SEDUCIR A LA NUEVA EVA II, por EL DUQUE



Al leer el primer artículo de Arcángel SEDUCIR A LA NUEVA EVA, me ha asaltado la irrefrenable ansia de escribir mi propia versión de este delicado tema, ya que merece una segunda parte. Partamos de una realidad básica; Existe una nueva mujer, una nueva Eva reinventada así misma y que ha dado un giro de 180º en el transcurso de una generación. Dicho cambio esencial ha “pillado” por sorpresa a un hombre educado por unos padres conforme a unos criterios que se han quedado desactualizados y obsoletos, lo que ha provocado la aparición de un nuevo Adán, el Adán desorientado.

Empecemos analizando a esa nueva Eva. La mujer hoy en día ha logrado la independencia económica y la ha logrado ya casi, totalmente de forma efectiva. Ya se que muchos diréis que vuestras madres ya trabajaban, pero no es hasta esta generación actual cuando la mujer ha empezado a acceder en condiciones de igualdad a puestos de responsabilidad. La mujer cada día más ocupa cargos directivos y ya no es infrecuente que el sueldo de una mujer supere a la de su novio o marido.

Otro hecho relevante, lo constituye la liberación sexual de la mujer. La mujer ha empezado, por fin a dejar atrás tabúes sin sentido que subordinaban y reprimían la sexualidad femenina. Ahora, afortunadamente la mujer expresa libremente su sexualidad y ya no esta “mal visto” que tenga deseos, fantasías y relaciones sexuales. Es importante reseñar esto, pues no debemos olvidar que hace tan sólo una generación, la sexualidad femenina extramatrimonial o prematrimonial era considerada como propia de mujeres de vida alegre. Por tanto el cambio es abismal.

A su vez la mujer actual ha adquirido plena conciencia de la planificación familiar. La mujer retrasa cada vez más la maternidad y planifica sus embarazos en función de su vida profesional y sentimental. Todos estos cambios han hecho surgir una nueva mujer que se trata de relacionar con el hombre en condiciones de igualdad… Pero, hombres y mujeres no somos iguales y se producen profundes crisis en las relaciones de pareja en virtud de todos estos cambios y la desorientación del hombre ante el nuevo reto.

La primera de las crisis es la profesional y la derivada del ámbito económico. Como he dicho antes la mujer cada día más, accede a puestos de responsabilidad directiva, en otro tiempo reservados a hombres, y, por que negarlo, lo hace con gran eficacia y esplendidos resultados. La superior inteligencia emocional de la mujer y su espíritu de sacrificio la hace ser muy eficaz. Esa plena incorporación de la mujer al ámbito laboral hace que no sea nada infrecuente que un hombre se encuentre con que su pareja gana más dinero que él u ocupa un puesto de superior jerarquía. Aquí se produce la primera de las crisis de pareja y es que al hombre se le ha educado para “mantener” a la mujer, o al menos para ser su sustento.

El ego de nuestro Adán desorientado, lleva fatal que se den esas situaciones de desigualdad y tiende a subordinar su marco al de la mujer, a sentirse inseguro en su relación de pareja y en definitiva a dejar de ser sustento psíquico de la mujer. El problema, aunque parezca mentira no esta tanto en el hecho de que el hombre-pareja este por debajo, como en que se sienta por debajo y esto es lo que la mujer no perdona. En este contexto no son infrecuentes los celos por parte del hombre que trata erróneamente de COMPETIR, CONTROLAR o COMPENSAR a su mujer. En este caso, nuevamente las opciones elegidas por el hombre son erróneas. La mujer sigue necesitando que el hombre ejerza de hombre Alfa y sea de algún modo fuerte, firme y apoyo incondicional. Al mostrase inseguro, el hombre esta perdiendo su condición atractiva para la mujer. En estos contextos son muy frecuentes las separaciones y divorcios. El hombre actual no sabe tratar a la nueva Eva.

En el ámbito sexual, el citado artículo de Arcángel, hacia hincapié en que cualquier mujer tenía más experiencias a lo largo de un año que un hombre. Esta es una realidad de hoy en día con la que el hombre arcaico no se ha acostumbrado a vivir. Como hemos dicho con anterioridad, la mujer en fechas recientes ha abierto un fascinante capítulo en su existencia; la liberalización sexual. La moralidad imperante en la sociedad ha cambiado de forma radical en las últimas generaciones y se han eliminado importante tabúes que constreñían la sexualidad femenina. En nuestros días una mujer puede tener una relación sexual esporádica sin ser tachada de “puta”.

Por otra parte, la plena implantación de los métodos anticonceptivos desliga totalmente la sexualidad de la procreación. El hecho de que la mujer se integre en condiciones de igualdad con el hombre en la expresión de su sexualidad ha provocado ,casi de forma accidental una real desigualdad. La mujer es selectiva por cuestiones genéticas y antropológicas mientras que el hombre es conformista por idénticos motivos. Dichas causas concurrentes traen consigo (conjuntamente con diversas razones sociales),que una mujer con ciertos encantos tenga muchas más opciones sexuales que un hombre.

Todo esto hace que no sea infrecuente que el hombre se encuentre con que su pareja tiene más experiencia sexual que él. Esta realidad vuelve a ser una bomba en la línea de flotación del hombre arcaico, educado en la tradición de que el hombre “enseña” a la mujer en la cama…El hombre se encuentra con que su mujer tiene más experiencia y no sólo eso si no que ha tenido compañeros sexuales de todos los tamaños y habilidades. Ni que decir tiene que el ego del hombre, ese gran enemigo, nunca soportaría comparaciones.

Por otro lado la natural esencia inconformista de la mujer también se expresa en esta dimensión. La mujer actual ya no es esa inocente colegiala, si no que sabe perfectamente lo que le gusta, como dónde y cuanto y lo va a pedir…o más bien diría lo va a exigir. Ante esta mujer exigente, sexualmente experimentada y sexualmente liberada, el hombre arcaico con harta frecuencia se vuelve a encontrar DESARMADO, INSEGURO y SUBORDINADO y nuevamente es esa actitud de ego doliente y dolido, esa postura subordinada, insegura y temblorosa la que la mujer va a penalizar y a la postre la que va provocar la crisis en la pareja.

Otra cuestión relevante es el profundo cambio de roles en el ámbito familiar. Todas las situaciones descritas anteriormente redundan en un hecho concreto y eminentemente practico. La gestión del hogar ya no es competencia exclusiva o preferente de la mujer. Ahora la distribución de tareas debe ser del 50% pues sólo esa distribución resulta justa dado a que tanto hombre como mujer trabajan. El problema es que la arcaica educación del hombre en estos ámbitos provoca, muchas veces que no se de de forma efectiva dicha distribución o bien que el hombre participe al 100% pero olvide su rol de hombre cediendo a la mujer la iniciativa y liderazgo, siendo ella la que decide cuando hacer la compra, que alfombra poner etc. Ni que decir tiene que dicha situación disgusta a la mujer que se ve liderando algo sin desearlo.
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Especialmente grave es esta situación en relación a los hijos. GENETICAMENTE la mujer entiende mejor que el hombre las necesidades de sus hijos y siente lo que debe hacer respecto de ellos… Pero SOCIALMENTE no comprende por qué el padre no se da cuenta o delega ciertas tareas relativas a los hijos (llevarlos al médico, darles la merienda, recogerles del colegio…). Esto hace que el 99% de las madres se sientan solas ante la educación y crianza de los hijos lo que de forma indirecta redunda en abrir más el abismo entre la nueva Eva y nuestro Adán desorientado.

Por ultimo y no menos importante se ha de reseñar la diferencia y desigualdad existente, en lo que bien podríamos denominar percepción de las opciones, percepción de las posibilidades reales. El hombre tiende a la denominada DISTORSIÓN DE LA ÚNICA OPCIÓN, mientras que la mujer sabe que tiene opciones. La culpa de esta situación es no sólo biológica si no también social. Aún hoy en día y a pesar de lo que hemos dicho sobre la liberalización sexual de la mujer. El rol femenino ante la seducción suele ser, es más pasivo, discreto e indirecto (miradas, lenguaje corporal, etc.). Mientras que el hombre asume un rol decididamente activo. Eso provoca que la mujer sepa de forma directa cuantos hombres la desean mientras que los hombres solo lo sospechamos. Para la mujer, no resulta extraño recibir proposiciones sexuales directas o indirectas de forma habitual.

Otra de las conductas que hacen redundar en esa situación es la conducta de CANDADO del hombre, frente a la conducta de escaparate o MOSTRADOR de la mujer. Por muy enamorada y feliz que este una mujer con su actual pareja siente la necesidad de estar siempre expuesta en el MOSTRADOR. Si, en efecto esta enamorada y feliz estará “fuera de venta” pero seguirá en el escaparate. La mujer necesita sentirse mujer y necesita sentir la admiración sexual de los hombres. La inseguridad de las mujeres, sobre todo respecto a su aspecto físico hace que necesiten sentirse deseadas y por tanto permanecen expuestas en el escaparate y, por tanto reciben proposiciones. El hombre tiende sin embargo a echar candado a su vida amorosa, huye de la seducción y empieza incluso a proyectar una imagen poco seductora y atractiva.

Todos estos rasgos redundan en que la mujer no sienta esa limitación de opciones y juzgue a la relación con exigencia frente al conformismo del hombre. La mujer se siente capaz de dejar al hombre si su relación no la llena.

Todos estos factores han redundado en la existencia de una nueva mujer, una nueva Eva que trabaja como los hombres, que tiene una nueva percepción de su sexualidad, de su maternidad y de su propia esencia como mujer. Una nueva mujer que es exigente, pues siempre ha sido exigente pero que ahora tiene las cartas que el machismo le ha burlado durante años para poder ser exigente.

Frente a esta nueva mujer, aún no acaba de nace un nuevo Adán y, es más, los intentos de creación de nuevo Adán no son si no hombres desorientados y mal calibrados. En el siguiente artículo, analizaremos el papel que el hombre ha de desempeñar ante esta nueva mujer.

Un abrazo.
El Duque.
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