MATAR AL "QUIERO Y NO PUEDO" O PERDER EL TREN

Están resultando unas Navidades muy frías y áridas, mucho más de lo que yo pensaba. La venida de estas fechas acompañadas por el frío y en gran medida por una soledad conveniente aunque no del todo deseada, prácticamente me obliga a hacer una revisión de mi mismo. Lo cierto es que cuando me encuentro en el desierto de las emociones, es cuando quizás pueda ser más objetivo. Esta mañana cuando iba a trabajar lo he visto bien claro con una imagen: Como siempre llegaba justo a coger el tren en la madrileña estación de Príncipe Pío. Ni que decir tiene, los que hayáis pasado por ahí en invierno que es uno de los lugares más fríos de Madrid, esos andenes del demonio. Salía del metro corriendo como casi siempre y ya había subido las escaleras, cuando estaba entrando en el andén veía ya como se alejaba mi tren… En las mismas narices. El andén quedaba absolutamente desierto, con este frío de diciembre mientras el tren se alejaba. Miré el reloj y ya era tarde para esperar al siguiente, además en el trabajo no están las cosas como para llegar tarde.

Esta era la imagen: una estación casi desierta y fría, un tren alejándose y yo sin poder moverme de allí… ¿A esperar al siguiente tren? Creo que esta imagen es muy gráfica para la vida de muchos de nosotros, en la que hay momentos en los que te puedes sentir tentado de encogerte de hombros, resignarte y quedarte parado esperando a que llegue el siguiente tren. Y mientras que llega, pasando frío y sin moverte hasta que se digne a parecer alguien por ahí. Nunca lo había visto tan claro hasta el día de hoy, en el que se me ha debido quedar cara de película mala, cuando he visto al tren irse en mis narices. He mirado el reloj y quedaban unos 15 minutos para llegar al trabajo, o sea, imposible.

He ido corriendo a un cajero y he parado al primer taxi que he visto. Afortunadamente, no he tardado ni esos 15 minutos de margen en llegar, y he podido estar puntualmente. Si me hubiese quedado más tiempo esperando, la media hora tarde no me la quitaba nadie. Me gustaría traducirlo para que lo vieras mejor, he tenido que hacer un esfuerzo, que en principio no me hace gracia, puesto que no me sobra el dinero para ir cogiendo taxis, pero era eso o estar de pasmarote congelado, llegar tarde y no estar a punto. Es un ejemplo muy simple, pero es la vida misma, que en realidad es sencilla. No hay que buscarle tres pies al gato para ver reflejados en lo cotidiano, las actitudes más importantes para despertar de la incongruencia.

No quedarse encogido de hombros a veces es difícil, resignarse y conformarse a esperar para coger el siguiente tren siempre será más cómodo, pero como cada decisión que tomamos, acarreará unas consecuencias, que quizás no solamente te afecten a ti o a mi, si no a más personas. Cuando tienes la sensación de que hay cosas que no dependen de ti... Me viene a la mente la idea QUERER Y NO PODER. Si somos realistas, hay cosas que no dependen de nosotros y en las que podemos influir muy poco, como pueden ser la voluntad de nuestra pareja, las decisiones de nuestros jefes en el trabajo, que suba el euribor, que baje la gasolina, el malestar de un amigo… Cosas que no dependen de nosotros, pero que en cambio nos afectan directa o indirectamente.

En cambio hay otras cosas que sí que podemos hacer para manejarnos en el escenario que se nos presenta, y que entran dentro de nuestros grados de libertad: ser coherentes con nuestros deseos en pareja, no renunciar a nada, llevar nuestro trabajo al día, coger menos el coche si la gasolina está por las nubes, etc. Al fin y al acabo es adaptación, simple ¿Verdad? ¿De verdad ha de ser todo tan complicado? Honestamente no lo creo. El tiempo que gastamos en quejarnos, resignarnos o en encogernos de hombros, lo podemos usar en utilizar estos grados de libertad, en tomar decisiones que mejoren nuestro estatus, dentro de un escenario que muchas veces no hemos podido elegir. Entiendo que si hay que morir, hay que morir con las botas puestas.

Algo tan simple como perder el tren esta mañana… ¿Tengo que quedarme forzosamente parado sino salen las cosas tal y como las espero? Me niego a ello, al menos mientras tenga cabeza, medios y recursos. No soy una persona a la que le salga todo a la primera y que llegue y bese el santo, es más, muchas veces he tenido la sensación de que me costaba más que a los demás cumplir mis objetivos, pero de momento, la verdad es que no me va mal. A la hora de la verdad lo que se tiene en cuenta son los resultados y no el procedimiento. Ser fiel a un procedimiento, una metodología, una ideología política, unas creencias o una escala de valores, jamás te va a garantizar el éxito, o los resultados que estés buscando. Solamente te garantizará que has sido coherente, nada más.

Hay momentos, en los que te vas a dar cuenta que tu escala de valores y prioridades no te funciona, o mejor dicho, que te hacen obtener unos resultados que no son los que quieres obtener. El procedimiento puede ser correcto o incorrecto, los resultados nunca mienten. Más sencillo y con un ejemplo muy gráfico: Si sales todos los días de casa a la misma hora, coges el metro, el tren y el autobús para llegar al trabajo, un fallo o un retraso por el camino en cualquiera de esos tres puntos, puede hacer que pierdas el siguiente y que en efecto llegues tarde… Siguiendo una rutina diaria, no tienes por qué obtener siempre los mismos resultados, ya que esas variables en realidad no dependen de ti.

A diferencia de estas variables, tus valores y tu toma de decisiones sí que dependen de ti, y es en lo que realmente puedes volcarte, cambiarlos, sustituirlos, mejorarlos, priorizarlos para adaptarte al momento presente. Es la diferencia entre esperar al siguiente tren o hacer algo para que la situación cambie, saltándote tu rutina, tus hábitos, si en realidad lo ves necesario. Hay que matar al hombre viejo resignado y conformista, a aquél que se quedaría esperando sin hacer nada por poner solución a su situación, aquél que dice que ya es muy viejo para cambiar, a aquél que prefiere no hacer nada antes que equivocarse.

Un fuerte abrazo.


Arcángel.
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