NO QUIERAS ARREGLARLO TODO DE GOLPE, MANTEN LA CALMA

Imagen cedida por Victoria
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Estábamos cenando y yo estaba callado, ella también. Me había quedado chafado porque ella no se podía quedar a dormir. Era algo que ya me había dicho por teléfono cuando habíamos quedado, pero claro, no es lo mismo por teléfono que en persona, con ella allí sentada en frente de mi, y si es cierto que le insistí un par de veces, medio jugando medio en serio… Lo cierto era que realmente no se podía quedar, yo lo entendía pero aún así me quedé chafado. Tenía que intentarlo, egoístamente hablando, me gusta disfrutar al máximo el tiempo que pasamos juntos. En ese momento, cualquiera que mirara a nuestra mesa podía ver la típica imagen de la pareja que ya lleva tiempo junta, que están cenando y ni se miran ni se hablan. En varias ocasiones cuando he salido con ella a cenar, me he fijado en estas parejas, es una imagen deprimente que me hace pensar “Yo no quiero acabar así”. Estaba callado, porque la verdad no me salía nada y ella tampoco hablaba hasta que de repente me dice: “¿Te das cuenta que cada vez hablamos menos?”.

Me quedé extrañado porque ese silencio era meramente circunstancial, soy una persona muy comunicativa, y quien me conoce sabe que precisamente lo difícil es que me quede callado, hablo hasta debajo del agua, pero en ese momento no estaba animado, simplemente eso. Le respondí que eso no era así, que simplemente me había quedado “chof” porque ella no se podía quedar a dormir, que lo entendía perfectamente pero que me había quedado así, “ya se me pasará” añadí. Entonces ella me dijo algo así: “Tanto que te preocupas por las relaciones, deberías preocuparte menos en las relaciones de los demás y estar más pendiente de estar bien con la mujer con la que estás”... ¡Toma! ¡Directa a la cara!, en ese momento me estaban subieron a la boca desde dentro una cantidad ingente de respuestas para justificarme, las típicas respuestas que acaban en discusión. Me costó, pero en lugar de esas respuestas que sabía que no iban a ninguna parte le dije: “¿Me puedo sentar a tu lado?” A lo que ella respondió que no, estábamos en un VIPS y la verdad es que no era demasiado práctico hacerlo, había muy poco espacio, pero me apetecía sentarme cerca de ella. Le dije “Me apetece estar más cerca de ti”. Ella me dijo que no.

Había tensión entre ella y yo y se empezaba a hacer cada vez más aparente, hasta que me soltó otra puntilla “Me da la sensación de que lo estás basando todo el sexo”. Esta sentencia he de reconocer que si me sentó bastante mal, porque yo no soy así y ella lo sabe. Sabe que la quiero y le volví a decir que simplemente me había quedado chafado por no poder pasar esa noche con ella, que no le buscara tres pies al gato, pero nada más que no pasaba nada y que lo entendía. Ella lo quiso tomar por el mismo lado y me volví a callar, volví a preguntarle si me podía sentar junto a ella, para sentirme más cerca, lo que ella de nuevo no me permitió.
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Imagen cedida por Victoria

Intenté en dos ocasiones iniciar una conversación cordial para rebajar tensión sin conseguirlo, y he de reconocer que todas esas respuestas que me corrían de nuevo por dentro y que me iban a hacer perder la calma y el aplomo en cuanto las soltara, estaban cada vez más cerca de mi boca, por lo que decidí levantar la mano al camarero y pedir la cuenta. Decidí cortar esta situación de la que sólo podía salir una discusión desagradable, a lo que ella se quedó bastante sorprendida: “¿Ya nos vamos?”. Yo respondí “Si, ya nos vamos”. Nos trajeron la cuenta y en cuanto nos levantamos de allí, me sentí mucho más relajado, prolongar más el tiempo de la cena hubiera sido perjudicial, hubiéramos acabado en una discusión en la que yo probablemente hubiera destapado mi “caja de Pandora” de excusas, justificaciones y disculpas, y ella hubiera mostrado o bien desprecio, o bien indiferencia ante esta actitud. Por más ganas que yo tuviera de “arreglarlo todo de golpe” o intentar compensar esa situación, ofreciendo otros estímulos, el lugar estaba cargado de malas vibraciones y de tensión, en estos casos, una retirada a tiempo y respirar hondo, bien vale una victoria.

Cuando salimos a la calle y comenzamos a pasear, parecía que la tensión se había rebajado bastante y opté para dejar las cosas claras y apartando por completo el tema de la discusión, el renovar una declaración de principios, en cuanto a lo que yo quería para la relación, lo que espero de ella y ver que es lo que espera ella y como se siente en cuanto a ello, por si hubiera algo entre ambos que no estuviera claro, ya que quizás hacerla sentado y serio después de la discusión hubiera sido mas violento. Paseando comenzamos a hablar, de una forma mucho más natural que sentados frente a frente, no se trataba de jugar una partida de ajedrez, se trataba de dejar las cosas claras. Un vez que ya le presenté mis sentimientos y mis deseos, le pregunté como se sentía en cuanto a ello, o en que estaba pensando en ese mismo momento, porque me interesaba de verdad que me contara sus emociones, qué llevaba por dentro, y terminar ya de una vez con el contexto anterior de confrontación. Dijera lo que me dijera, estaba preparado para escucharla y aceptarlo.

Solemos funcionar por defecto en modo “Solucionar esto” ó “Arreglar las cosas cuanto antes” o “Compensar este desequilibrio haciendo justo lo contrario”, cuando en una relación, muchas veces no se trata de solucionar nada, si no de simplemente mantener la calma y el aplomo. Me tomé esa discusión como un TEST aunque como ya os digo, si hubiera destapado el tapón de las excusas y las justificaciones, cosa que por otra parte es muy frecuente en las discusiones, la discusión habría degenerado.

Si en ese mismo momento, optamos por responder a su demanda, o le damos más importancia de la debida a lo que nos diga, nos estaremos mostrando reactivos. Según dicta el comportamiento reflejo femenino, ante un TEST tal, ella le dará tanta o más importancia a lo que ella misma te ha dicho, según vea tu respuesta. Ella la reflejará y la devolverá. En cuanto reaccionas para disculparte, ella va a ver que efectivamente, hay más detrás y seguirá avanzando hasta donde tú se lo permitas para ver qué es todo lo que llevas dentro, y por qué razón te estás justificando o disculpando, cuando en principio no has hecho nada como para tener que hacerlo. Es su particular manera de investigar, para estar seguras de saber con quien están. En estos momentos de discusión, es cuando suelen aflorar en nosotros las malditas disculpas, excusas o justificaciones, que no hacen más que menoscabar nuestro valor. ¿Por qué? Cuando te disculpas y no has hecho nada previamente como para tener que disculparte, ella entenderá que no estás seguro de lo que estás diciendo, y por ende, cambiará la imagen que ella tiene de ti a peor.

Uno solamente se ha de disculpar cuando ha hecho daño, cuando se ha hecho algo malo, disculparte para agradarla o para intentar estabilizar esa situación, no hace más que estropearla más de lo que ya esté. Así estás demostrando que prefieres renunciar a tus valores, deseos y principios con tal de que ella se quede “más tranquila”, cosa que dice muy poco de tu valor como hombre. ¿Por qué ellas se sacan estos TEST de la nada? No tiene porque haber pasado nada malo, ni tiene porque haber ninguna discusión de por medio, pero ella buscará siempre excusas para asegurarse de saber bien con quien está. Es lo que yo llamaría un globo sonda, echado “para ver que hay”.
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Imagen cedida por Victoria

El querer compensar una situación, o el querer arreglar una discusión en ese mismo momento, de forma precipitada, lo único que va a hacer es acelerar el ritmo de la interacción en el mismo sentido en el que está yendo, aumentando el grado de entropía (grado de desorden en un sistema) por más buena intención que tengas, aunque tu causa sea la más noble de todas las causas. Para que me entiendas mejor, si hay malas vibraciones, estas vibraciones están por encima de ti y por encima de ella, englobando la situación al completo. Si sigues echándole más leña al fuego, solamente vas a conseguir precipitar y acelerar el malestar y las malas vibraciones, estarás prolongando y alargando esa situación. Es algo así como intentar apagar un incendio con gasolina, estás alimentando esa energía negativa.

Lo mejor que puedes hacer en ese momento es romper esa situación, cambiar ese contexto, el entorno. Para ello, en la medida de lo posible, algo que ayuda es cambiar el emplazamiento, puesto que esas malas vibraciones están ancladas en ese lugar. A veces es difícil mantener la calma y no precipitarse, soy consciente de ello, al igual que en la situación que os he comentado, en la que os decía que debido a sus palabras, me subían a la boca cantidad de respuestas justificatorias y exculpatorias. Pero responder de esa manera, no haría si no saturar y colmar aún más esta energía negativa.

El mayor pecado en el que solemos caer muchos, es el intentar compensar de inmediato estas situaciones, dando más de lo mismo, por que en efecto pensamos “Vaya, no debe ser suficiente, parece que no se ha tranquilizado con esta respuesta que le he dado, voy a buscar otro argumento mejor, ya que con este no la he convencido, me he quedado corto”. Lo que más nos cuesta ver, es que realmente la mejor solución en este caso es cambiar de contexto, a veces no es posible hacerlo de forma gradual, si ello implica seguir hablando o discutiendo o argumentando sobre el mismo tema. El mayor problema del hombre en estas situaciones, es que se condiciona a actuar según las reacciones o respuestas que ella de. A lo que yo te vuelvo a insistir: ELLA LE DARA LA MISMA IMPORTANCIA QUE LE DES TU. Por ello, si magnificas el problema, ella lo reflejará, si respondes de forma agresiva, ella lo reflejará también. La mejor solución es siempre mantener la calma y no esperar un resultado.

Un fuerte abrazo.

Arcángel.
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