PERO ¡QUE SUERTE TIENES! por MERLIN

Después de una jornada de trabajo intenso, como venía siendo habitual, mi mujer y yo nos tumbábamos en el sofá del salón. Una cenita ligera, unos vasitos de vino, los niños dormidos… todo parecía perfecto para poder tener un momento “íntimo”.

- ¿Nos damos un homenaje?
- No sé si te lo mereces

No hay respuesta que me pueda molestar más que ésa. Pero también es verdad que, gracias a respuestas así, uno aprende a manejarse cada vez mejor y, por lo menos, consigue dejar claro que el sexo con mi pareja no es algo que haya que ganarse igual que el salario a fin de mes.

- La verdad es que, ahora que lo pienso bien, hoy no vamos a hacer el amor, aunque me lo pidas de rodillas, porque creo que eres demasiado afortunada.
- ¿?
- Sí, lo eres, porque follas cuando quieres. Tienes la suerte de tener un marido que te complace siempre que lo necesitas. Siempre estoy dispuesto cuando tú lo pides y nunca he dicho “no”, cosa de la que yo no puedo presumir, pues sólo lo hago cuando tú necesitas el desahogo, y te aseguro que también tengo días en los que me apetece más y días en los que me apetece menos… pero, encima, eres tan ingenua que te crees que eres mi premio… no sabes la suerte que tienes…

Y así, sin decir una sola palabra más, me cogí una coca-cola de la nevera, me fui a la habitación del ordenador y me conecté a Internet, a ver un poco de todo.

Lejos de cabrearse (no tenía absolutamente motivo alguno), antes de irse a la cama vino a darme un beso cabizbaja, sabiendo que le había dicho una verdad como un templo, y se fue a dormir.

Al día siguiente no tuve que “ganarme nada”. Después de cenar, cuando los niños estaban dormiditos, preparó un baño con pétalos de rosa perfumados y me invitó a compartirlo con ella.

Puede que hayáis leído esto de carrerilla, pero si os quedan ganas de releer lo escrito, poned especial atención en esta parte de la frase: “un marido que te complace siempre que lo necesitas”, pues es lo que ha provocado la reacción de la mujer. Si quieres provocar una reacción en ellas que crees imposible, prueba a poner en entredicho su “capacidad” para complacerte. Verás cómo, aunque sólo sea para demostrarte que ella no es peor amante que otra y hacerte ver que sus caricias son auténticos premios, los papeles cambian por una temporadita.

Un mágico saludo.

Merlín.
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