TOPICOS DE LA PATERNIDAD, por MERLIN

Nuestra querida amiga Bess, ha despertado en mí la necesidad de contar el otro lado de la experiencia de ser padres. Hay diferentes versiones, y por si nadie se ha dado cuenta, para que nazca un bebé se necesita la intervención genética (y económica) de un padre… ¡Si… dos personas! Aunque a veces parezca que el hijo es propiedad intransferible de su santa madre, y solo sea llamado “tu hijo” cuando el susodicho haya practicado alguna trastada propia de la edad. Según sea el lado desde el que se mire la situación, y como éste no es un espacio de esos que existen únicamente en las revistas que se venden a las quinceañeras creados exclusivamente para que ellas lean sólo aquello que quieren leer (porque nadie en el “exterior” con dos dedos de frente sería capaz de hablarles así), os cuento otra forma de ver el nacimiento de tu bebé.

Estar embarazada es lo mejor del mundo, eso sí, si tienes un buen embarazo y, además, te lo puedes permitir. Puedes tener la suerte de llevar un embarazo envidiable, pero no es tan habitual. Mi madre me decía “Tú dile a todo que sí, no vaya a ser que el niño salga con un antojo en la frente que le marque de por vida”. Ellas lo saben bien, lo transmiten de madres a hijas generación tras generación, desde hace siglos y también saben que los padres somos especialmente sensibles y vulnerables a cualquiera de sus “antojos” durante el embarazo (lo llevamos dentro ya de fábrica).

La mayoría de mis amigas nos miran como a bichos raros por haber decidido ser padres por segunda vez. Contracciones antes de tiempo debido al ritmo de vida actual en la mayoría de las mujeres trabajadoras, o complicaciones debido a una mala alimentación, falta de ejercicios o, simplemente, porque tu cuerpo no lo tolera tanto, pueden ser la causa de un embarazo realmente interminable y tortuoso. En ese caso, temblad, queridos futuros padres, porque sois los que vais a pagar cada una de estas dolencias. Normalmente tienen menos problemas las mujeres que pueden permitirse quedarse en casa los primeros meses de embarazo, cumpliendo con las obligaciones de reposo y buena alimentación (imposible en tu dieta laboral, habitualmente) que recomiendan los médicos.

La epidural, ¿una gran amiga? Por supuesto, totalmente de acuerdo. Lo de la chorrada de tener que sentir el dolor al parir me parece tan de poco seso como pedir una operación a corazón abierto sin anestesia, para ver cómo se hacía antes. Los avances científicos están para algo y éste creo que es uno de los que más se deberían agradecer.

Tu hijo es guapísimo, y yo añadiría, “ufff, cómo se parece a vosotros!” ¡Y una mierda! Cuando vi a mi hijo por primera vez me entró un acojone total de pensar que eso se iba a hacer mayor y tendría que jugar con otros niños. Y, por si alguno de vosotros piensa que mi hijo es un bicho raro, os aseguro que no, AHORA SÍ parece un niño. Y eso me ha pasado con la mayoría de los recién nacidos que he visto. ¿Parecido? Sí, casi todos se parecen ENTRE ELLOS cuando acaban de nacer.

¿Compensa? Indudablemente. Desde el momento en que nace. No nos olvidemos que ser padres es un acto totalmente egoísta que decidimos nosotros, los padres, por lo que desde el momento que lo eres has cumplido tu sueño. Que luego te arrepientas dependerá de la suerte que tengas con la educación que puedas darles, las amistades de las que se rodeen y algunas cosas más. Pero en ese momento ya no hay marcha atrás por lo que plantearse si compensa o no es una absoluta chorrada.
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Nunca querrás a nadie más en tu vida. Esto lo dicen todas las madres por no decirle al padre que ha pasado a ser el último mierda de la familia. Y es verdad. Lo bueno es que a nosotros nos pasa, en este caso, exactamente lo mismo.

Querrás más a tus padres cuando tú seas padre, es también relativo y depende de las relaciones que establezcas desde pequeño con ellos. Yo nunca he dejado de querer a mis padres como para decir que ahora les quiero más. Tal vez, lo único que puedo decir es que COMPRENDO más algunas de las cosas que, por mi edad, no comprendía antes y que ahora, no por ser padre sino por mera madurez, las veo de manera diferente.

La educación que te dieron en casa no estaba tan mal, en referencia a la educación de “casa”, pues es la educación que le darás la que en un futuro te hará plantearte esta pregunta… "¿Lo estaré haciendo bien con mis hijos?"... O quizás no. Supongo que en cuanto a este tema habrá de todo por ahí... Obviamente uno lleva en "la cartera" lo que ha mamado en casa de sus padres y un algo más aprendido por el camino, pero... Se nos olvida a menudo que por mucho esfuerzo que le dediquemos a la educación de nuestros queridísimos retoños, no tenemos la última palabra. Puede doler más o menos, pero aunque tu hijo o tu hija vaya a colegio de pago, le hagas acostarse a las diez de la noche y le ayudes a hacer las tareas del "cole" (mis padres lo hacían conmigo, ahora esto último es más difícil de ver), siempre cabe la posibilidad de que un día te suene el teléfono y tengas que ir a recoger a tu hijo a comisaría. También decir que el poder de la Play Station es mesiánico y difícil de igualar.

Que cambias y tienes peor carácter después de ser madre ¡Dios mío, no le echéis la culpa a los niños!


Un mágico saludo


Merlín

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