COMPROMISO CON FECHA DE CADUCIDAD

Quiero hablaros de unas imágenes que he visto repetidas en múltiples ocasiones cuando salgo a cenar o a comer por ahí. Os hablo de la típica pareja joven o de mediana edad a la que podéis ver en cualquier restaurante, comiendo callados y sin decirse una sola palabra, o a la típica pareja que se empieza a romper nada más casarse, o a la típica pareja a la que le empiezan a ir las cosas mal nada más irse a vivir juntos. La verdad es que están llegando a ser situaciones tan sumamente tópicas que a mi me personalmente me asquea, que lo tópico sea lo malo y no lo bueno.

En cambio, cuando veo a una pareja mayor, de abuelos los veo siempre de otra forma. A lo mejor no están agarrados, o a lo mejor están discutiendo, o sin hablar, pero al actitud que tienen es muy distinta. Se les ve de otra forma, se les ve JUNTOS. En la típica escena de restaurante, puedes llegar a ver parejas de gente sola, absolutamente sola … Como que están ahí porque no les queda otra y a lo mejor no tienen ni un año de relación. También se les puede ver con el carrito del bebé con cara de sentencia y sin hablarse, esto en particular me parte el alma.

Un buen día, uno de los dos miembros de la pareja se cansa y ¡ala! … A buscar otra cosa. La fragilidad del compromiso está tan barata, que si el compromiso se cotizara en bolsa, el valor de las acciones estaría de saldo. A la mínima que se te tuerce algo en una relación, lo más fácil es abandonar y seguir disfrutando de la vida que para eso solo hay una ¿verdad?

Esto antes no pasaba, antes los matrimonios eran matrimonios de verdad, de ahí que hable de la pareja mayor en actitud de estar juntos… ¿Por qué? Porque después de más de cuarenta años juntos, ya no se conciben el uno sin el otro. Además me apuesto cualquier cosa a que han tenido que pasar por muchas más dificultades que una pareja a día de hoy. Hablamos de post-guerra, hablamos de miseria, hablamos de tener dos trabajos el hombre y la mujer cuidando a los niños en casa (asi hizo mi abuelo paterno en la post-guerra para salir adelante), hablamos de sacar de donde no hay, de pasar juntos los problemas, de pensar en pareja por encima de sus deseos individuales, todo para que la familia esté unida y puedan sacar adelante a sus hijos.

La radical diferencia es que antes las personas nos necesitábamos, la gente se necesitaba y realmente la supervivencia de la familia, dependía de que la familia estuviera junta, que cada miembro de la pareja fuese fiel a su rol y funciones. Se tenían más hijos y la estabilidad familiar era algo que se daba por hecho en todas las casas. Ahora tenemos más dinero, más libertad individual, menos hijos, más facilidades que nuestros padres y abuelos y a día de hoy, la estabilidad familiar y el compromiso, son valores utópicos y puestos en tela de juicio constantemente.

La verdad es que ahora, miramos mucho más por nuestra libertad individual que por la del conjunto, se nos ha educado para consumir y tener un bienestar, para buscar el placer como fin último, no desde luego para cultivar una familia y tener hijos. Así nos irá pasando poco a poco, con un toque apocalíptico al más puro estilo de derechas y THE MATRIX, profetizo que en doscientos años, los niños ya no nacerán y seremos tubérculos que saldremos de cápsulas, viviremos con un enchufe en la nunca sin movernos en un capullo con gelatina, mientras creemos que vivimos una vida plena de AUTOSATISFACCIÓN, cuando en nuestra vida habremos salido del dicho capullo.

Los valores de compromiso y familia dejaron de usarse, se nos olvidó tener hijos por comodidad económica, no queríamos pasar por ningún tipo de obligación que “nos quitara libertad” y sólo pensábamos en pasarlo bien anestesiados, hasta el último de nuestros días. Si alguna vez veo que la sociedad se torna en esto, ya os aviso que me voy a orar a un monte, a comer langostas y miel silvestre como Juan El bautista hasta que Dios me llame, si es que se acuerda de llamarme.

No sabemos pensar en conjunto, solo sabemos mirar por nosotros mismos y esto quiere decir por mucha libertad que haya y mucha ley del Divorcio Express, que no hemos evolucionado absolutamente nada, es más, lo único que conseguimos así es que cada vez haya menos nuevas generaciones, que son siempre las que al final acaban levantando la sociedad y la economía.

A veces, cuando estoy en casa y estoy viendo las noticias con mi compañera de piso, según estén contando a veces le digo: “Esto se va tomar por… (sí ahí mismo, donde la espalda pierde su noble nombre)”. ¿Esto es evolución? Dentro de poco saldrán todos los niños raquíticos y de rostro pálido, sin saber a quien llamar mamá o papá, porque cualquiera de los dos términos pudiera implicar connotaciones sexistas que pudieran traumatizarle, entre paliza y paliza que le den en el colegio grabada en un móvil. Pero eso sí, sus padres cada uno en una casa distinta, turnándose para tener al niño o lo que quede de él, supliendo la falta de autoridad y cariño con regalos, videojuegos y diciéndole que si suspende ocho asignaturas, no pasa nada, que la culpa es del profesor que no sabe respetar sus deseos de libertad.



Libertad, que palabra tan fácil de decir y tan difícil de interpretar. Parece que ser libre a día de hoy, queda reducido a autosatisfacerse. Mis padres lo habrán podido hacer bien o mal conmigo, pero a mi nunca me han faltado unos padres, mejor dicho: UN PADRE Y UNA MADRE, que han renunciado a muchas cosas para sacarnos adelante a mi hermano y a mi, y que salgamos medianamente bien … Eso es lo que a mi se me ha enseñado y por lo tanto, lo que querré reproducir intentándolo mejorar al máximo.

El compromiso es un valor que quema en las manos hoy, nadie quiere oír hablar de el por miedo a pringarse. Me estoy imaginado ya al típico “Seductor de libro” pensando: “Ala tío, eso que dices es muy beta, yo como soy un alfa que se ha leído el método, te puedo decir que tienes que acostarte con cuatro mujeres a la semana, para que se te quiten las ganas de hacer lo que quieres hacer realmente en la vida”. Parece ser que ser fiel a un compromiso es beta, vaya, entonces habemos algunos que no queremos ser tan machos alfa. “Voy a arramblar con todo lo que pueda, no vaya a ser que me quede atrás y haya otro que se acueste con más tías que yo”. Si esto no es escasez que baje Dios y lo vea.

Parece que fundar una familia sea una sentencia y que ahora las parejas se casan para comprarse un piso o para independizarse, o por no estar solos y llegar con alguien a la vejez, o para satisfacer a las familias… De todas formas, como hay Divorcio Express ¡No pasa nada! Desvalijamos a papá, nos repartimos al niño y esperamos a que crezca solo, al igual que las hierbas que crecen en las cunetas, que nadie las riega pero que ahí están… ¡A ver qué sale!

Hoy el compromiso en pareja dura lo que se tarda en conocer a un tercero, unos cuernos, a un cambio de trabajo, a un lugar de residencia distinto, a un despido accidental, a una discusión … Realmente, ¿no nos estamos volviendo más débiles que nuestros padres y abuelos? En vez de solucionar los problemas, miramos hacia otro lado, nos vamos diciendo que “no se puede” para limpiar nuestra conciencia, y nos ponemos otro traje. Evolutivamente, nos estamos volviendo peces en un acuario, en cuanto se nos cambian las condiciones de la pecera, buscamos otra pecera igual a la anterior en vez de intentar adaptarnos. Las parejas prefieren cortar, antes que aprender de los errores y continuar.

La cuestión es saber elegir y ser capaz de invertir tiempo y vida en un proyecto de pareja que tarde o temprano sea una familia. Ser libre es poder elegir, no autosatisfacerse.

Un fuerte abrazo.


Arcángel.
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