ELEGIR IMPLICA RENUNCIAR

Imagen cedida por Ana
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Me he dado cuenta de un error que por lo visto cometo con frecuencia: Me quejo bastante, me quejo demasiado mejor dicho… Parece que nunca estoy contento de nada a pesar de no concebirme a mi mismo cuan perro-flauta de camisa negra predicando la pereza y la anarquía. Las alegrías de las que me nutro son fugaces, efímeras y poco duraderas. Creo que todavía me queda mucho para terminar de aceptarme a mi mismo tal cual, antes de poder plantearme cualquier otro tipo de meta más idealista.

Al igual que trataba el tema de las personas que siempre están parasitando en La felicidad está en las cosas pequeñas, en cierto modo varias conductas propias mías encajarían en ese perfil. ¿Cómo me he podido dar cuenta? Normalmente y para que lo entendáis con un ejemplo gráfico, los enfermos mentales no suelen ser conscientes de que lo son, pero de vez en cuando tienen algún momento de lucidez, así que voy a aprovechar el mío.

Ha sido a raíz de esto que os digo, me quejo demasiado y me paso el día pidiendo, mejor dicho… Exigiendo, reclamando y acumulando. ¿Por qué? Sencillamente por no pedir las cosas, o no estar educado para aprender a pedir las cosas de forma adecuada cuando realmente las quieres. Es más, veo que me da vergüenza pedir por miedo a proyectar necesidad a los demás pero… Si no trabajo para conseguir lo que quiero, seguiré teniendo esa carencia que ahora mismo no estoy cubriendo y mi fachada será solo eso, una fachada porque la carencia estará presente.

Cuando exijo, no lo hago directamente, pero si de una forma muy sutil. La forma es la siguiente, muy común y repetitiva: Se responsabiliza a alguien que no eres tú de tu buena o de tu mala fortuna. Siempre en el fondo está la misma esencia: MIEDO A PERDER, miedo a pegarse el batacazo por ser congruente, por hacer que tu comportamiento sea coherente con tus deseos y tu pensamiento. Miedo a perder lo que ya se tiene, estancarse y acomodarse en la relación con aquella mujer a la que amas de verdad, miedo a buscar un trabajo mejor por si después no pudiera volver al mío actual y te quedaras en la calle, miedo a salir del lugar de siempre por miedo a perder las amistades y las relaciones.

Este miedo no deja vivir y lo que es peor, hace siempre que te estés preguntando si estás haciendo lo correcto o no, si te equivocas, si quizás no deberías arriesgar más, si quizás realmente pudieras mejorar tu vida dando un paso coherente exponiéndote a la consecuencia directa de que no te salga y pierdas lo mucho o lo poco que tengas. Quizás estos ejemplos te suenen a tu propia vida, porque en el fondo creo que todos queremos lo mismo.

Piensas que puedes dar un paso, pero no lo das por si te sale mal. No hay un término medio en cuanto a esto, la única forma de romper con esta violencia con uno mismo, es violentarse a dar este paso, forzarse. Ya vimos algo parecido en Avanzar vs Miedo a Perder, la cuestión es que después del tiempo transcurrido, veo que desde ese artículo, el siguiente paso a exponerse a recibir los golpes para ganar, no es algo a lo que se deba optar. Me refiero a evadir el sufrimiento de decidir renunciar a algo a condición de poder ganar algo mayor: TODO TIENE UN PRECIO.
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Imagen cedida por Ana

¿Se puede tener todo lo que uno quiere en esta vida? DESENGAÑATE AHORA MISMO, como me estoy desengañando yo… NO. Lo volveré a repetir: NO, SIEMPRE HAY QUE ELEGIR. No es que lo haya escuchado en Matrix, pero es algo de lo que me doy dando cuenta. El camino no tiene forma de abanico abierto, es más bien una escalera que va en múltiples direcciones y no puedes tomar nunca dos caminos. Si optas por uno, ya los demás están descartados y no puedes volver atrás si lo que quieres es avanzar.

Saber elegir, tener el valor suficiente como para tomar una decisión que sabes que quizás duela. Lo que quiero aclarar es que DECIDIR NO DUELE, LAS CONSECUENCIAS SI. El camino no se termina después de perder, porque no nos engañemos, en esta vida se gana y se pierde, ambas dos. Después de perder, se puede volver a elegir. Hasta que no aprendamos y yo el primero, a digerir el sufrimiento, a asumirlo como parte natural de la vida, y de la toma de decisiones, poco avance vamos a hacer.

Incluso yo mismo a veces pienso en el típico y tópico golpe de suerte, cuando haces castillos en el aire, olvidándome que AQUÍ NO SE REGALA NADA… Ni aquí ni en la República Checa. Me imagino a mi mismo en un futuro lejano pegando el pelotazo con un par de ideas que a mi me pueden parecer buenas, casado con la mujer perfecta y ganando más dinero, bla bla bla… Y quizás por miedo al dolor que me supondría el equivocarme de opción o abandonar los lastres que tengo aquí colgando y que son por así decirlo mi seguro de vida.

La cosa no va mal, pero… Siempre se puede mejorar. Cuando eliges siempre renuncias a otros caminos, a otros trabajos, a otras personas que quizás para ti en este mismo momento son importantes. Pero… ¿Y mañana? Nadie sabe lo que va a pasar mañana. Igual sería más feliz llevando una vida bohemia de vago perro-flauta comerciante de artesanía tallada a los turistas en alguna playa jamaicana, fumando María y comiendo una vez al día, viviendo del sol y del Amor de Dios… Pero eso no lo sabré hasta que no coja la mochila y me moje.

Un fuerte abrazo.

Arcángel.
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