NO NACIMOS ALFA II: ALFAS AUTENTICOS, por EL DUQUE

Imagen cedida por Enrique
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A estas alturas ya os habréis deleitado con el escrito de Arcángel sobre los denominados hombres Alfa. Primero fueron los metrosexuales. Hombres que adoptaban progresivamente roles genuinamente femeninos, como el cuidado por el exterior, el gusto por la ropa cara, y tal vez una vida emocional más plena o al menos más consciente. Dicho término quedo desterrado por el llamado hombre Alfa como sinónimo de un hombre más masculino y fuerte. El líder de la manada. En definitiva vamos diseñando poco a poco nuevos conceptos de hombre a rebufo de las supuestas exigencias femeninas. Primero el “macho man primitivo”, básico y machista; después el metrosexual que es consciente de que, en un mundo cada vez más superficial y materialista (es mi opinión) el cuidado por el físico es cada vez más importante; de este al “metroemocional”; un hombre sensible y perfectamente conectado con la mujer. Un compañero; y por ultimo el hombre Alfa, que es la ultima vuelta de tuerca. Un hombre que coge un poco de aquí y de allí, que es muy macho pero que sabe compartir sin rubor las labores propias de la paternidad.

Pero vayamos a los origines… A los orígenes y más allá, pues aunque nos cueste creerlo los clichés, fundamentos y elementos configuradotes del hombre Alfa no han cambiado. Podemos afirmar que la biología, la antropología y sociología mandan. Partiré de mi propia definición de hombre Alfa, como hombre biológicamente superior a otros. Como el espécimen ideal para la procreación y que, sin duda, será detectado de inmediato como tal por las mujeres. Hablo de biología, asumiendo también que diversas características no físicas, tiene también un fuerte origen genético. Bien, pues este hombre más atractivo que el resto tendría estas características:

Buena posición social. Auténtico seguro de vida para los hijos, proveedor 100% y que además posee otras características profundamente atractivas como son la ambición, el poder y el éxito. Las mujeres los prefieren exitosos.

Inteligentes. La mujer da mucha más importancia a esta facultad que el hombre. Aquí podemos hablar de razones genéticas y también evolucionistas. El hombre inteligente y ocurrente tenía más opciones de sobrevivir.

Seguro de si mismo. Fuerte personalidad, autoestima alta… Fortaleza mental además de física. Con sentido del humor. Curiosamente también aumenta este atractivo en pleno periodo de ovulación …

Buen Físico. Altos. Como síntoma de “buenos genes” y que a la vez da sensación de mejor “protector”. Con pómulos y mandíbula marcadas. Síntoma inequívoco de la presencia de Testosterona. El atractivo de estos hombres crece exponencialmente durante el periodo de ovulación de la mujer.

Si tienes todos estos rasgos… ¡ENHORABUENA! ERES UN HOMBRE ALFA; si no los tienes y adoleces de algunos… Ponte a la cola, como muchos de nosotros, no eres Alfa ni los serás por mucho que te vistas de seda o por mucho que te hagas el machote.

La buena noticia es que somos seres humanos y somos seres racionales aunque a veces no lo parezca. Todo lo que he dicho anteriormente es cierto 100%, pero también es cierto que nadie elige pareja en base a estos criterios Alfa, igual que los hombres no elegimos sólo mujer en función de la famosa ecuación pecho-cintura-cadera, ni sólo nos interesamos por las jóvenes con gran fragilidad. Se elige pareja partiendo, eso si de una atracción inicial, de un interruptor sexual que se enciende (esta es la parte “animal” que hay en toda relación). Este interruptor puede ser uno o varios de los expresados antes: inteligencia, posición social, rasgos del rostro atractivos, sentido del humor, buen cuerpo, etc. Pero después de encendido el interruptor, intervienen muchos más factores que tiene más que ver con el denominado por Helen Fisher “Mapa del amor”, individualizado de cada uno y que se conforma a lo largo de la vida y se compone a su vez de múltiples variables.
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Imagen cedida por Enrique

Curiosamente se suelen buscar compañeros vitales muy parecidos a uno mismo (posición socioeconómica, religión etnia, valores, etc.). Con todos estos elementos llegamos nuevamente al concepto de hombre Alfa ya la tan manida costumbre de tratar de imitar lo que consideramos Alfa, sin darnos cuenta de que a veces no somos si no meras caricaturas. Mucha gente considera que ser Alfa supone tener una serie de comportamientos determinados y hasta un lenguaje corporal determinado. Ser Alfa es ser “muy machote”, y no traslucir sentimientos. Muchas veces supone ser “muy duro” o incluso un pelo macarra. Claro, en esas condiciones y con ese marco de creencias lo mejor para mantener una relación es ser muy Alfa (como sinónimo de machote, algo pasota en referencia a su chica) y lo peor que le puede ocurrir a uno es que le moldeen a la imagen y semejanza de su pareja (betaización).

Curioso resulta el que si volvemos a la definición original de hombre Alfa como hombre genéticamente superior, vemos como se produce una curiosa paradoja. Cuando el hombre consigue sus fines procreativos se betaiza. Pierde Testosterona. Se ha demostrado que hay significativas pérdidas tras la paternidad… Con todo lo dicho, lo más significativo puede ser la absurda manía que tenemos en ocasiones, de ponerle nombre a todo y de adaptar al hombre. Buscamos nombres ingeniosos, buscamos un prototipo (Beckham, fue y es a día de hoy, el prototipo de metrosexual) y tratamos de imitarlos, de seguirlos pues es así como gustan a las mujeres.

Desde estas líneas, sin embargo lo que defiendo con pasión es lo siguiente: Todo esta ya inventado, y a la mujer siempre le atraerán (desde una perspectiva animal) las mismas cosas. Muchos de dichos interruptores son genéticos, pero también hay otros muchos que pueden desarrollarse (posición social, sentido del humor, inteligencia, autoconfianza, etc.). No sólo somos animales, si no que raramente y raramente nos casamos con aquel espécimen que nos marcan las normas y reglas genéticas(tal vez si se da este fenómeno en las relaciones sexuales esporádicas, en las que el factor “animal” puede ser más intenso.

Cada individuo lleva impreso un mapa del amor diferente que le hace más proclive a sentir atracción amorosa por una persona determinada, por lo que, en cierto sentido todos aquellos comportamientos destinados a proscribir, ocultar o disfrazar nuestro yo genuino en realidad nos están alejando de conocer a nuestras verdaderas parejas ideales. Toda doctrina, plan o supuesto que parta de la creación de un hombre “a la medida” de la mujer parte de una base equivocada y de varios marcos erróneos. Para empezar no es “la mujer” si no las mujeres. Meter a toda mujer en un solo saco es negarle su carácter individual, negarla su yo, partir de la base de que son todas iguales.

Para continuar, las relaciones de pareja son un mutuo acuerdo de satisfacción y plenitud. No se trata de llenar los huecos o necesidades del otro si no de llenar las propias necesidades de la pareja como tal. Todo estudio sobre que “hombre desean las mujeres” debería venir refrendado por otro de “que mujer desea el hombre”. Quede claro, no obstante, la opinión de que el hombre debe adaptarse mejor de lo que ha hecho hasta la fecha, a los múltiples cambios sociales y a la implicación de estos cambios en la vida de pareja.

SE ES O NO SE ES ALFA, POR LO QUE RESULTA ABSURDO IMITAR AL ALFA. Eso si, si lo deseas, puedes hacer mucho por mejorar tu nivel de éxito profesional, ejercitar tu inteligencia y tu sentido del humor. Desarrolla al máximo tu individualidad, crece como persona, eleva tu espíritu y tu autoestima a niveles antes solamente soñados. HAY INFINITAS MUJERES “DISEÑADAS” PARA AMARTE.

Un abrazo.


El Duque.
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