DESPEDIDA DE SOLTERO: NAVEGANTE SE CASA

Imagen cedida por Cristian
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Resulta que al final, mi amigo El Navegante… Se nos casa. No se trata de una broma ni muchísimo menos, se casa de verdad, se casa convencido y enamorado. Parece que fue ayer cuando nos pateábamos todo el centro de Madrid, cuando íbamos de bar en bar por Chueca, cuando nos contábamos batallas acerca de nuestras respectivas parejas intentando buscar soluciones, felicidad, descanso… Noches de juerga persiguiendo el amor y el alivio del alma, que no solo el del cuerpo, detrás de los rostros femeninos a los que amábamos y amamos a día de hoy. La verdad es que le envidio de sobremanera, le veo feliz, tranquilo y seguro de lo que está viviendo, eso es buena señal.

Cuando se fue de Madrid, fue como si me hubieran cortado un brazo, ya que hemos pasado muchas cosas juntos: buenas y malas. En nuestra amistad ha habido buenos y malos momentos y afortunadamente puedo decir que es una persona con las que se puede compartir todo esto. Hay amigos de barra con los que solo se pueden compartir copas y risas, pero este no es su caso. Cuando había que estar presente, él estaba siempre que hacía falta. Desde luego su mujer, ya la palabra novia caduca a finales de finales de este agosto, es una mujer muy afortunada y ha sabido ver a tiempo que es un hombre al que no se le puede dejar pasar.

El bueno de El Navegante pensaba que sus amigos no tenían ni tiempo ni ganas de prepararle una fiestecita decente, pero obviamente se equivocaba… Una pieza así de hombre, se merece una despedida de soltero en toda regla, alejada de tópicos y que más que una despedida, sea un homenaje. Una patrulla formada por dos de sus amigos en Toulouse, donde reside actualmente, se dirigió de primera hora de la mañana, previa llamada con el mínimo de antelación para avisarle de un secuestro que duraría todo el fin de semana. En menos de lo que canta un gallo se presentaron en su domicilio y con el consiguiente supuesto asombro de su pareja (que estaba al tanto y compinchada con el quipo de los chicos), fue obligado a hacer una maleta más que incierta.

¿Por qué una maleta incierta? Obviamente nadie le dijo a donde le iban a llevar. Si alguna pista se le dio, esta fue obviamente falsa… El Navegante se merece una sorpresa para su “último fin de semana en libertad”, de aquí en adelante se tratará de “libertad vigilada”. Procedió el susodicho a meter en una mochila de montaña, todo lo habido y por haber para pasar un fin de semana en el monte…"dejemos que se ilusione con la montaña” pensaban para sus adentros los secuestradores. Le metieron en el coche y rumbo hacia… ¿El primer aeropuerto? Quizás si, o quizás no.

A la par desde Madrid, otros dos miembros del comando, nos dirigíamos totalmente en secreto y sin que el protagonista de nuestra historia supiera absolutamente nada, hacia el punto de encuentro desde primerísima hora de la mañana. Objetivo: llegar a tiempo al punto de encuentro y hacer todo lo posible para que a nuestro buen amigo no le faltara absolutamente de nada en cuanto llegara. El punto de encuentro era “algún lugar de un gran país…” como dice la canción de Duncan Dhu, para ser más concreto: Bilbao: Hotelazo con Spa, marcha, monumentos que ver (andando por la calle y en las playas me refiero) y también mucho, mucho, mucho que comer y que beber. Este era el plan secreto: HACER LO QUE NOS DIERA LA REAL GANA.
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Imagen cedida por Cristian
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Por prisas y por razones que no vienen a cuento, me olvidé en Madrid el disfraz que le teníamos preparado, cosa que El Navegante agradeció de sobremanera el resto del fin de semana. Creo que debieron enterarse de que íbamos nosotros porque nos hizo un sol apoteósico que nos dio mucha vida y mucho sueño... ¡bendita siesta de tres horas! tras copiosas comidas y bebidas… Supongo que estaréis todos esperando que empiece a dar detalles de todo lo que pasó durante ese fin de semana… Que basta ya de introducción… Bla bla bla bla… ¡Lo lleváis claro! Un caballero nunca desvela secreto alguno ni acerca de la mujer que ocupa su corazón, ni de sus amigos. Solo os diré que tuvimos muchos momentos “te quiero” y mucha “exaltación de la amistad”.

Parece que fue ayer cuando El Navegante y yo tomamos una mochila y sin saber el destino a donde iríamos… En un fin de semana que necesitábamos desaparecer ambos de nuestras respectivas vidas, por sorpresa aparecimos en Benidorm y allí resucitamos de nuevo. De alguna manera, este secuestro pretendía recuperar ese espíritu de improviso, de sorpresa, de no saber a donde me llevan, de no saber ¡nada! Solamente saber que estás con tus verdaderos amigos, que son los que se irían contigo al fin del mundo con los ojos cerrados si hiciera falta.

Voto porque cada uno de nosotros, hombres, varones e infantes no tan infantes, hagamos lo posible para disfrutar este ESPÍRITU DE EQUIPO que sólo nosotros sabemos engendrar. Esta es precisamente nuestra gran fortaleza, la que a menudo se nos olvida cuando perseguimos faldas: La manada, el grupo, la unidad, la amistad, la camaradería… Todo aquello que precisamente solo valoramos en disfrutar cuando parece que no hay mujeres delante. Como diría El Sargento de Hierro: ¿QUÉ SOMOS?... ¡HOMBRES! O ¿NENAZAS?

Un fuerte abrazo.

Arcángel.

Dedicado a mi amigo Juan Marcos El Navegante y al resto del Comando: Cristian, Juan Antonio y Eduardo.
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