ESTABAN AMBOS DESNUDOS, ADÁN Y SU MUJER… Y NO SE AVERGONZABAN, por EL DUQUE

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Sexcode, La Seducción Científica, ha arrasado literalmente en China y la verdad es que me alegro. A fin de cuentas todos los que formamos parte de esta Comunidad, tenemos el derecho de alegrarnos por el éxito de Mario Luna. Pero no todo me parecen luces en esta noticia. Hay un transfondo que me llama poderosamente la atención y me parece, sin duda objeto necesario de análisis.

¿Por qué un libro-manual de seducción arrasa en ventas en el mundo?. ¿Por qué millones de hombres se lanzan a comprar el libro?. Creo que la respuesta la sabemos todos un poco… PORQUE LO NECESITAN. Hay en el mundo entero un sentimiento por parte del hombre de soledad, de desamparo, de ineptitud respecto al sexo opuesto. Es como si “el secreto” de cómo ligar, de cómo tratar con las mujeres haya sido escondido, ocultado, apartado, codificado para que sólo unos poco privilegiados pudieran verlo y conocerlo. La sociedad moderna, lejos de solucionar este problema lo ha incrementado. Cada vez es más fácil conectarse con medio mundo mediante un Chat, pero cada vez es más complejo conversar con el vecino. Podemos tener cibersexo con una desconocida pero no preguntarle la hora a una chica en el autobús… Y entre todas estas cosas el hombre se siente SOLO y además se siente INCOMPRENDIDO por la mujer.

El hombre moderno siente el abismo de su vacío y siente que la mujer es un ser extraño y complejo y las relaciones humanas una suerte de aventuras, desventuras; y complicadísimos enigmas de difícil o imposible solución. El hombre necesita (o eso parece) libros, manuales de cómo hacer una de las cosas para las que fue creado… relacionarse con las mujeres y tener hijos.

En el Génesis parece estar la repuesta, o más bien diríamos en la caída (cuando Eva y Adán comen el fruto del árbol prohibido). Al principio Dios creo al Hombre, y vio que no era bueno que el hombre estuviera sólo y creo a la mujer:

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y allegarse ha a su mujer, y serán una sola carne”.

“Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”.

O sea, que en el paraíso no había problemas. Estaban los dos “empelotados” todo el día y allí el problema no existía… Es tras morder la manzana cuando empiezan los problemas, las incomprensiones y los dilemas. Y así hasta nuestro días dónde los hombres compramos sin cesar libros y manuales que nos abran cual mágica llave la entrepierna de alguna mujer.

Como bien dice el Génesis, relacionarse, ligar, seducir, conocer (en el sentido bíblico) e interactuar en general con mujeres, es una habilidad con la que nacemos, pues a fin de cuentas es algo de lo más natural. El problema viene justo después. Ya en la cuna, el comportamiento de nuestros padres, muchas veces errático, nos “mete en el disco duro” determinados sentimientos o pensamientos auto limitativos. Dependencia excesiva, miedo, falta de afecto, incapacidad afectiva. Lejos de mejorar la situación durante la niñez y pubertad tiende a empeorar y vamos adquiriendo malos hábitos emocionales o de comportamiento que nos alejan del “camino natural”.

El hombre hoy en día, tiene en muchos casos PROBLEMAS DE COMUNICACIÓN con las mujeres. No la ve como un igual y le da miedo hablar con una desconocida, entablar determinadas conversaciones o sencillamente conocerla. Existe miedo, miedo al denominado abordaje (no me gusta nada esta palabra pues implica algo hostil); miedo al rechazo, a hacer el ridículo, miedo a las situaciones sociales intensas, miedo a expresar los deseos, miedo al contacto físico, etc.

Cada uno de estos miedos ancestrales, tienen su origen en el propio origen de la humanidad pero responden más bien a patrones obsoletos y desactualizados. Eran patrones muy útiles en un mundo hostil llenos de peligros objetivos para nuestra integridad física, pero carecen de validez para nuestro mundo actual dónde lo más grave que pude ocurrirnos es que una chica estupenda no nos dirija la palabra. Hay cientos de estudios que avalan la mala relación que tiene nuestro cerebro con el rechazo. Huimos del rechazo y de incluso la mera probabilidad del mismo. Es un mecanismo de autoprotección que muchas veces nos limita absurdamente.

Analizándolo fríamente… ¿Qué perdemos por qué una rubia estupenda nos diga que no?. Probablemente, salvo que esa rubia sea nuestra jefa o la madre de nuestros hijos en nada afectará a nuestra vida un no de más o de menos. Como dice uno de mis proverbios más usados. “El no ya lo tienes” por lo que no hay peor fracaso que no intentarlo. Una de las cualidades que debe atesorar el hombre moderno es la de prescindir del orgullo y recurrir a la autoestima, que aunque parezcan lo mismo, en realidad son realidades bien diferentes. Una persona con alta autoestima no requiere la aprobación ajena y por tanto su amor a si mismo no sucumbirá ante un rechazo. El hombre orgulloso necesita un “SI” para amarse a si mismo y el rechazo es un fantasma horrendo con el que no quiere toparse jamás.

Como hemos dicho, otro de los miedos es a la correcta expresión de nuestros deseos. El miedo a ser sinceros y congruentes con nuestros deseos. Al tratar con mujeres, muchos hombres actuales buscan excusas, complejas técnicas seductivas o largos rodeos para llegar a un punto bien concreto. Como me dijo mi madre hace ya mucho años, justo antes de invitar al cine a la que fue después mi primera novia: “Todo dicho con educación es válido”. ¿Qué tiene de malo descolgar el teléfono para invitar al cine a una chica aunque no os conozcáis mucho?. Si ella te puede rechazar (a mi me rechazaron en aquella primera ocasión) pero jamás se ofenderá y es más; a lo mejor a partir de ese día te ve con ojos distintos y cuando te conozca más y crea que está preparada sea ella la que te invite. No hay nada raro ni malo en expresar un deseo y en actuar de forma congruente con él.

Otro miedo es al mero contacto físico. Al igual que en el anterior caso diremos que todo hecho con educación es válido. Tocar a una mujer (u hombre) no es hacer una estrategia de escalada; es comunicación física humana; besar a una mujer es una forma absolutamente normal de expresión cuando hay atracción y por tanto, intentar besar a una mujer es algo totalmente normal y lícito.

Un abrazo.


El Duque.
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