POLI BUENO … ¿POLI MALO Y VINO BLANCO? por FIONA

Imagen cedida por Núcleo
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Esta experiencia que os voy a contar puede parecer de broma, bastante parodiable e incluso cinematográficamente adecuada para una comedia, pero os aseguro que es totalmente verídica. Cada vez que la cuento la gente se cae al suelo de la risa y aún a día de hoy me pregunto como narices pudo pasarme a mi …¡Con lo buena chica que soy! Sucedió hace unas pocas semanas …

Estaba yo de marcha con mi grupo de amigas pidiendo vinos, en un conocido antro del madrileño barrio de Chueca. La verdad es que estábamos estupendamente, nos habíamos juntado unas cuantas y aparte también había algún que otro novio y amigos adosados de los mismos, sin duda a la caza de una posible presa femenina. ¡Qué bueno que estaba el vino! Eso os lo puedo asegurar, tanto que pedí uno, pedí dos, pedí tres y así … hasta un larguísimo etcétera. Como sería de largo el etcétera, que como coartada y en mi defensa diré, que LA CULPA FUE DEL VINO, ya que ahora mismo no le encuentro una explicación lógica a lo que sucedió más tarde.

Resulta que uno de estos amigos que deambulaban por el local, un hombre alto, de complexión fuerte, bastante guapo, cuyo nombre no mencionaré por razones obvias y por mi propia seguridad, con fama entre sus amigos de ligón (cosa que desconocía), se puso a darme coba de una forma más que agradable. Supongo que mi embriaguez facilitó también que mis defensas no estuvieran activas, pero la impresión que me dio este chico fue positiva, además era guapo y encantador …¡No puedo negarlo! La noche seguía avanzando y ya estaban todas mis amigas dispersas planteándose el irse a casa.

Alguna de ellas quiso rescatarme, pero la fuerza de la atracción y el vino blanco me pudieron más, para quedarme e irme posteriormente con él a su casa, ante la atónita y perpleja mirada de mis amigas, que no cabían en su asombro. En concreto una hizo algo así como “un último intento de recuperarme” para salvarme del hipotético peligro… Supongo, pero ignoré tal ayuda. Además le advertí al buen hombre que iría a su casa solo a dormir. Hay que ver en que “fregaos” se mete una por la inercia de la noche y lo peor, es que en ese momento realmente crees que vas a dormir ….¡jejeje!

Hasta aquí todo va más o menos bien ¿Verdad? A todo esto, el me dijo que vivía solo … primera MENTIRA, nada más llegar a su casa veo un mobiliario que encajaba más con una vivienda familiar completa. Pienso para mis adentros “o está casado o … no, no puede ser, es un hombre ya maduro como para vivir con sus padres”. En efecto, nada más entrar me dice: “No hagas ruido, que no quiero despertar a mi … madre …” Si queridos amigos, su madre. Aquí el error fue mío por no irme corriendo despavorida ante semejante y rocambolesca situación. Un hombre mayor de 30 años que vive no en familia, sino con su madre y encima me ha mentido antes de camino diciendo que vivía solo.

Lo siguiente fue que me enseñó un poco la casa y de repente entramos en una habitación en la que lo único que había expuesto eran armas de fuego, armas blancas, esposas, porras, uniformes paramilitares y de policía. El chico era policía o expolicía, no lo puedo asegurar, pero imaginaros la cara que se me quedó cuando vi semejante percal “¿Dónde me he metido Madre mía?, ¡Virgen María madre del amor hermoso!”. Ya como anticipando la siguiente sorpresa, al entrar en su habitación me dice: “Ten cuidado que al lado está durmiendo una compañera mía de trabajo”. Ya no me atreví a hacer pregunta alguna, resulta que el zagal de vivir sólo como me dijo, a la que tenía montada en casa, había un buen trecho de diferencia.

Bueno ¿Creéis que ya no hay más sorpresas? Pensé para mi “A lo hecho, pecho Fiona, tendrás que pasar este rato de la mejor manera posible”. No debe de conocer este chico muy bien a las mujeres, puesto que cuando le dije lo de ir a dormir a su casa, debió entenderlo de forma literal. Me sacó un pijama de su talla, de los de manga larga y pantalón, que hizo que me pusiera para meterme en la cama, a pesar de que cabían tres como yo dentro. Me lo pongo y veo que … Me da las buenas noches ¡se va de la habitación dejándome alli plantada con su madre durmiendo en la habitación de al lado! … Y todo ¡Sin mirar atrás! Increíble pero cierto, pues pensé “Cruza los dedos Fiona y duerme y que sea lo que Dios quiera”. Para mi sorpresa, al rato, entró en la habitación preguntando si se podía quedar conmigo …”¡Vaya! Algo lógico entre toda esta situación de tele comedia” y por fin hubo sexo (en lo que no entraré en detalles, puesto que no es lo más destacable de esta historia que os cuento).

Por la mañana, no se todavía por qué se le debió atascar la coletilla de empezar a llamarme “Cari”, cosa que bien sabe Dios y mis exnovios, que no soporto. “cari esto, cari lo otro, cari arriba, cari abajo…”. Hasta las narices ya le dije “Me llamo Fiona, no cari ¿OK?” A lo que el pareció hacer oídos sordos y siguió taladrándome los oídos con esa odiosa palabra hasta dejarme cerca de casa.

Inocente de mi, le dije, que tenía que comprar unos bollos para desayunar con mis compañeros de piso, a lo que el se auto invitó de forma instantánea a subir a mi casa y conocer a todo el mundo. Yo ya había tenido más que suficiente ración de poli, quería llegar a mi casa, contarle la batalla a mis compañeros y pasar página. Argumenté que no hacia falta, que era muy difícil aparcar por ahí en domingo, que no había sitio. ¡Mentira cochina! Podía aparcar porque había huecos como pistas de tenis, quería librarme ya de esta situación cuanto antes. No es que el chico fuera malo, es que la situación parecía de mentira, rara, surrealista y ligeramente macabra… Con una vez basta. Cuando les conté esta historia a mis amigas y compañeros de piso empecé a verle la gracia ante sus reacciones pero… ¡Anda que menudo ejemplar hay por ahí suelto!”.

Así que … ¡Menos vino blanco!

Un beso a tod@s


Fiona.
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