ETIQUETAS QUE ARRUINAN UNA RELACIÓN

Imagen cedida por Lucía

Un ligue, una amiga, una novia, un novio o una pareja, una esposa, el marido o una divorciada, un divorciado, una viuda o un viudo… ¿Hablamos de la misma persona? Desde luego que no, pero una persona puede pasar por cada uno de estados en sus relaciones de pareja a lo largo de su vida y por eso no deja de ser la misma persona. ¿Por qué entonces nos comportamos de forma distinta? ¿Por qué vemos estos estados como patrón de medida para tratar y actuar con la mujer a la que amamos? De igual forma, ellas con nosotros… No es lo mismo decir “mi amigo” a “mi novio”, aunque ella te quiera con el corazón y con el alma.

No comportamos, actuamos y evaluamos a nuestra pareja en función de estas etiquetas. Seguro que te resulta familiar la siguiente cita célebre: “No eres la misma persona con la que me casé” … A mi, si estuviera casado y mi mujer me dijera eso, yo le respondería: “Somos las mismas personas, pero ahora ya nos comportamos igual que cuando éramos novios”. Como decía Santi Rodríguez en uno de sus monólogos:

"Hay que ver lo difícil que es dejar embarazada a tu mujer… Que te tienes que plantear el ir a por el niño, tratamientos de fertilidad, mirar el calendario, etc. Y en cambio, lo fácil que es dejar embarazada a tu novia: que si el marcha atrás, que si se te rompe el condón, que si un polvo mañanero y un descuido…" ¿Acaso cuando te casas con tu novia y pasa a ser tu mujer deja de ser la misma persona? ROTUNDAMENTE NO. Aquí vamos a echarnos las culpas a nosotros primero, que para eso hemos de liderar y ser responsables:

LA TENDENCIA DEL HOMBRE: Tras el compromiso, nos invade una extraña sensación de relajación y conformismo: EL CANDADO y en especial tras el “Si quiero” parece que jamás va s a poder ver a tu novia de la misma manera, ni ella a ti. No es un cambio ni a nivel físico, ni a nivel emocional, si no a nivel consciente, racional que distorsiona nuestra percepción. Nos convencemos de que ese instante es un punto de inflexión, cuando lo único que hemos hecho ha sido formalizar un trámite legal o religioso, que para nada debería condicionar la visión que tenemos de la mujer a la que amamos.

LA TENDENCIA DE LA MUJER: Aquí sobre todo interviene EL COMPORTAMIENTO REFLEJO FEMENINO, que devuelve el mismo comportamiento cuyo combustible le damos con nuestro liderazgo, o con la ausencia del mismo. Si que hemos de mencionar, porque si son importantes los cambios que ella sufre a nivel neuro-hormonal después del primer embarazo… Contra esto no hay lucha que valga, es EL SEGUNDO PLANO, pero… de igual forma ella seguirá devolviendo un comportamiento coherente al nuestro.

Imagen cedida por Lucía

Te voy a poner un ejemplo claro: Imagínate que estás en una fiesta de turismo, en las que suelen abundar mujeres muy atractivas. Un compañero de trabajo te presenta a tres amigas suyas: la primera se llama Beatriz, tiene 26 años y es soltera, es azafata de vuelo con novio; la segunda se llama Carmen, tiene 30 años, también es azafata, pero está divorciada y tiene un niño de 2 años; y por último te presentan a Elena, tiene 32 años, es administrativa y está separada sin hijos. Las tres son realmente atractivas, y por el hecho de que te las haya presentado tu amigo ya te has ganado algún punto extra, ya que el hecho de presentártelas a ti, es algo que te suma un valor añadido y una validación sin test de eliminación previos.

Las tres van a estar en Madrid por dos días, y tu compañero te invita a ir en grupo para enseñarles vuestros sitios preferidos. La cosa pinta bien en un principio, pero… ¿A por cual irías de las tres? Imagínatelas como quieras, pero con esos datos de partida que te he dado. Probablemente te plantees posibilidades con alguna de las tres, sabiendo cuál es la circunstancia particular de cada una de ellas, y qué es a priori lo que pudieras esperar, si al final sientes más afinidad con una de las tres en concreto. Esta es la palabra: CIRCUNSTANCIA, en palabras de José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Probablemente (quizás si o… No) partirás con el prejuicio de evitar mujeres con hijos, con novio, separadas o divorciadas…¿si? ¿no?

Entonces según esta imagen que te has hecho de cada una y del CONCEPTO que tienes de su situación ¿No irías a por ninguna? ¿creerías que no tienes posibilidades o que es mejor evitar una relación que pudiera trascender por “el nombre y apellido” que tiene cada una? Entendemos por “nombre y apellido” a su personalidad y a su estatus. Pueden tener una personalidad muy atractiva y arrolladora, pero un estatus que te eche fuera.

ESTA BATALLA DE OPCIONES, SOLAMENTE ESTÁ EN TU MENTE, NO ES REAL, TEN BIEN POR SEGURO QUE NO. DATE CUENTA QUE DÁNDOLE MÁS PESO AL ESTATUS, PUEDES ESTAR PERDIENDO LA OPORTUNIDAD DE CONOCER A UNA MUJER EXCEPCIONAL. ¿A por cuál voy Arcángel? Me podrás preguntar… Yo te responderé que a por aquella que te atraiga de verdad, sin plantearte más disyuntivas, la atracción no es racional: NUNCA LE DES MÁS IMPORTANCIA A LAS CIRCUNSTANCIAS Y AL ESTATUS, QUE A LA PROPIA PERSONA EN SI. Si lo haces, estás echando a perder quizás en primer lugar, la relación que disfrutas con la mujer a la que quieres a día de hoy, o peor, vas a castrar el impulso verdadero que te empuja a acercarte a una mujer, cuando ésta te atrae de verdad.

Si en el momento que te comprometes con una mujer, si de verdad decides dar ese paso, e instantáneamente, después de decir el “Si quiero” crees erróneamente que algo ha cambiado, estás empezando a matar aquello precisamente por lo que te has unido a ella, aquello por lo que la deseas, por lo que te sientes atraído por ella. Lo principal es la persona, las personas se enamoran unas de otras porque están vivas y sienten, las circunstancias, el estatus y los estados civiles solamente son etiquetas no están vivos, no sienten, y siendo realistas, pueden condicionar, pero nunca determinar. La última palabra la tienes tú, no la logística, ni la edad, ni su estado civil, ni un diploma universitario, ni mucho menos un contrato de matrimonio.

Un fuerte abrazo.


Arcángel.

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