EL CINTURÓN DE CASTIDAD, por EL DUQUE


Antes en la Edad Media, cinturón de castidad
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¿CUÁNDO Y POR QUÉ, LOS HOMBRES NOS DESVIAMOS DEL CAMINO? ¿CUÁL FUE EL MOMENTO EN EL QUE METIMOS LA PATA? ¿CUÁNDO NOS GANÓ EL MIEDO? ¿DÓNDE ESTÁ EL ORIGEN DE LA ACTUAL SITUACIÓN DEL HOMBRE CON RESPECTO A LA MUJER EN EL MUNDO? ¿CUÁL FUE EL PUNTO DE INFLEXIÓN? Estas son preguntas sin una respuesta clara, pero con muchas posibles: Podemos analizar este tema con la perspectiva histórica necesaria. Si nos remontamos a nuestros ancestros bien podríamos decir que, estos partieron de una igualdad de sexos sorprendente para muchos. El papel social de la mujer, si bien diferente al del hombre tenía gran trascendencia. El hombre era cazador y la mujer recolectora y madre. Esta papel, como digo era diferente al del hombre pero de gran relevancia social. De hecho hay constancia de una gran variedad de sociedades matriarcales. La mujer disfrutaba de un alto estatus social y, también en muchas sociedades de una gran libertad sexual.

Es tras el descubrimiento del arado cuando, según diversos estudios entre los que destaco a la antropóloga Helen Fisher, cuando dicha situación cambia de forma radical. La mujer pierde su independencia económica y por tanto, pierde esa condición de igualdad de la que había disfrutado. El hombre poco a poco y siguiendo también sus instintos busca “controlar” a la mujer y relegarla a un segundo plano.

El hombre entonces descubre que dicha subordinación de la mujer es en realidad buena para sus fines, de asegurarse una madre para sus hijos, atenta, abnegada y que renuncie a cualquier tipo de diversidad sexual. Obviamente el propio instinto del hombre hace que desee a toda costa la exclusividad de su semen. Existen múltiples pruebas de cómo durante toda la historia universal han existido en culturas muy diferentes, diversos medios destinados a constreñir la poderosa sexualidad femenina: el cinturón de castidad, la ablación y demás medidas o agresiones, adoptadas por maridos y padres, consecuencia del miedo y la inseguridad. En esas circunstancias se empieza a perpetuar un sistema en el que los hombres dominantes (Alfa) tienen una o más mujeres.

Esas primitivas situaciones se vinieron perpetuando durante miles de años e incluso en el mismo siglo XX la mujer aparece como alguien con un papel claramente secundario, alejada de toda posibilidad de independencia económica (no trabajaba o su trabajo era muy secundario), con subordinación e incluso bajo tutela del marido (hasta hace apenas 30 años en España una mujer sólo podía separase si quedaba bajo custodia…), sin participación política (es muy reciente el reconocimiento del derecho de sufragio) y sin libertad sexual (Aún hoy en día el adulterio femenino es penado con la muerte en diversas culturas…).

La mujer aparece así pues como un ser humano de segunda, cuya principal misión en la vida es prepararse a ser madre y esposa. Para ello conservará con mimo su virginidad y se adaptará a los gustos y deseos del hombre. Es obvio que en esta época el hombre es el primer sexo pues “amolda” a la mujer a sus gustos y deseos.

Sin embargo y gracias a años y años de lucha femenina, NO NECESARIAMENTE FEMINISTA, la mujer ha ido ganando peso específico. Esencialmente conquistando en primer término la tan imprescindible INDEPENDENCIA ECONÓMICA. La mujer dotada de la necesaria autonomía ha comenzado a ser plenamente consciente de sus propios deseos e inquietudes. De improvisto cambian las tornas y la mujer hace valor una realidad biológica. La mujer es selectiva, el hombre indiscriminado.

El poder de selección real hace que el hombre actual deba, si se me permite el vulgarismo, “currárselo”. La mujer vuelve a elegir (como en la prehistoria) y quiere a alguien que cubra sus necesidades… TODAS SUS NECESIDADES. La mujer actual desea, por supuesto al HOMBRE ALFA… Entendiéndolo como hombre genéticamente superior. Desea al hombre con ESTATUS, que suponga una expectativa de mejor calidad de vida para sus futuros hijos, desea al hombre INTELIGENTE, como síntoma de mejores posibilidades de éxito vital; al SOCIAL, al hombre que tiene FUERTE PERSONALIDAD, que garantice seguridad.
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Ahora en la actualidad, usuario y password

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La condición de “madre potencial” que toda mujer lleva dentro cambia en parte la ya célebre Pirámide de Maslow. Para la mujer la seguridad y bienestar de sus hijos reales o potenciales es un principio básico y dicha necesidad comparte protagonismo con las tradicionales necesidades de Maslow. Como hemos expuesto el hombre perdió a lo largo de la historia la costumbre de relacionarse con mujeres con necesidades propias y diferentes de las necesidades masculinas… Ante este reto el hombre se ha desorientado del todo, no sabe que hacer y son diversos los errores que comete y que podemos analizar someramente:

TIMIDEZ EXAGERADA CON LAS MUJERES: Tiene su origen en dos hecho igualmente relevante. Por una parte en la prehistoria las posibilidades de aparearse eran menores y ser rechazado por una mujer era poco más o menos como quedarse para “vestir Santos”. Por otra parte durante siglos comunicarse como igual con la mujer, sencillamente no era necesario.

MENTALIDAD DE ESCASEZ: Típico del hombre. El mayor poder que a la mujer le otorga su natural carácter selectivo hace que el hombre muchas veces vea a su objetivo sexual como alguien único e irrepetible.

OBSESIÓN: Conducta, también típicamente masculina y efecto secundario del enamoramiento. Supone la idealización de la amada y su cuasi literal subida a los altares. Las hormonas que interviene en los procesos “amatorios” tiene gran parte de la culpa…pero nosotros podemos racionalizarlo y evitarlo. La mujer curiosamente hormonalmente también siente dicha idealización pero tiene un comportamiento más pragmático. Sencillamente si el hombre objeto de sus “desvelos” no llena sus necesidades, buscará otro que lo haga.

OBSESIÓN POR EL SEXO, POR CONQUISTAR, LIGAR, ETC.… Aquí nuestras hormonas nos juegan malas pasadas y nuestra biológica necesidad de expandir nuestra semilla se cruza con una mujer que tiene una percepción absolutamente distinta de la sexualidad. Como hemos dicho, la sexualidad femenina es más potente que la del hombre pero no debemos olvidar que culturalmente no hace tantos años que las relaciones sexuales están desligadas de la procreación. Para la mujer una relación sexual es más “peligrosa” y por tanto seleccionará cuidadosamente sus compañeros de cama. El hombre siente, sin embargo el impulso sexual y siente un irrefrenable deseo de manifestarlo. Biológicamente no es selectivo.

MIEDO AL RECHAZO: Este uno de los miedos que más atenaza al hombre moderno. Nuestro cerebro, cuco él, detesta el rechazo pues supone un dolor para el ego. Este miedo al rechazo unido a una mujer libre para elegir y que elige hacen muy malas migas y el hombre reprime u oculta muchas veces algo tan natural, normal y saludable como es el deseo y su total expresión.

BÚSQUEDA EXAGERADA DE LA APROBACIÓN: Ese carácter exigente de la mujer lleva muchas veces al hombre a buscar su aprobación y amoldarse a lo que desea la mujer ignorando que haciendo eso pierde gran parte, por no decir todo su atractivo. La mujer tratará de arrastrar siempre al hombre a su propia zona de confort, a un terreno de sumisión a sus necesidades, pero lo que no puede evitar es que su propio instinto de supervivencia, de selección, le lleve a ver a ese hombre sometido, como poco atractivo. A fin de cuentas alguien que se deja someter no puede ser ese fuerte apoyo que ella necesita/desea.

Como ya hemos dicho en innumerables ocasiones el hombre moderno debe tratar de, y cito textualmente nuevamente a Maslow, de auto realizarse, debe buscar cubrir sus propias necesidades y luego y sólo luego tratar de de cubrir las de su pareja.

Por tanto, toda esta elucubración debe servir para comprender que en realidad todo este proceso trata de volver a la esencia de lo natural dónde hombre y mujer crezcan juntos y se relacionen con la mayor naturalidad posible, como dos iguales aunque muy distintos. Debiendo aceptarse con normalidad esas diferencias.

Un abrazo.


El Duque.
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