MI REENCUENTRO CON IBIZA

Imagen cedida por Ana Vanesa
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Antes de que muchas cosas pasaran, en la primavera del 2004 me encontraba con mi hermano Yulian y mi mejor amigo Johnny sentados impacientes, esperando a que nos atendieran en una agencia de viajes. Habíamos ahorrado para poder escaparnos una semana a Ibiza, queríamos que tres representantes de “La Conce” pusieran allí su particular pica en Flandes.

Era algo de lo que llevábamos hablando años hacer y hasta ese momento no había sido posible. Habíamos ahorrado lo suficiente como para no tener que reparar en gastos una vez allí, queríamos ir a no privarnos de nada y que verdaderamente esa experiencia fuera especial. Quizás porque es uno de los viajes que no por la lejanía o cercanía del destino, solo se hace una vez en la vida. En este caso, podíamos los tres y allí nos lanzamos.

Salimos ya de la agencia con los bonos en la mano, eufóricos e ilusionados sin saber muy bien si lo que nos esperaba en esa isla eran solo nuestros sueños y expectativas o bien una experiencia más. Pocos días después de esto, conocí a la que es hoy una de mis compañeras de piso. Iba por Chueca con mi otro mejor amigo El Navegante y nos encontramos un cartel de “se alquila habitación”. En principio, el que buscaba habitación era él, no yo… Pero al final, el tuvo que marcharse a trabajar fuera.

La habitación seguía sin ocupar y pensé para mis adentros que ya con 24 añitos, trabajando y con muchas ganas de vivir la vida, era hora de dejar el nido. En casa dije directamente cuando ya tenía todo confirmado y apalabrado: “Después de volver de Ibiza, cojo las cosas y me voy a vivir Chueca”. Ni si quiera quería plantearme la posibilidad de arrepentirme y por eso mismo, lo dejé ya todo asegurado antes de irme.

El viaje a Ibiza era la excusa perfecta para muchas cosas: pasarlo realmente bien, tener una semana sin parar con mi hermano y mi mejor amigo, independizarme sin discusiones, conocer gente nueva, comprobar in situ si todo lo que se hablaba de la isla era cierto y desde luego hacer todas las locuras habidas y por haber sin reparar en gastos. De hecho así fue y nada más llegar al apartamento nos pusimos la ropa de playa y ¡ala!... Al Bora Bora a que nos diera el aire y a ver que se cocía por allí.

Lo primero que comprobamos nada más llegar a esta terraza en plena playa, es que debía de haber algún detector de gente guapa, que impedía acceder a la isla a los feos, por ¡Santa María Madre del Amor hermoso! O como se diría “Holy Mary Mother of the beautiful love!” si es que tienen esa expresión por allí. Particularmente me sentía como se hubiera sentido en los cincuenta, Alfredo Landa en una playa nudista de Miami. Recuerdo que de lo flipado que estaba viendo a media selección española de fútbol a cuatro metros de distancia, tías increíbles y el ambiente que había…¡Era solo media mañana y ya estaba todo esto liado!
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Imagen cedida por Ana Vanesa

Lo segundo que hice fue llamar a un amigo para contarle que estaba alucinando con todo lo que estaba viendo, me metí el móvil en el bañador y como un auténtico pardillo se me olvidó que allí lo tenía. Me metí en el agua y… ¡Adiós móvil nada más llegar! Supongo que tenía que pagar la novatada y en efecto, así fue. Me duró poco la lástima, ya que no tardamos ni cinco minutos en meternos en una improvisada pista de baile, bajo unas duchas a bailar House. A partir de ese momento me di cuenta de que esto iba a ser una semana intensa, no creo que paré por el apartamento más de cuatro horas seguidas. Incauto de mí, pretendí dejar de fumar durante esa semana, pero Ibiza es una isla para engancharse a los vicios, mas bien que para dejarlos.

Incluso recuerdo mañanas y tardes en las que mis dos acompañantes preferían quedarse durmiendo para reponer, mientras yo me decía a mi mismo: “para una semana que voy a pasar aquí, desde luego no la voy a pasar durmiendo”. A pesar de estar hecho polo por ir cada noche a una fiesta distinta y de casi madrugar para ir a la playa, optaba por explorar la isla y encontrarme con muchas sorpresas, que de seguro si me hubiera quedado durmiendo, no hubiera podido disfrutar.

En realidad este viajecito no fue clave en sí, fue más bien un punto de inflexión, porque le verdadero cambio en mi vida vino con mi independencia posterior. Pero desde luego si fue el mejor de los comienzos para esta segunda nueva etapa en mi vida, ya que desde entonces he cambiado yo, y ha cambiado muchísimo el mundo en el que vivía, al menos mi forma de verlo.

Ahora por segundo vez vuelvo a ir… Pero esta segunda vez es distinta. Cierto es que voy con mi hermano… Mejor dicho, esta vez mi hermano es el anfitrión. Hace ya unos meses que se fue a vivir allí, a empezar de cero, a trabajar y a huir de este Madrid al que poco a poco te vas acostumbrado mientras te engulle lentamente, sin que te des cuenta. Tengo tantas o más expectativas que en el anterior viaje, porque para él también ha sido una transición. No es lo mismo tenerle a diez minutos en metro, que a un vuelo de distancia. Ciertamente le echo de menos y ciertamente uno se da cuenta de que solo valora las cosas cuando las tienes lejos o no las tiene.

Es verdad que la familia no se elige, que hay ciertos lazos que si se eligen, pero la sangre es la sangre y a la hora de la verdad es con quien de verdad se puede contar.

Un fuerte abrazo.


Arcángel.

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