LA FELICIDAD ESTA EN LAS COSAS PEQUEÑAS

Imagen cedida por Mónica
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Me siento feliz, la verdad es que si y deseo compartirlo con tod@s vostr@s. Para ser lunes es un día grande, muy grande. Hoy me he levantado y parece que todo tiene sentido, que por fin hemos hecho algo, que estoy más orgulloso aún si cabe de ser ESPAÑOL, ni más ni menos que cualquier otro hombre o mujer, simplemente de sentir a España como mi país. Digo HEMOS aunque yo no haya jugado la final de la Eurocopa, pero hemos estado ahí y ya sea con victoria o con derrota me siento muy orgulloso y contento, porque lo que es un simple partido de fútbol, puede iluminarle el día, la vida, la cara, toda la semana, algo que contar, una nueva oportunidad, un nuevo ánimo, algo diferente, nuevo y distinto a muchas personas.

Muchas veces buscamos la felicidad en lo más complicado y difícil de alcanzar como metas personales inalcanzables y sueños de “pegar el pelotazo”… De repente, pasa algo que no tiene nada que ver con lo que anhelas o deseas y te alegra el día. Que me llamen simple, que me llamen tonto, que me llamen lo que les de la gana quienes no saben alegrarse y ser un poco más felices con las cosas sencillas y mundanas.

Por mi quien se quiera quedar en la sombra para que no le de la luz del sol, esta en su pleno derecho, pero que no intente llevarse a nadie al “lado oscuro”. La negatividad en las personas siempre viene asociada a un carácter absorbente y a una personalidad pasiva. Como diría mi padre: “Jodido uno, jodidos todos”. Tanto discutir, tanto rebatir, tanta tontería… ¡Disfruta! Recomiendo a las personas que no saben ver el valor en lo pequeño que sigan mi tratamiento: la vida se ve de otra manera con un bocadillo de jamón y una caña entre pecho y espalda. Menuda idea más filosófica ¿verdad? ¡Una caña!… Pues sí y que aprendan a disfrutar de las alegrías mundanas, que para algo están.

Siempre que hay una celebración o motivo para la alegría salta la típica voz del tocapelotas, del contrario a la corriente, del que lucha contra el sistema desde casa de sus padres escuchando rap de Eminem, del que no quiere gritar gol, del reivindicador de camisa negra y pancarta, vegetariano amargado feminista de extrema izquierda que en el día de San Martín, nos dice a todos que no comamos chuletas en plena parrillada. Como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer, no participa y lo que es peor, intenta que los que lo hacen se sientan mal, es incapaz de darse una simple alegría con tal de llamar la atención, hacerse notar y plantar su banderita.

Recuerdo que desde muy pequeño cada vez que había fútbol en casa y me sentaba con mi padre a verlo, en cuanto mi madre veía a mi padre disfrutar, ella empezaba a llamarle la atención de todas las formas habidas y por haber, hasta hacerle enfadar, como si le molestara que mi padre se lo estuviera pasando bien. Es algo que me daba mucha rabia, pero que aún a día de hoy, lo sigue haciendo. La diferencia es que ahora cuando quedo con él para ver el fútbol, si mi madre se pone en ese plan, nos bajamos al bar a verlo y a disfrutarlo como Dios manda.

Hay personas que no pueden aguantar que alguien esté disfrutando o teniendo un buen momento, y en vez de intentar contagiarse intentan echar por tierra el motivo para la alegría porque no saben como ellos podrían generar estos sentimientos y emociones. En realidad estamos hablando de personas con falta de recursos personales suficientes para saber asimilar la parte positiva de las cosas.

Se trata de personas que tienen anclado un continuo estado negativo, que les impide ver el vaso medio lleno y como perciben la realidad de esta forma, de forma distorsionada, pretenden adaptar e imponer su realidad a las personas que les rodean, simplemente, porque no saben actuar de otra forma. No es un acto de maldad propiamente dicho, se trata de un comportamiento mecánico con el que han estado funcionando quien sabe desde hace cuanto. Puede ser debido a experiencias traumáticas sin respuesta positiva por parte del medio o puede ser debido a la educación o condicionamiento que hayan recibido desde la niñez.
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Imagen cedida por Mónica

Pensemos que una máquina estropeada, no puede arreglarse a sí misma, debido a esto mismo, no podemos pedirles o exigirles a estas personas que actúen, sientan, se emocionen o congratulen por experiencias positivas ajenas a sí mismos. Posiblemente, ellas mismas, al pasar por una experiencia positiva, o recibir el premio, o al disfrutar algo bueno, ni si quiera pueden llegar a ser capaces de identificar en su medio, aquello bueno que les está pasando, porque simplemente no tienen recursos para hacerlo. Es como pedirle a un ciego que vea o como diría mi abuela “Pedirle peras al olmo”.

¿Cómo podemos ayudar a estas personas? ¿cómo podemos salir de este estado negativo si nos encontramos inmersos en el? Es cuestión de no reforzar este comportamiento. Si nos comportamos así es porque de alguna manera “nos funciona” para vivir, porque quizás así nos hacemos notar, o recibimos atención o se nos intenta reconfortar, lo que para nosotros entonces sería un buen resultado fruto de nuestro comportamiento. Como esto “nos funciona” ¿Para qué vamos a cambiar? Pues por el simple hecho que no estamos viviendo una vida real, estamos agotando a los demás con nuestra distorsión y la atención o el reconocimiento, son “fuentes de energía no renovables” como el petróleo, el día que se agotan, hay que ir a buscar otra fuente y así…

Un estado negativo anclado, solo puede interrumpirse en el momento en el que dejamos de recibir, el estímulo condicionado premio o caramelo, que es la atención que se nos presta para el caso que tratamos. No pasa nada por quitarle la atención a un “cenizo” o a un pesimista, el se está alimentando de ti así que no se lo permitas, por mucho que lo quieras y le aprecies, lo mejor que puedes hacer en estas manifestaciones es IGNORARLO POR COMPLETO. Seguidamente intentará alimentarse en otra parte, si se le refuerza, allí se quedará “chupando sangre” hasta agotar la fuente o hasta que se le niegue el premio de atención. La cuestión es que se ha de quedar sin fuentes a las que parasitar, ya que no será consciente de que tiene un problema, o cambia su comportamiento, o se “muere de hambre”.

Recuerdo algunos momentos muy sencillos en los que me he sentido plenamente feliz, como pudo ser hace poco al bajar del avión y ver a mi hermano, o cuando un domingo por la mañana abrí los ojos y a mi lado estaba la mujer que amaba, o cuando he llegado de trabajar realmente cansado, ponerme cómodo en mi sillón horizontal, con una cerveza y un sándwich… O ver a la selección marcando, abrazar a mi padre cuando ganamos la liga…

Son cosas muy sencillas, pero recordemos que se puede relativizar en ambos sentidos ¿por qué no hacerlo para bien? Quizás no seamos conscientes de ello si quiera y tardemos un tiempo en que alguien que nos respete, nos lo haga ver o nos de el trato adecuado. Si somos conscientes de ello, está en nuestras manos optar por pasar hambre de reclamo de atención. Es un ejercicio duro para hacer con uno mismo, sobre todo si eres una persona abierta, pero de vez en cuando yo mismo tengo que hacerme una CURA DE ATENCIÓN CERO… En realidad no se trata de que los demás me dejen en paz si no al contrario, que yo opte voluntariamente por dejar de reclamar la atención de los demás. Es como pasar un mono debido a una adicción pero funciona.

Espero que con esto podamos ser todos un poco más felices, ese es el objetivo, dar un empujoncito a nuestra percepción, para aprender a ver el lado bueno de todo. Porque como dice San Pablo “OMNIA IN BONUM”, Todo es para bien.

Un fuerte abrazo.


Arcángel.

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