SEXO POR SEXO

Imagen cedida por Lucía
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Desde siempre, dándole vueltas a lo mismo, el monotema y por más que intento no me lo puedo quitar de la cabeza, estando solo o acompañado, con pareja o sin ella. Cuando la tengo, porque la tengo y cuando no la tengo porque lo anhelo … Pero siempre está de fondo. En cuanto me descuido ya están de nuevo viniéndome las imágenes en las que me gusta recrearme y cuando ella está conmigo, es como si no pudiera esperar a echarme encima para no dejarla respirar. Cualquier excusa es buena.

La única época que recuerdo más tranquila en cuanto al sexo, fueron mis tres años de ausencia católica, porque la verdad, no tenía mucho tiempo para pensar en ello, estaba a otras cosas y además, tampoco me urgía. ¿Veis? Ya me están viniendo otra vez, es inevitable y como “sarna con gusto no pica”, estaré dándole vueltas a mis fantasías durante un rato más hasta que se me pase, o me vuelva a sonar el teléfono con algún encarguito.

La cuestión es que es algo que está demasiado mitificado o dignificado, la única forma de ver el sexo como lo que es, algo NATURAL, es practicarlo a menudo. Tenía un amigo en la carrera que me hablaba de sus relaciones con su novia, con la que ya llevaba años y me decía: “el sexo es como el comer” y la verdad es que si, que lo es, pero cuando te falta o cuando no lo has probado, lo ves como una frontera a rebasar. Además como el papel del hombre en el sexo, suele ser el de aspirante (a menos que seas el puto amo y tengas tres mujeres llamando a tu puerta para hacerlo contigo … Improbable).

El sexo está metido hasta en la sopa, gusta a todo el mundo y ¡para qué negarlo! Creo que es una de las mejores maneras de pasar el tiempo junto a alguien que te importa, es algo íntimo, especial y exclusivo, hace que te sientas bien, da ganas de vivir y te pone en positivo. Después de practicar sexo, te sientes como quien resetea un ordenador, se ven las cosas de otra forma, te sientes bien, relajado, optimista e incluso….con ganas de más.

Maldita esclavitud placentera, droga natural que engancha a cualquiera que lo pruebe, siempre se quiere repetir hasta que el cuerpo aguante. Me dan ganas de eternizar esos momentos, que se pare el reloj, el mundo, que mañana no se trabaje y que esto dure siempre, que así sea … En esos momentos dos personas están siempre de acuerdo, se olvida todo lo que está fuera de la pareja, no se piensa en nada más.

Bendito el cansancio que provoca y ojalá todas las mañana fueses a trabajar cansado, por haberme despertado así, nada más abrir los ojos hacerlo con ella. Creo que lo que decía mi amigo de “como el comer” se queda bastante corto, para mi tiene algo más. No hablo ni de magia ni de conceptos morales o católicos para justificar una pareja, hablo de puro PLACER. Lo bueno del sexo, es que al olvidarte de todo lo demás acabas persiguiendo una sensación en si misma, y todo lo que haces en ese momento está en función de perseguir ese clímax. Desaparece cualquier complicación y solo has de centrarte en eso.
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Siempre me sabe a nuevo, a especial, a desayuno en la cama, a relajarse, a hablar de todo un poco, al cigarrito, al masaje, al susurro, a caricia, a quedarse dormido hablando, a dar vueltas en la cama durante horas, a abrazarse, al tacto de la piel, a su perfume … A todas esas cosas que solo pasan cuando estás con ella.

La única razón que veo para que la Iglesia le tenga tanta manía, es que produce u placer que ellos se niegan a sí mismo porque les pudiera distraer. Esas restricciones son infundadas, soy conocedor de los Evangelios y del Antiguo Testamento y en ningún momento se habla de restricción sexual, en ninguno. Lo único que puede estar asociada a esta idea, es una recomendación de San Pablo, insisto una recomendación en sus cartas que dice algo así: “Que cada uno siga al Señor en el estado en que lo encontró”. Es una recomendación de san Pablo, pero no es Palabra de Dios. Además, me hago a la idea de que Pablo era fariseo o doctor de la Ley Judía y como tal, tenía un pensamiento enfocado al juicio y a observas escrupulosamente normas y leyes.

Que maría con querer ensuciar y prohibir, juzgar e intervenir en las cosas que dan vida y ganas de vivir. Desde luego, desde allí el sexo por sexo se ve como una esclavitud. Lo cierto es que el sexo si puede llegar a serlo, cuando se convierte en obsesión o se tiene como fin último, puede llegar a ser compulsivo, eso es lo que no es sano, pero tranquilidad… Os puedo asegurar que hay mucha más obsesión por el sexo dentro la iglesia que fuera.

Os voy a confesar una fantasía para terminar: Si me tuviera que morir, me gustaría hacerlo justo después de haber hecho el amor, morirme de un orgasmo para irme bien de este mundo en el que para cuatro cosas buena que hay, parece que hay que “reservarlas con antelación”, porque siempre las dejamos para lo último.


Un fuerte abrazo.


Arcángel.

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