VICIOS OCULTOS E INCONFESABLES

Debía ser a primeros de agosto, hacía un calor insoportable en la habitación y no paraba de sudar en la cama y de dar vueltas con la sábana. Me pegaban calor hasta los calzoncillos que llevaba puestos y me harté. Me quedé tal y como había venido al mundo. Ya no habría nadie en casa al menos hasta mediados de mes, estaba solo en casa. Debían ser las cuatro de la madrugada y ya me había levantado varias veces al baño y a beber agua. Aquí ya no me dormía ni por dinero, me agobiaba pensando que al día siguiente tenía que levantarme temprano para ir a trabajar.

Me levanté ya por última vez y me fui al salón, estaba la puerta de la terraza abierta y la cortina quieta absolutamente, porque no corría nada de aire. Me fui a la estantería de los DVDs y me iba a poner por enésima vez PULP FICTION, que además de gustarme como película, al ser larga, también me da sueño. La dejé encima del reproductor y fui a la cocina a abrirme un brick de gazpacho que me encanta, cogí el cenicero, el tabaco y volví al salón a pegarme “mi homenaje del no dormir” particular.

Tenía todas las luces apagadas, solo la tele estaba encendida. Por la terraza, a la media hora de película y modorra somnolienta, que si me duermo que si no me duermo, veo que por la cortina se ilumina una luz en el patio. No debía ser muy difícil de adivinar que sería enfrente. Apagué la tele para que no se me viera, ya que estaba como estaba y abrí un poco la cortina a ver que se cocía en la fachada de enfrente… Al más puro estilo voyeur.

Se trataba de unas vecinas que no pasaron de dos meses de verano en ese piso de enfrente que debía ser de alquiler. Creo que eran brasileñas y daban bastante morbo la verdad. Se las veía a menudo dando trechas por la casa limpiando o haciendo el tonto con la música. Hacía un calor insoportable y una de ellas, acababa de llegar a casa supongo que de trabajar. Simplemente la veía dar vueltas por la habitación, recogiendo ropa y yendo y volviendo del baño. Suponía que echaría la persiana, apagaría y a dormir.

Veo que en vez de echar la cortina, se quita la camisa del pijama que se había puesto en el baño para dormir (cosa que yo no había visto) y se queda desnuda de cintura para arriba, solo con un tanga negro, se metió para dentro. Se me debieron poner los ojos como platos, era imposible que me viera, pero aún así me puse bastante nervioso. Ahora piensa ¿Qué es lo primero que hace un fumador en un momento así de nervios? Efectivamente, encenderse un cigarro. Como estaba tan a oscuras, había salido al balcón y me había apoyado en la puerta que da a la lavadora, que está cubierta.

Empecé a fumar y me apoyé en la barandilla. A todo esto, ella salió de repente desde dentro, andando de frente a la ventana, supongo que ya para echar la cortina. Más nervios y más nervios por mi parte. Creo que me está dando calor en la cara ahora mismo de acordarme. Me metí un poco para dentro por si acaso, pero ella en ese plan, seguía cogiendo trapos, doblando calcetines o que se yo… Yo estaba ya enfermo perdido y me había vuelto a apoyar en la barandilla.

A todo esto, le pego una calada al cigarro y algo se debió de ver la pequeña luz del mismo, porque ella se dio cuenta. Me quedé blanco, blanco es decir poco… Porque empezó como a afinar la mirada a ver si había alguien. Me vuelvo a meter, asomo un poco al cabeza en plan miedoso y alli estaba ella, tal y como estaba, mirando a mi balcón con los brazos en jarras. Creo que obviamente si que me vio, pero se volvió a dar la vuelta y a darse paseos por la casa.

Me encendí otro cigarro, al volver ella, vi que se agachaba un poco y si efectivamente se quitó lo que quedaba. Apoyó una mano en un armario y la otra a la cintura, mostrándose del todo y mirando bien al frente. Procedió a hacer después de asegurarse que seguía viendo “humo”, un numerito que no describiré en este artículo, obviamente a sabiendas de que había alguien al otro lado observando.

Realmente ¿Nos comportamos igual cuando no hay nadie mirando alrededor? Viendo este comportamiento desde luego, si hubieran sido las doce del medio día un martes, con ruido, gente en la calle y la gente despierta, esta situación no se habría dado. En estos momentos, en los que “nadie mira”, podemos actuar de una forma más instintiva, ya que el condicionante social desaparece, o bien se “acuerda” un nuevo contexto.

La cuestión es que, al no comportarnos de la misma forma, podemos llegar a hacer cosas que después en otro contexto más normal, negaríamos totalmente haberlas hecho en nuestra vida, por miedo a sentir el rechazo social en nuestro círculo habitual. Decir o negar estos instintos, o estos comportamientos está socialmente aceptado, porque parece que está mal que sintamos morbo, excitación, que se experimenten cosas distintas…

Estoy seguro de más de alguna lectora durante el trayecto de esta experiencia, habrá pensado “Este tío es un enfermo”. Bueno, pues a lo mejor en ese momento sí, después es como me sentí, algo raro ya que no es lo habitual, pero hay que estar en esa situación para saber como reaccionar.

Esta es la palabra, REACCIONAR, yo la asocio aquí a los instintos más bajos, a los básicos, a nuestro cerebro reptiliano original, el que no se cuestiona ni dilemas morales, ni afectivos, ni dilema alguno … Ya que está hecho para eso, para reaccionar sin preguntar primero. Cuando se percibe un estímulo a ese nivel se reacciona de forma básica y refleja. ¿Por qué pasan este tipo de cosas? Me refiero al tipo de situaciones socialmente incómodas y no aceptadas, en las que se acaba diciendo “No me lo explico, no se como he podido llegar a esto”.

Al igual que en el sexo, en el que al final solo se persigue la sensación, el éxtasis y uno deja de preguntarse qué está haciendo y como, ya que se persigue la excitación. En situaciones como la descrita, cuando el condicionamiento social y cultural desaparece, se deja vía libre a la autosatisfacción. Esta sensación de autosatisfacción no está bien vista a nivel de pareja, pero también es necesaria. Como improvisarlo para que se entienda … “Nadie sabe mejor que uno mismo, que es lo que le gusta hacer y que le hagan”. Es la máxima expresión del placer, el concepto de autosatisfacción, individual y egoísta. También podríamos decir AUTOPREMIARSE.

Puede sonar como suena, pero placentera al fin y al cabo. En un momento así, todo lo que tienes a mano, o al alcance puede ser usado como medio de autosatisfacción. No hablo solo de sexo, que ya sé que estáis todos pensando en lo mismo, hablo también de comida, de gestos, de momentos íntimos con uno mismo en los que te da por hacer algo que no harías habitualmente, reacciones ilógicas pero que se tienen “porque SI”. No hay que buscar una explicación lógica, sino instintiva a este tipo de respuesta.

Uno nunca sabe a un nivel consciente porque le gusta algo o alguien determinado, simplemente, le gusta y cuando disfruta de ello no se plantea las razones que tiene para que le guste, simplemente, lo disfruta. Racionalizar este tipo de conductas es querer racionalizar los instintos más bajos… Es inútil. Lo oculto siempre está presente aunque no lo veamos en apariencia, está por definición de humano y animal y de vez en cuando el animal que llevamos dentro pide que lo alimenten.


Un fuerte abrazo.


Arcángel.
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