CARTA A MI AMIGO DUQUE

Buenas sean amigo mío:

Entre los cambios en el trabajo asemejados a una tempestad que derriba a los árboles grandes y en cambio deja tranquila a la hierba afirmada al suelo, moviéndola y meciéndola pero sin arrancarla, apenas tengo tiempo de nada. Escribir ahora es un lujo que muchas veces el cansancio no puede evitar, otras el cansancio y el desánimo, me obligan a aplazar para el día siguiente.

Pues creo que por pasarme, no me ha pasado nada… Ni malo ni bueno. Es más, tengo la sensación de que todo pasa a mi alrededor a las personas que más me importan. Lo único de lo que me puedo quejar es de la maldita pasta… Me acaban de pasar los gastos del fin de semana de la sesión de fotos del mes pasado, y mi cuenta bancaria se ha vuelto a quedar tiritando. Hacer las cosas bien tiene su precio… Desde luego que lo tiene. Otra cosa que he visto importante con este nuevo proyecto, es que hacer algo bien solo es prácticamente imposible, hay que ser humilde y saber reconocer que diez ojos ven mejor que dos. Lo que a uno le falta, lo compensa otro, eso es lo bueno. Por cierto, gracias por implicarte en ello, tu participación, la de Merlín, Enrique y Lucía han sido decisivas. Solamente yo, no hubiera podido hacerlo tan bien, ya va quedando menos para que nazca "el niño".

Si lo miro fríamente, en realidad no me puedo quejar de nada, sigo “tirando p’adelante”, aunque eso sí: muy al día. Me da la impresión de que muchas de las cosas que son importantes para mi, están prendidas por alfileres, el otro día lo comentaba con ella: dígase el libro, dígase mi trabajo y dígase por qué no, mi estado de ánimo, ya que en el trabajo me he quedado como “el último de Filipinas” y no metafóricamente hablando. A veces me siento como el último vestigio de la era López. Te vas dando cuenta poco a poco que lo mejor sigue siendo moverse dentro de la empresa, hay que volver a crear lazos amistosos, partir de cero en estos momentos es algo que roza la utopía, más cuando no hay donde rascar prácticamente en ninguna parte.

En cuanto a ella, mi princesa, lo bueno de estos días es que me dan ganas de quererla más y de tratarla mejor, ya que en los momentos difíciles es cuando se dan las mejores ocasiones para sacar lo que llevamos dentro, y lo que más me gusta, es que a pesar de que le guste hacerlo todo a su forma, se esté dejando querer algo más que de costumbre. No le suele hacer gracia que quiera hacer cosas por ella, o que le haga regalos predecibles, ni “machadas”… Ya sabes como es, pero si me encanta que se deje querer un poquito más. Para qué negar que me encanta mimarla.

Creo que está siendo el invierno más frío y más raro de mi vida. Tengo varios motivos para se feliz, pero las emociones están de vacaciones, debe ser el frío supongo y todos estos cambios a mi alrededor. El día a día parece que sucede a cámara lenta, en cambio, las semanas se suceden una tras otra a un ritmo frenético… Es una contrariedad.

El sábado estuve en la fiesta de cumpleaños de un amigo, en la que coincidí con varios colegas de la universidad a los que hacía años no veía. Unos estábamos más o menos igual y otros totalmente cambiados. Por uno que se casa, hay otro que se divorcia, casi a la par en proporción. Lo curioso de todo esto, es que ninguno pasa de los treinta y cinco todavía, en ese círculo todavía estoy en el bando de los jóvenes. Ni que decir tiene, que me tendrás presente en el día D a la hora H, una ocasión así no se puede dejar en el tintero. Eso sí, desearía saber si conviene etiqueta o informalidad… Que de eso andamos sobrados, de ambas, jajajaja.

Un fuerte abrazo.
--
--
Arcángel.
Publicar un comentario en la entrada