RESPUESTA Y ACTITUD FRENTE A LA BETAIZACION, por MERLIN & ARCANGEL

En este artículo, vamos a profundizar en la actitud del hombre a la hora de responder. Lo primero decir, que para tratar este tema, hemos de aclarar que la betaización, va enmarcada en un contexto de relación estable. Dicho de otro modo, la mujer intentará moldearte a su manera, una vez que esté interesada en ti como pareja potencial o quiera seguir manteniéndote como pareja actual. Esto lo hace a un nivel inconsciente, para asegurarse de que eres el mejor ejemplar que hay en el mercado, es algo normal y natural y que va implícito en el contexto de una relación en el medio-largo plazo.

Puedes entenderlo de forma que, realmente le sigues interesando para formar una familia, ser el padre de sus hijos y saber que estarás con ella durante un tiempo suficiente para poder planear un futuro conjunto en el largo plazo. No pretendemos en caso alguno, que entiendas este material como elemento de confrontación hacia tu pareja, sino como una forma de adaptarte y mejorar la relación con la mujer con la que compartes tus afectos. La betaización es algo que se da de forma natural y por lo tanto, lo mejor que puedes hacer es aceptar su existencia y no llevarte las manos a la cabeza, cuando empieces a ver los primeros síntomas.

Para poder hablar acerca de cuales serían las actitudes y respuestas adecuadas, ante los intentos de nuestras amadas mujeres por amoldarnos a su imagen y semejanza, algo natural en todas las relaciones, hemos de diferenciar al menos dos contextos dentro de las posibles modalidades que afectan a las relaciones estables hombre-mujer. Hablaremos de la diferencia entre el soltero y el casado, ya que el nivel de compromiso social y familiar es distinto, siendo distinto también el margen de maniobra que tenemos para ambos estados:

BETAIZACION PARA SOLTEROS, por ARCANGEL

COMO ELLA TE PIDE LAS COSAS: Vamos a empezar con algo sencillo, sentencias que seguramente nos han dicho más de una vez estando en pareja, acerca de formas sutiles de pedirnos que hagamos algo concreto, con un gancho implícito de culpa, responsabilidad o capricho, de forma que, si no llevamos a cabo la petición, ella pretenda que sintamos que la hemos fallado: “Hazlo por mi” “¿Lo harías por mi?” “Me haría muy feliz que…” “Como hombre deberías …” “Si me quisieras de verdad, deberías hacer…” “No hace falta que te diga, que lo mejor para nosotros sería…”.

Fíjate que en todas estas sentencias, existe un patrón común en referencia al uso del condicional, ya que si te lo pidiera directamente, sería una orden directa y podría encender tus alarmas, utiliza el nosotros para darte a entender que a ti te conviene tanto o más que a ella, realizar una determinada labor. También te da a entender que le puedes fallar como hombre, o cuestionar tu hombría si no haces lo ella pide de una forma sutil.

En este momento, lo primero que has de saber, es que tu hombría no depende de lo que hagas o de lo que dejes de hacer. Tu eres hombre, respiras, te mueves y hablas como hombre, desde que naciste, son tus genes y lo seguirás siendo hasta el día en el que mueras, es algo inmutable en ti. Esto es lo que has de tener claro, al menos desde ahora, por si creías o te habían hecho creer, que tu valor o calidad como hombre, está en función de la satisfacción de ciertas conductas ajenas a tu persona.

Ahora y ya que formas parte de una pareja, antes de mover un solo dedo piensa si verdaderamente esa petición os alimenta a los dos, o es algo que simplemente te pide para probarte y que cedas. En realidad esta disyuntiva no deberías ni planteártela, puesto que cuando das algo en pareja lo haces porque realmente quieres hacerlo, lo haces de forma libre y lo más importante: LO HACES PORQUE QUIERES, no porque te haya sido impuesta condición alguna.

En el momento en que comiences a actuar o a cumplir las peticiones que te hace, desde el marco de agradarla solo a ella, pasando por evitar la culpa, pasando por el “no eres lo suficientemente hombre”, pasando por una demanda suya, etc. Tendrás la sensación de haber ganado su aprobación inmediata y te parecerá que todo está bien. En cambio, ella verá que pidiéndote las cosas utilizando este método de culpa o de “si no lo haces me vas a fallar”, le da resultado. ¿Qué pasará? Si tu ves que te funciona algo, sigues utilizándolo, por lo tanto, si para ella esta es la forma más eficaz de salirse con la suya, la seguirá utilizando cada vez más.

La solución es, que ella ha de ver que pidiéndote las cosas de una forma más honesta y de forma justa, va a conseguir lo que quiere, respetándote y al igual que tú la premias a ella, ella te premie a ti. No ha de premiarte de una forma similar, pero si equivalente. Aquí tenéis que salir ganado los dos, es así de fácil. Si te hace estas peticiones “con truco” simplemente, no accedas, no te subyugues a este chantaje emocional y responde con un simple: “Si quieres algo, pídemelo correctamente y por favor, o ¿acaso no te enseñaron de pequeña que las cosas se piden por favor y que después se dan las gracias?” “Si me lo pides correctamente, empezaremos a hablar”.

En el momento que le respondas de esta manera, ella verá que no entras en el juego del chantaje y o bien, cambia de registro a la hora de pedirte las cosas, o bien no obtendrá de ti aquello que está pidiendo. De todas formas, ella son listas y lo que les cuenta es conseguir lo que quieren, así que si ha de adaptarse, lo hará porque verá que le da buenos resultados y que tú estarás encantado de ayudarla, siempre que haga falta cuando se dirija a ti de una forma más transparente.

COMO ELLA SE DIRIGE A TI: Pongamos unos ejemplos típicos o tópicos “Corazón” “Cariño” o cualquier forma familiar que ella utilice para llamarte. Probablemente ya estés acostumbrado, quizás también use un diminutivo de tu nombre o una forma de llamarte que solo utilice ella de forma exclusiva contigo. Estas formas de nombrarte son particulares, exclusivas y no diré que malintencionadas, en ningún momento tienen porque serlo. De igual forma que tu a ella le puedes llamar “princesa”, “pichoncito”, “cosita”, etc. Ella te puede corresponder.

¿Qué pasa con el uso de estos apelativos? Crean una exclusividad que por un lado indican pertenencia (a esto voy), pero por otro lado, en determinadas circunstancias, o en público, o ante su familia, o ante tu familia, o ante tus amigos pueden ser utilizados “en tu contra”. Con el paso del tiempo, estos apelativos cariñosos pueden ser utilizados para callarte y que no te quejes: “gruñón”, “quejica”, “flojo”, “tontín”, “celosillo”, “pelusilla” o tales otros.

La cuestión es que si ella ve que estos apelativos te suponen una dificultad en público, estará encantada de usarlos cariñosamente contigo para demostrarle a todos tus amigos que eres su mascota. Puedes hacer dos cosas: obviarlos o ignorarlos, pero en el momento que te piques, ella ya va a saber como te tendrá que llamarte la próxima vez para ponerte en evidencia delante de alguien. Puedes también jugar y devolverle el apelativo con su nombre, o aplicarle un nombre similar de forma que la pertenencia sea mutua y jugar, puedes divertirte haciéndolo.

Vamos a hablar ahora de lo que es entrar en faltas de respeto, que en primera instancia no tienen porqué resultar aparentes. Dices cualquier cosa y ella responde “Si es que pareces tonto”, “Tienes ideas de bombero retirado”, “¿Eso te lo ha dicho tu amigo Manolito” o “Machista” (esto último basta que te lo suelten cuando no se salgan con la suya o hagas un comentario que no le guste, no quiere decir que lo seas). Si pasas estos apelativos por alto, es más que probable que se acostumbre a usarlos cada vez más y que vayan aumentando en gravedad, minando de esta forma, poco a poco, el respeto por ti.

Lo malo sería a que te acostumbres a que te llamara directamente por un insulto o faltándote el respeto. Esto que comento, no es extraño, es más, lo he visto de primera mano en mi casa desde pequeño, lo he visto en las novias de mis mejores amigos y en la mayoría de las mujeres con las que he compartido una parte de mi vida y por cierto, nunca he estado casado. El caso es que no has de pasar una falta de respeto por alto, esto es como la ley del embudo. Si ves que te lo ha faltado, no dudes en apercibirla por ello por si se le olvida como te llamas y como ha de llamar tu atención, siempre de forma correcta.

EL REPROCHE, EL ULTIMATUM Y LA AMENAZA: Mi abuelo paterno, hacía enfadar a mi abuela porque ella le daba alguna orden directa. El hacía lo que le daba la real gana y decía en voz alta para que mi abuela le oyera: “Las mujeres son leonas, unas buenas, otras malas, unas fieras y otras mansas … pero todas leonas”. La cuestión es que este patriarcado de post-guerra, a día de hoy podría funcionar con mi abuela, pero no con una mujer soltera, trabajadora e independiente, que teniendo novio a día de hoy, sigue teniendo sus opciones, afortunadamente y como es natural, hoy la idea de “aguantar por costumbre, por tradición cristiana, o por imposición establecida” está descartada .

La mujer de hoy, no tiene ese tipo de barreras o limitaciones de nuestros abuelos. Es más, si no se sale con la suya a la primera, querrá salirse con la suya a la segunda o a la tercera … o a la enésima, pero se querrá salir con la suya y no tiene porqué renunciar a nada. Si no consigue lo que quiere por un medio, lo intentará por otro antes que perder la oportunidad de obtener un beneficio. En el caso que no le salga la vía indirecta, o el chantaje, incluso la petición directa o el reproche (este último lo emplea justo antes que el ultimátum), empleará el ultimátum o la amenaza.

Esta forma de querer salirse con la suya, supone una imposición directa y unívoca a su pareja, que en el caso de que este no haga lo que ella diga, o no cumpla la condición que ella imponga, puede perder un bienestar dentro de la pareja, o simplemente, perder la pareja. Intentar dialogar en este punto, tiene el mismo riesgo que negociar con terroristas y han de recibir el mismo tratamiento que los mismos.

La amenaza es violencia verbal, y en el momento que se cede ante una amenaza, ella sabrá que ahora ese es el camino más corto para obtener lo que quiere. Se olvidará de pedirte las cosas correctamente y su tono se volverá cada vez más exigente. Si no cae a la primera petición, lo segundo será ya una amenaza: “Si no dejas de salir con tus amigos, te corto el grifo”, “O vamos a comer a casa de mis padres o ya veremos si ves el fútbol”, “O haces lo que te digo, o le digo a todos tus amigos que la tienes pequeña”, etc. Desde luego hay amenazas más graves, pero esas son más materia de casados.

Puede que la cuerda, llegue a tensarse tanto, que ella por fin se canse. Cuando vea que es imposible sacarte algo vía amenaza tendrá que plantearse, si de verdad le compensa seguir esforzándose tanto en obtener lo que quizás a otro podría sacarle con un chasquido de los dedos, una sonrisa o una noche en la cama. En el momento en que una mujer, siendo esta tu novia, tu pareja, tu amiga o lo que sea, opta por la amenaza, es que ya no dispone de más recursos para llevarte a su terreno y seguir moldeándote. Es un punto de ruptura o inflexión, en el que puede llegar a perderte el respeto totalmente si cedes. En cambio, si no cedes a lo mejor la pierdes, pero … ¿Te merece la pena estar con alguien que no te respeta? Honestamente, desde luego que no.

BETAIZACION PARA CASADOS, por MERLIN

COMO ELLA TE PIDE LAS COSAS: El matrimonio ofrece una nueva perspectiva de la pareja, como es obvio. De repente, una sensación de relajación te invade cada vez que ella te pide algo. No sé por qué razón, pero ya te esperas que el tono de pedirte las cosas será muy diferente al que tenía cuando sólo erais novios.

A diferencia de lo que ocurre cuando tu estado es la maravillosa soltería, ahora no te van a sugerir las cosas para que las hagas de manera espontánea para agradarle a ella; te lo van a pedir de forma directa, es más, casi se podría decir que te las van a ordenar. Pero, aunque esto parezca una clara desventaja, no lo veas así por una razón muy sencilla: de la misma manera que ella no tiene necesidad de “sugerir”, tampoco tú tienes la necesidad de “ganártela” haciendo la acción que ella “propone” para que las cosas vayan sobre ruedas. En otras palabras; no tienes por qué ser sumiso a estas alturas.

Un claro ejemplo de cómo cambia su actitud en este sentido: el primer año de novios, paseábamos por un centro comercial, de camino al cine. Nos paramos en un escaparate donde había un bolso que le llamó la atención.

- Huy, qué bolso más original, verdad?
- Sí, no está mal.
- Pero será carísimo; en estas tiendas no hay quien compre…
- Es cierto. Seguro que el cualquier tiendecilla del centro lo encuentras más barato.
- Bueno, a ver si para Reyes me lo puedo comprar.

Ya está todo hecho. Ya te ha dejado claro el bolso que le haría mucha ilusión tener y que no se puede permitir (MENTIRA, se gasta más en cremas y perfumes a diario). Como decía, la diferencia está en que al día siguiente, por la mañana, te diriges a ese local, y compras el bolso para dárselo esa misma tarde, durante una cena romántica que minuciosamente has preparado en un buen restaurante. Ya sabes que esa noche “hay temita”… y no falla. Si cenas bien, le das el bolso y tienes un hotelito reservado (en su defecto, un coche amplio y la Casa de Campo cerca), te aseguro que no te va a poner pegas para que tengáis una apasionada noche loca.

Ahora veamos lo que ocurre con la misma situación, después del “sí, quiero”

- Me encanta ese bolso.
- Si tienes 40.000, no me jodas.
- Ya, pero a ver si tienes un detalle y me lo regalas, que no me regalaste nada el día de los enamorados.
- Sí. Te regalé una colonia.
- Pero eso no es un regalo; es lo que compra todo el mundo, nada original que salga de ti. Por una cosa que te pido y que me gusta…

Y lo que pasa es que tendrás morros hasta que el bolso llegue a casa. Supongamos que llega. No hace falta decir que lo compras sin ninguna gana porque, además, seguro que el bolso te horroriza Y ELLA LO SABE (de novios, para ella sería muy importante que el bolso fuera del agrado de los dos. Ahora eso no es importante). Bueno, pues ya que has hecho el esfuerzo de comprar el bolso… qué menos que pedir (implorar, suplicar) una nochecita “movidita” después de varios días, meses, sin catarlo, verdad? Pues la respuesta que más fácilmente te puedes encontrar es: “hoy estoy cansada, cariño, pero te prometo que este fin de semana nos pegamos un homenaje tú y yo…”. Por supuesto, olvídate. El fin de semana ya tiene el bolso más que estrenado y se le ha olvidado por completo que se lo compraste tú… ni hablar de la promesa (eso se le olvidó al día siguiente).

COMO ELLA SE DIRIGE A TI: Ahora te tienes que acostumbrar a que palabras como “corazón”, “cariño”, “pichurrito” y todas esas mariconadas SÓLO van a salir de su boca cuando accedes a sus deseos o chantajes, obviamente para autoconvencerse ella misma de que lo que ha hecho, “exigiéndote” que hagas algo, no se pueda considerar como una barbaridad o abuso de su situación de mujer.

Ante esto, casi todo lo que antes eran sugerencias por el bien de ambos se transforman en órdenes en su propio beneficio. También puede pasar que te digan que lo tienes que hacer POR TU PROPIO BIEN, y eso es mucho más divertido.

- Hay que ir a casa de Pepito, que he dicho que iríamos a tomar algo porque hace mucho que no nos vemos.
- Pero si he quedado con mis amigos para dar un paseo en moto…
- Claro, la dichosa moto. Ya, lo de hacer vida familiar no va contigo, verdad? (aquí se omite, por razones evidentes, que te has levantado a hacer la compra, que has pasado el día anterior entero en casa de su madre, que has llegado del trabajo todos los días y directamente has bañado a los niños, les has dado la cena y los has acostado… pero debe ser que eso no es parte de la vida en familia a la que ella hace referencia)

Ahora depende de ti lo de suspender el paseo en moto, lo cual te vendrá muy bien para recordarle que te había prometido un homenaje hace unos días o “sugerir” que vaya a casa de Pepito ella sola con los niños (lo cual aconsejo) y que, después de tu paseo en moto, irás a recogerlos (ahí sí, olvídate del homenaje).


EL REPROCHE, EL ULTIMATUM Y LA AMENAZA: Ante estas situaciones puedes actuar de muchas maneras, pero verás que no tienes tampoco mucha opción; o lo haces o no lo haces. El término medio es muy difícil de conseguir, pero no imposible.

Muchos habremos escuchado lo de “si te portas bien, esta noche te doy una sorpresita”. Con eso hay que acabar, YA. Es indudable, y de todos conocido, que tu mujer siempre va a pensar que cuando se acuesta contigo te está premiando. No pasa de novios. De novios estáis los dos más salidos que el pico de una mesa, buscando los momentos y rincones de donde sea para poder daros unos achuchones. Es cuando pones de moda los fines de semana a casas rurales, las vacaciones en puentes, Semana Santa, Verano… cualquier ocasión es buena para salir de casa, y lo único que importa es que el hotel esté bien (porque es donde más tiempo vas a pasar). Luego, la cosa cambia. Ahora, acostarse contigo te lo tienes que currar, porque ELLA ES SUPERIOR. Ella decide cuándo y dónde y cómo. Por eso, lo único que tienes que hacer es demostrarla que el premio es para los dos, no sólo para ti.

No hay nada mejor que el diálogo para convencer a una mujer de cualquier cosa. Y si es un diálogo que le deje pensativa, mucho mejor. ¿Os imagináis que le decís que es una mala amante y que no queréis acostaros más con ella PORQUE NO DISFRUTÁIS? ¿Qué creéis que pasaría? No pasaría NADA. Es lo mejor, pero sabiendo cómo hacerlo.

Tu mujer da por hecho que eres tú el que debe esforzarse en la cama, que ella ya lo tiene todo ganado porque se supone que tú deseas hacerlo todos los días y ella puede aguantar meses sin rozarte. Pero eso es falso. Disfruta tanto como tú, pero hacerlo todos los días es ponerse en una situación de igualdad que no les viene nada bien para poder manipularte a lo largo de la convivencia. Por eso han inventado la famosa frase “si te portas bien, esta noche te doy una sorpresita”, o lo que es lo mismo, TE LO TIENES QUE GANAR.

Os invito a que probéis lo siguiente, si perteneces al grupo de los que se lo están ganando día a día. Te sientas una noche a charlar con ella (tranquilo, con buena cara) y le dices: “mira, cariño, quiero hacerte una pregunta. ¿A ti te sentaría mal si me fuese una noche con una prostituta? No hablo de tener una amante, ni de encariñarme con nadie. Hablo sólo de satisfacer mis deseos y necesidades sexuales, porque creo que contigo no lo voy a conseguir. A mí me encantaría poder hacer el amor contigo todos los días, porque lo necesito, pero no veo que para ti sea prioritario, ni siquiera satisfactorio desde el momento que parece que me lo tengo que ganar. Y eso no debe ser así. Yo procuro hacerte disfrutar con el sexo. No sé hacerlo mejor. Pero lo que está claro es que no puedo resignarme, con mi edad, a que tengo que renunciar al sexo porque a ti no te apetece nunca hacerlo (ojo, aquí puedes aprovechar y meter otra frase tipo “no me puedo resignar a que nunca me van a hacer una felación, o que nunca voy a disfrutar de mis fetiches favoritos – medias, ligueros, cuerdas… -). Insisto en que no necesito a otra mujer, pero sí necesito cubrir esa carencia que tengo en este momento de mi vida”.

Acabas de destrozar sus esquemas. No hay nada peor en el mundo que a una mujer le digan que no vale para algo. Imagínate, le acabas de decir que no es capaz de satisfacerte en lo más básico; en el sexo. En algo para lo que no hace falta tener una carrera universitaria, ni ser más inteligente… tan sólo necesita abrirse de piernas y no vale ni para eso. Evidentemente, no se lo has dicho de esa manera (Dios te libre), pero es lo que se va a quedar procesando después de esa conversación.

Añade, sin miedo; “… de verdad, sólo que me hagan una mamada… que ya no sé lo que es eso ni quiero pensar que, porque vivo contigo, nunca más me lo van a hacer. De verdad, ¿a ti te importaría, sabiendo que no habrá amor de por medio con una profesional?. Te lo quiero contar así, tranquilamente y con ánimo de solucionar un problema que para mí es grave, y porque te quiero y no sería capaz de irme con otra por lo típico de que lo que no tienes en casa lo buscas fuera… yo no soy así y quiero encontrar todo en casa, para eso me casé contigo”.

Así, a simple vista, os puede parecer una burrada pero, lejos de enfadarse contigo, pensará sobre el tema y, aunque no te diga nada, no pasarán más de dos días sin que te espere con el liguero, el látigo y la capucha en el dormitorio.

No cedas ante la amenaza. No cedas ante el “si te portas bien…”, porque todo eso es mentira, y ellas lo saben. Hazte valer. Ella te necesita tanto como tú a ella, pero su subconsciente no les deja verlo y necesitan un poquito de ayuda. Un sustito así, te aseguro, les hace abrir los ojos, pues es impensable para cualquier mujer que una “cualquiera” pueda dar a su pareja algo que ella no.

Espero que mis experiencias puedan ser de utilidad alguna. Si no… siempre estarán los clubs de alterne, como decimos nosotros, “pa echar unas risas”!!

Os deseamos desde P&R una feliz y satisfactoria vida en pareja, tanto a los solteros como a los casados.

Un fuerte abrazo y un mágico saludo

Merlín & Arcángel Equipo P&R
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