EL VALOR DEL FISICO

Imagen cedida por Lucía Ojeda

Hace poco uno de vosotros me pidió que hablara del tema físico. Lo haré desde mi experiencia y a la vez teniendo en cuenta que quien os habla es muy "del montón" físicamente hablando, y que además no es algo a lo que le preste una especial atención, en cuestiones de gimnasio, como ya habréis podido comprobar los que me conozcáis en persona o hayáis visto alguna foto mía circulando por ahí. Como curiosidad os diré, que un miembro bastante reconocido de la Comunidad de Seducción Española, me dijo hace algún tiempo cuando salíamos a ligar, que prefería salir con compañeros menos agraciados que él físicamente, ya que daba por hecho que las chicas iban a prestarle más atención al que tenía mejor físico por sistema. Obviamente, no me puedo poner bajo la piel del hombre guapo irresistible, ni tampoco quiero tratar este tema con generalidades, por eso me sitúo como sujeto en este experimento.

Para esto tengo que empezar a hablar de VALIDACIÓN, en las distintas épocas en la vida de un hombre, que como ya os he dicho no es especialmente agraciado físicamente. Precisamente por esto, me resulta muy difícil aislar el físico del conjunto total, ya que cuando seduces NO SE TRATA SOLAMENTE DEL FÍSICO, hay que considerar todo el conjunto. El físico llama la atención, pero no es determinante, puede pesar más o menos SEGÚN LA PERSONA, pero tomarlo como valor de referencia, insisto, es un error.

PUBERTAD: Empecemos por la crisis de identidad y una necesidad de validación ajena prácticamente constante. Aquí el pequeño Arcángel, es un adolescente inseguro, con la cara llena de granos, tímido, infravalorado por sí mismo y que nunca ni si quiera ha besado a una chica. No me veía normal, ya que todos mis amigos eran más altos que yo, por aquél entonces estaba bajo tratamiento endocrino, debido a mi baja estatura y a un ligero sobrepeso. Me limitaba a estudiar, a ir a la academia y a ver la tele por las noche. Una vida social sin pena ni gloria, dedicada casi exclusivamente a los estudios. De vez en cuando salía con mis amigos, pero al ser más bajo que el resto, y más aniñado físicamente, siempre tenía problemas para entrar en las discotecas. No bebía ni fumaba, por eso mismo muchas veces optaba por quedarme en casa, ya que mis amigos si que lo hacían.

Este patito feo se cuestionaba prácticamente todo lo referente así mismo, tenía el centro de mi valor en la opinión de mis amigos y de las chicas. Pretendía a toda costa gustarles a ellas y me encuadraba bastante en el marco CALZONAZOS MARCA DISNEY de autoestima cero, siendo bueno, disponible, accesible… Simplemente porque no me veía tan guapo, tan alto o tan fuerte como el resto, trataba de compensar, buscando constantemente validación que me quitara el complejo de inferioridad en cuanto al físico que tenía. A todo esto se añadió un acné virulento que tardó tres años en curarse, y que cada vez iba a peor. Esto definitivamente, me sacó del mercado, ya que ni si quiera quería salir al instituto o a la calle, ya que cuando lo hacía veía reflejado en la mirada de los demás, lo que llevaba en la cara. Ya hablando de chicas, si antes había cero, ahora era en negativo. Trataba por todos los medios de ser el mejor en lo que podía hacer, ya que no podía contar con el factor físico para llamar la atención de ninguna chica, pero bueno… Como si no existiera.

ADOLESCENCIA TARDÍA: Se me empezó a curar este acné virulento y empecé a salir con los amigos de mi hermano, a dejarme el pelo largo, a beber y a volver a casa a horas indecibles. Aquí encontraba validación por parte de este grupo, mis amigos del barrio, y de hecho, ahí estaba centrada mi seguridad. Seguía sacando buenas notas porque cuando había exámenes me retiraba como un monje a estudiar, pero empecé a ligar con las primeras chicas. En este grupo, éramos todos muy “machotes”. Un día sin hacer nada, por lo visto le gusté a una y se me tiró encima literalmente. Nunca me había pasado algo así y de momento recibí toda la validación habida y por haber que necesitaba, para sentirme hombre. Llevaba el pelo largo, seguía siendo buena gente, pero estaba más seguro, estaba de mejor humor, socializaba más y el hecho de pertenecer a un grupo me subió mucho la autoestima, me validó. Así que seguí en la línea.

Pocas semanas más tarde, otra chica se me volvió a tirar encima literalmente… Si, literalmente encima y sin darme ocasión a decir si o no, prácticamente me violó. De nuevo no había hecho absolutamente nada por gustarla, ni a ella ni a la anterior, pero me empezaba a sentir diferente y empecé a coger un marco mental de “Soy el puto amo porque las tías vienen por mi”. Me llegué a ver hasta guapo, fíjate lo que te digo, pero todo era porque yo lo creía, NO PORQUE FUESE ESPECIALMENTE GUAPO. En esta época la validación la recibía por mi aparente éxito con las chicas, mis primeros pinitos con las mujeres.

UNIVERSIDAD: Ingresé en una escuela de ingeniería y me volví a encerrar en los libros y en las academias. El tema de las chicas pasó a un segundo plano. Eso sí, me enamoré de una en esa misma universidad, pero ella se enrolló con uno de mis mejores amigos, eso sí, más alto, más chulo y más guapo… Volvieron mis fantasmas del pasado y creyéndome menos físicamente hablando, por compararme con los altos y guapos, volví a convertirme en un NICE GUY. Salía con un amigo de vez en cuando a ligar, pero yo no ligaba nada, absolutamente nada. También me comparaba con él, que si era objetivamente guapo y cachas de gimnasio. Al poco conocí a unos misioneros católicos y mi escala de prioridades cambió por completo. Empecé a pensar en otras cosas. Supongo que en esa comunidad religiosa volví a encontrar de nuevo la validación que había perdido.

Aquí voy a ser bastante cruel, había poca gente guapa o físicamente atractiva dentro de esta comunidad religiosa. Se podría decir que allí yo era de lo mejorcito, había muchas chicas a las que conocer, pero era otro rollo. Allí mi baza, era que yo era bastante diferente al resto de los chicos o de los misioneros, o sea… No era un mojigato, hablando claro y en un país de ciegos, el tuerto es rey. En este caso mi validación en cuanto al físico, venía de compararme con el resto de este círculo, ya que en este sentido allí nadie cuidaba demasiado su aspecto y no era difícil resaltar. Fue allí donde conocí a mi primera relación seria.

EDAD ADULTA: Después de haber vivido un poco, tengo que decirte que el físico merece la atención justa. Un buen físico es síntoma de buena salud, me gustaría que lo enfocases así, pero que en ningún caso, bases tu juego en él o creas firmemente que tu atractivo depende de ello. ¿Soy un hombre afortunado? Pues si y no: lo cierto es que siempre he estado con mujeres muy atractivas, pero como diría mi padre, ha sido por “echarle huevos” y no desanimarme cuando no me salía a la primera, siendo insistente, directo y siempre correcto. Cuando peor me ha ido ha sido cuando no he mostrado mis verdaderas intenciones o he actuado de forma que no quería que se me notase. No por arreglarme mucho o por haber ido al gimnasio, o haber salido más o menos afeitado, o con el pelo más corto o más largo, he ligado más o menos.

Simplemente veo el físico como un factor más, y hablar del físico de forma aislada, como ya puedes ver me resulta difícil, sin asociarlo a otros valores. El carisma, es mucho más poderoso que el físico, para que lo entiendas, y el carisma precisamente lo da la congruencia, en conjunto con todos tus valores y tus facetas cuando eres consecuente con tus deseos, voluntad e intenciones. Mira, para que me entiendas, cuando entro en un local, no llamo la atención, ni mucho ni poco, soy uno más. Pero a menos que lleve una ropa concreta, o quiera efectivamente llamarla. Me gusta mucho vestir de negro, de blanco, vestirme de forma ambigua, los complementos… Pero es que eso tampoco es físico, pero me diferencia, porque es mi estilo, mi carisma, mis colores… Es más, y para que te rías un poco, el otro día fui a una fiesta con ella y me arreglé a conciencia. Ella estaba guapísima, perfecta, conjuntada, preciosa… Y me dio mucha rabia que no me dijera nada en cuanto a lo “guapo” que me había puesto. Reventé y le dije: “¿Cuándo me vas a decir lo guapo que vengo?”. De hecho estaba buscando esa validación, la puta validación que nace siempre que se impone la presencia sobre el contenido, y que además, da muy poco resultado.

En otra ocasión los dos estábamos en un sitio bastante más fashion, lleno de mujeres de pasarela por doquier, de las de girar el cuello a rosca y es que… No había ni una sola fea. La actitud en el garito era de mirarse todo muchísimo, pero estaba todo el mundo callado. Se veía como todo el mundo se comparaba y comentaba con todo el mundo que si este va así, que si esta está operada, que si este está ciclado… Pero la gente no interactuaba entre si, no se mezclaba. En ese contexto concreto de apariencia, belleza y frialdad, el físico parecía más una barrera que algo que favoreciera la comunicación.

Rescato un fragmento de El Duque, dentro del artículo INTELIGENCIA, FISICO, PERSONALIDAD Y ESTATUS en el que dice lo siguiente: Podemos distinguir dentro de esta categoría diversas cualidades, en concreto las más valoradas son una mirada expresiva, presencia y después todas las demás partes del cuerpo que se os puedan ocurrir pues hay diversidad de gustos, fetichismos y opiniones. Pero siendo destacable, por tanto esa preeminencia que se le da a la mirada y a la presencia, que tiene más que ver con la elegancia, postura y determinación que con la belleza en si. A lo que yo respondo AMÉN.

Claro que los chicos guapos ligan, claro que es bueno ir al gimnasio… Y que además, gusta gustar… Jamás diré lo contrario. Pero tener el físico como valor, es algo que siempre te va a limitar muchísimo, si quieres emplearlo como baza de seducción, ya que te hace directamente dependiente de la validación ajena ¡ojo! Solamente lo digo si tratas de usarlo como baza de seducción. El físico que tienes es el que es, ni más ni menos, no lo has podido elegir, puedes mejorarlo en parte pero te ofrece un solo escalón de entre todo el camino. Estamos hechos de más cosas aparte de carne, sangre y músculo, y todo juega.

Un fuerte abrazo.


Arcángel.
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