EMOCIONES LATENTES

Imagen cedida por Monikiki

Hacía meses que no sabías nada de ella, ambos vivís bastante lejos y un encuentro entre ambos puede ser de todo menos casual. Vives una situación de "soltero de oro", sin tener que darle una sola explicación a nadie mientras que ella, ya lleva una vida en pareja, está felizmente casada desde hace tiempo y está bastantre centrada en su dinámica diaria.

La cuestión es que después de comparar estas dos realidades tan distintas, quieres seguir viéndola de vez en cuando, sabes bien que es verdaderamente difícil poder sacar algo de esta relación de amistad, pero "por debajo del mantel" puede cortarse la atracción con cuchillo. Sus gestos, su feminidad, su delicadeza, su forma de rizarse el pelo con el dedo cuando habláis y su sonrisa, hacen que esos breves instantes de compartir conversación y experiencias sean todo un placer.

Las cosas ya no son como cuando os conocistéis por primera vez, ella ya se ha casado pero sigue manteniendo su encanto, su morbo... Su feminidad sale por cada poro de la piel. Ella lo sabe bien, sabe que gusta y recuerda perfectamente aquel viaje en el que pudo ser y no fue. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero verla siempre es y será un placer.

Lo cierto es que sigues en el mercado, con más o menos compromiso, pero NUNCA SE SALE DEL MERCADO. Al volverla a ver, ella te demuestra que aplica esa misma regla. El coqueteo parece inevitable, mientras hablas con ella piensas para tí mismo "Desde luego te cogería ahora mismo y te arracancaba la ropa... Me sigues volviendo loco y sabes que después de este breve encuentro voy a pensar en tí".

Ambos sabéis que no hay mucho tiempo, ni el contexto, ni la circunstacia os ayudarán a mantener un encuentro más privado... Quizás el encuentro que deseáis realmente. Para evitar cualquier tipo de tentación, te has asegurado de que la logística del encuentro impida de sobremanera una intimidad que pueda poner su reputación en riesgo. Eres un buen seductor y aplicas a rajatabla la norma de proteger su honor para que se sienta bien estando contigo. A parte de todo esto, sabes que hay alguien esperándola en casa y piensas para tí mismo que si juegas limpio, quizás no saques el beneficio inmediato de acariciar su piel en la intimidad... Pero podrás volver a verla y ella querrá volverte a ver a tí.

¿Cómo actuar en esta situación? ¿Realmente merece la pena jugártela sabiendo cuáles podrían ser las consecuencias para ella? Inspiras hondo, mientras miras sus labios carnosos y piensas en todo esto. Desde luego las consecuancias para ella sería más importantes que para tí. Tú volverías a tu casa contento y punto... Ella probablemente tendría que dar más de una explicación.

Intencionadamente dejas que tus pies toquen con los suyos bajo la mesa, mientras continúa la inocente conversación de puesta al día de vuestras vidas. "Sin querer" le has tocado levemente el muslo, buscando un contacto que nadie más ve y nadie más sabe... Está preciosa, realmente preciosa y su cuerpo desprende un calor que puedes notar a corta distancia. Cuando has ido a recogerla era de día todavía, hubieras deseado congelar ese momento en que ha salido con una sonrisa de oreja a oreja para recibirte diciendo "¡Salgo en 10 minutos!". Aún con el uniforme sigue estando guapa, rodeada de un aura de morbosidad alimentada por su presente situación civil.

Al final el tiempo avanza y el encuentro tiene que llegar a su fín. Es tarde y alguien la está esperando... No sé si merece la pena arrepentirse de no haber sido fiel al impulso. Desde luego es siempre lo que te recomendaría: SE FIEL A TU IMPULSO PRIMARIO. Pero en esta situación, en la cual se juega con barajas distintas y dentro de un contexto, que no te permite jugar sin que haya unas consecuencias más graves para ella que para tí... Solamente podría decirte "Haz lo que te dicte la conciencia". Quizás después te sientas mal, o te sientas como un tonto por no haber actuado, o estés durante unos días pensando en ella hasta que se te pase... La has vuelto a ver que era lo que querías, por lo que solo sabéis ella y tú. Tu diálogo con ella no es el de un amigo desde luego, ya que cuando os despedís, no puedes evitar el decirle después de cuatro besos y una conversación que quisieras perpetuar hasta el amanecer: "Hazme una perdida cuando llegues, aunque conozcas el camino de vuelta de memoria... Quiero saber que has llegado bien". Quizás en otra ocasión.


Un fuerte abrazo.


Arcángel.
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