LENCERIA Y FENOMENOS EXTRAÑOS, por STEEL


Imagen cedida por Loreta
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Al leer la historia de Fiona, me acordé de otra historia que viví hace ya algunos años. Un día mi grupo de amigos fuimos a una discoteca que entonces estaba muy de moda. Una de las chicas del grupo, se acercó a dos chicas que estaban en la misma discoteca, por lo visto se conocían. Después de los charlar un poco con ellas, y en un apartado que hicimos las chicas, una de ellas, de nombre italiano, igual que Fiona, nos señaló a un chico. La verdad es que el chico tenía toda la pinta de ser bastante popularcito y “sobrado” de medios, sonrisa comercial y pinta de profesor de tenis. Parece ser que la gustaba, y se pasaba varios días por esa disco a ver si ligaba con él.

El chico al cabo de un rato se acercó, como estaba previsto, con unos aires de grandeza, copa y cigarro en mano (esto último craso error por su parte, hay que ir a cuerpo) y empezó a tontear con ella. Ella tonteó un rato, y luego se separaron. No sabíamos exactamente que era lo que habían negociado, pero se les veía a los dos muy tranquilos, como quien aplaza una reunión de trabajo. Ella nos comentó que llevaban así un mes, que no sabía nada de él, que solo se veían en la disco, y que estaba esperando a ir a Londres a comprar ropa interior impresionante, para acostarse con él.

Ni que decir que yo flipaba, no por lo de ir a Londres a comprar ropa interior, porque en esos tiempos era muy bonita, sino por lo de acostarse con alguien de quien no sabía nada. La cuestión es que en realidad eran dos completos desconocidos porque ni siquiera se llamaban, solo coincidían en la discoteca muy ocasionalmente, pero parecía que se gustaban y se buscaban el uno al otro, esperando el momento oportuno. Lo que a ella le exasperaba era que el “profesor de tenis” parecía no tener prisa por estar con ella y eso le encendía todos los demonios.

Una noche que volvieron a verse en la disco, y que la chica ya había ido a las rebajas en Londres haciendo acopio de toda la lencería de Liberty, se insinuó al chico de tal forma, que este le dio las llaves de su casa, y un plano con la dirección y como llegar. Le dijo que se fuera para allá, que él iba a acercar a un amigo a su casa, y luego se pasaría. Lo dicho, el chico más sobrado y más chulo que un ocho, encarga a mi amiga “a domicilio”. Si a mi un tío me dice eso … Bueno, mejor dicho, no llega ni a decírmelo, un caballero que se va a costar contigo al menos se comporta y se molesta en llevarte él mismo.
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Imagen cedida por Loreta
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Lo malo de situaciones así es que en realidad llegas a temer por la integridad de tu amiga, te preocupas por ella, porque no sabes con quien se va y el chico, tampoco hizo mucho por acercarse a nosotras para conocernos y que le diéramos nuestro visto bueno. En fin, mi amiga ya estaba cegada se frotó las manos (metafóricamente hablando) porque al final se iba a salir con la suya.

La chica, con su lencería de encaje y raso, un bolso en el que llevaba mas cosas que un maletín de la Srta. Pepys se fue a la casa, pidiéndole a mi amiga que la acompañara porque le daba miedo. Entraron en la casa con más miedo que vergüenza (de esa no tenía mucha, pero miedo le sobraba) y después de comprobar que no era la guarida de un asesino en serie, mi amiga se marchó, eso sí por si acaso el móvil a mano y encendido, ay que no disponíamos del “historial amoroso del susodicho”, ni de referencia o información alguna de alguna “víctima anterior” conocida.

A la mañana siguiente, la chica llamó indignada, estaba total y absolutamente rabiosa. Según parece se puso a ver la tele para hacer tiempo hasta que el llegó, y la peli que ponían la enganchó. Cuando él llegó a la casa, le dijo que esperara un poco, que iba a terminar la peli. Ligeramente atónito, él le dio un beso en el pelo y le dijo que la esperaba en la cama. Cuando terminó la peli, ella se fue toda sexy a la cama, se acercó a él, y él le dio un beso en la frente y se puso a dormir, con un “espero que no ronques, mañana cuando te levantes no hagas ruido y el desayuno lo tomas en el bar.”

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Imagen cedida por Loreta
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En fin, que la canción esa de “no estamos locos...” no creo que sea del todo cierto y la segunda parte de “ que sabemos lo que queremos” es aún menos cierta.

Nosotros decidimos en que mundo queremos vivir, y con nuestros actos nos encaminamos a él.

Steel

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