la interacción, es probable que al fin él, le haga ese horrendo informe que ay que entregar mañana. Termina la conversación y mientras uno sigue pensando en sexo la otra simplemente esta a gusto por qué sus interacciones sociales han sido un éxito.

Para muchos lo aquí expuesto les puede parecer mal e incluso puedan sentir esa punzada que dan los celos, al pensar que tal vez su chica este en ese 80% que flirtea. Antes, tal vez, de ponernos nerviosos tal vez debamos repasar lo dicho anteriormente para acabar concluyendo que existe un natural y saludable flirteo que toda mujer practica y practicará siempre. Un flirteo desprovisto de toda intención sexual aunque a nosotros como hombres nos cueste entenderlo. Por supuesto que hay otra clase de flirteo que busca en definitiva jugar al juego más viejo del mundo, pero tal vez, sobre todo los hombres, tendríamos que aplicarnos en distinguir uno de otro.

Un abrazo.

El Duque.
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