CARIÑO... ¿BAILAMOS CHIKI CHIKI? por MERLIN

Pues sí. Aunque parezca una coña, Rodolfo Chikilicuatre, nuestro próximo representante eurovisivo, no está ahí por casualidad, ni porque un puñado de frikis se haya dejado los pulgares a base de sus mensajes SMS para votar.

No. Lo que pasa es que le hemos votado todos los casados porque nos sentimos completamente identificados con su él y con su "hit parade".

UNO, EL “BRIKINDANS”

Es la etapa de noviazgo. Inolvidable. Hace unos años, en mis tiempos mozos, el Break era el baile de moda. Os aseguro que el que bailaba breakdance se llevaba a todas las chavalas de calle, sin más esfuerzo que el de marcarse unos pasitos en cualquier discoteca. Ellas daban cualquier cosa por ser “la novia del breaker”. Es una etapa durante la cual, con el mínimo esfuerzo, todo son virtudes ante los ojos de tu chica (qué tiempos aquéllos).

Agárrate una borrachera con ella, se descojona de lo gracioso que te pones en ese estado y de lo bien que sabes beber. No acudas a una cita, dale plantón, y se parte de risa de los huevos que le echas al asunto. Ponle los cuernos, y presumirá de lo machote que eres. Tírate un pedo delante de ella, y te dará una fama de cachondo mental que durará años (seguro que hasta te pide alguno en el ascensor de El Corte Inglés, para que se lo coman los que suben después). Aprovecha la etapa “brikindans”, porque haz cualquiera de estas cosas en las siguientes etapas y eres hombre muerto.

DOS, EL “CRUSAÍTO”

Es a partir del momento en el que decides convivir con ella. Este movimiento, hecho por el propio Chikilicuatre es exactamente igual que el que pudiera hacer el mejor de los delanteros de la Liga de las Estrellas. Ese quiebro de cadera, despistando al defensa es perfectamente equiparable a las maniobras a las que se ve uno forzado para sobrellevar más de una desavenencia conyugal, provocada normalmente por la convivencia.

¿Se acabaron las copas con los amigos? ¿Volveremos a ver a esas antiguas amigas con las que pudo pasar y no pasó? ¿Se acabaron las excursiones con la panda de borrachuzos del pueblo de tu madre? ¿Tengo que soportar la conversación de mi suegra durante otro domingo? A todo esto te digo que NO, eso sí, si sabes ejecutar perfectamente el “crusaíto”. Practícalo, por Dios. En época de convivencia, un buen regate puede ser una sabrosa victoria "in extremis".

TRES, EL “MAIKELYASON”

Te casaste, la cagaste, dice un dicho que yo no he dicho. Pero NO, no te asustes. No, si dominas el “Maikelyason”. Vas a encontrar muchas trampas en tu camino, así que tienes que estar muy atento y preparado. Procura llevar calzado cómodo. Por ejemplo; llegas a casa, deseando abrir la nevera, pillarte una cervecita fresca, que tienes reservada como oro en paño desde ayer, y sentarte en tu sofá y no hacer nada más que eso. Pero abres la puerta, te asomas al salón a decir un simple “hola” y te encuentras a tu suegra ahí sentada. Sí, en tu sofá y tomándose la última puta cerveza que quedaba en la nevera; tu cerveza.

Es en ese preciso instante, recién asomado al salón, cuando retrocedes con este paso de baile mientras dices: “¡joder, me he dejado en el despacho todos los informes de mañana!”. No das tiempo a reaccionar, porque no llegas a entrar del todo. Haces el “Maikelyason” y desapareces. Este paso tendrás que ejecutarlo muy a menudo. No es difícil. Practica en un suelo deslizante, de mármol si puede ser. Nunca lo hagas en el parquet o sobre la tarima flotante del salón con los zapatos negros, porque te van a caer tantas hostias como rallajos dejes.

CUATRO, EL “ROBOCÓ”

Ahora sois más en la familia. Llegaron los churumbeles. Llegas a casa, después de una dura jornada laboral y te encuentras a los pequeños gritando, subidos en el sofá, con todos los juguetes repartidos por el salón, como si de un rastrillo se tratara, y a tu mujer con espaguetis colgados de las orejas… Hay que bañar a los niños y acostarlos. Ella está deseando encasquetártelos y, cuando te ve llegar, ve el cielo abierto. Te consigue colar a los niños que se te suben encima para hacerte mil y una perrerías, así que no puedes hacer absolutamente NADA para evitarlo y dejar que se diviertan a tu costa. Además, si intentas quitártelos de encima, ella te lo va a reprochar tipo: “no pasas tiempo suficiente con ellos y, encima, no quieres jugar con ellos... ¡son tus hijos!”. Pero tú no tienes fuerzas para hacer nada, además sabes de sobra, que el único objetivo de tus hijos es exterminarte… por temas evolutivos y sólo te queda adoptar la figura del “Robocó” y que sea lo que Dios quiera (con el permiso de los peques).

Luego, cuando tu mujer ve que tus hijos te machacan sin oponer resistencia alguna, te llenan la cara de arañazos, golpes, mordiscos y te dejan alguna pota por encima del hombro, te conviertes automáticamente en ese pelele del que se enamoró. "Es tan bueno con sus hijos", dirá a sus amigas, cuando la realidad es que toda la familia, en tu propia casa, se descojona de ti mientras pones posturas, más que de Robocop, de clic de Famobil (Robocop habría sacado su pistolón, se habría cargado a tu mujer, a tu suegra y, mirando con cara de mala hostia a los niños, les diría eso de "no os metáis en líos"... y a ver quién cojones se bebe después la única cerveza que tienes en la nevera). Pero bueno, con este sacrificio, tienes asegurados un par de homenajes esa semana, vive Dios.

Como veis, el Chikichiki no es más que nuestro paso por la difícil vida del casado, de cómo fueron nuestros comienzos y de cómo sobrevivir en nuestra actual situación. El próximo día 24 de Mayo, en Belgrado, veremos cuántos son los europeos eurovisivos que se identifican con nuestro nuevo héroe, Rodolfo Chikilicuatre, que tan buen homenaje nos brinda y del que nunca debes olvidar su lema: ¡perrea, perrea!.


Un mágico saludo.


Merlín.
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