JUNTOS... PERO NO BAJO EL MISMO TECHO

Imagen cedida por Loreta
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LAT “living apart together” es algo así como estar juntos, vivir separados, por aquello de ponerle siglas a todo, y está dando magníficos resultados a muchos adultos que quieren tener una relación sentimental y seguir siendo SOLTEROS Y LIBRES. Término acuñado por los anglosajones para definir una modalidad de pareja que poco a poco va cobrando fuerza en todo el mundo y que consiste en compartir una relación de pareja con ciertos límites para no adquirir un compromiso formal. Puede ser una buena alternativa para much@s solter@s que desean tener pareja, pero temen tropezar equivocarse y revivir una mala experiencia. Cada vez la mujer es más independiente, esta modalidad de pareja es consecuencia directa de ello, a pesar que muchas mujeres jóvenes tienen madres que viven dentro de un modelo tradicional de familia, pero que las han impulsado a la autonomía y a la independencia, que las han ayudado a hacer sus estudios o a mantener su trabajo, aun en casos en los que ayudarlas ha supuesto incrementar sus horas de trabajo.

La relación de pareja sigue siendo imagen social de la felicidad. Hay muchos tipos de parejas: casadas o no, conviviendo o no, del mismo sexo o parejas de hombre y mujer, pero todas ellas tienen en común el presentarse como la representación máxima del amor y de la idea de felicidad. Una pareja en concreto puede ser el origen de problemas y conflictos, puede no traer más que sinsabores, pero la imagen ideal de la felicidad individual, en nuestra sociedad, pasa por tener una pareja.

Como alternativa, desde hace años se consolida en diferentes países una forma de relación que mal se podría llamar RELACIÓN ABIERTA, aunque a menudo se la define así, que permite mantener y desarrollar el amor sin por eso tener que amontonar pertenencias, momentos y gustos pacientemente lijados para hacerlos coincidir con los de la otra parte. No se trata de un acuerdo de propiedad, contrato matrimonial, amistad con derecho a roce o pareja de hecho (ya que estos últimos comparten el mismo techo), sino porque en las RELACIONES LAT, ambos componentes quieren estar con la otra persona -en todos los sentidos- pero asumen, en general a partir de experiencias poco gratas, que estar todo el tiempo, sin reservarse nada para sí mismos, termina por “matar el amor de tanto usarlo”, como cantaba Rocío Jurado. Eso supone que este tipo de relaciones funcionan mejor entre adultos con historia detrás, que han aprendido que lo más importante, en este terreno, no es lo que se dice, sino lo que se hace.

La RELACIÓN LAT permitiría estar enamorado y seguir siendo solter@ sin mayores conflictos, pero… ¿se podría decir que indica falta de compromiso? ¿El compromiso es vivir bajo el mismo techo todas y cada una de las noches, aunque alguna no te apetezca, o escoger que quieres estar con esa persona, entre todas las personas posibles? Vale, pero eso de no estar todo el tiempo… Es que lo que importa es la calidad del tiempo, no sólo la cantidad. Aunque este nuevo tipo de pareja no garantiza la duración eterna del amor –NADA LO HACE- parece que mantiene viva buena parte de esa llama inicial que quema por dentro cuando te enamoras y que tiende a dejar de calentar con la convivencia. Y tal vez lo importante sea eso: que siga calentando, un día más.

El vivir solas sin descartar las relaciones de pareja es una de las fórmulas más reivindicadas por las mujeres jóvenes activas como garantía de su independencia. No es posible como realidad más que para las mujeres que tienen ingresos propios. Y es dentro de estas mujeres, que son las que más pueden elegir sus formas de relación, donde vamos a encontrar todas las opciones, las que viven solas, las que viven en pareja sin casarse y las que optan por contraer matrimonio. Los argumentos a favor de cada una de estas opciones son diversos. Sin embargo, la característica que las impregna a todas, y les da en conjunto un rasgo afín, es que todas ellas tienen en la actualidad una cierta eventualidad. Se han acabado las certezas y no hay seguridad de que ninguna de estas formas de vida y convivencia sean para siempre. Las que más apuestan por la estabilidad son obviamente las que contraen matrimonio, pero aun éstas saben que las cosas pueden evolucionar de manera imprevista y con frecuencia hablan de la posibilidad de una ruptura.

La cuestión es que la fórmula “tú en tu casa y yo en la mía”, ya no se considera una extravagancia propia de poetas y actrices. A estas alturas, es una opción práctica que resuelve el desenlace sentimental de generaciones educadas en el individualismo. Y aunque es un fenómeno complejo, ya que estaríamos hablando de infinidad de casos particulares, puesto que ninguna pareja es igual a otra y la intensidad de amistad y COMPROMISO VA ASOCIADO A LA PERSONA, NO AL SEXO, más aun que las parejas de hecho, se conoce, por ejemplo, que un 10% de canadienses lo practica, si bien esta estadística incluye a veinteañeros por emancipar. Los que han cumplido los 30 son, en el primer mundo, quienes más ejercen el LAT, seguidos de cerca por los que están en los cuarenta y tantos y no muy alejados de los que rondan los 50 o más. No es raro, pues, que Francia registre un 10% de hombres nacidos después de 1970 que jamás han convivido en pareja.

Esto se parece bastante a las relaciones de un noviazgo formal, aunque se usa poco esta palabra salvo en las denominaciones que hacen los padres respecto de la pareja de su hijo o su hija. La diferencia de mayor importancia en cuanto a esta modalidad de noviazgo actual, con respecto al pasado reciente de la sociedad española, radica en la creciente aceptación social de las relaciones sexuales entre la pareja. En la tolerancia o aceptación de las relaciones sexuales antes de la convivencia estable hay una gran variación de actitudes y comportamientos que dependen de dos variables fundamentales: las actitudes de la pareja sobre la conveniencia o no de sus relaciones sexuales, y las actitudes de los padres respectivos. En la combinación de todas ellas se concreta la enorme diversidad de situaciones que se producen.

Siempre han existido, y seguirán existiendo, parejas de jóvenes que prefieren no mantener relaciones sexuales mientras no se casen. Aparte de estos casos, menos frecuentes en la actualidad, interesa señalar la enorme cantidad de parejas, que tienen relaciones estables, que piensan en formar en el futuro un hogar y una familia, que no conviven pero sí tienen relaciones sexuales. Ya sea con el acuerdo tácito, explícito o contra la voluntad de sus padres respectivos, entre los que incluso puede haber una cierta diferencia de criterios, tenemos una enorme cantidad de parejas jóvenes que se sitúan en esta posición intermedia entre la convivencia y la ausencia total de compromiso.
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Imagen cedida por Loreta
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La novedad más interesante desde el punto de vista de las costumbres de la sociedad española es la aceptación, las más de las veces de forma tácita, por parte de los padres y del entorno, acerca de las relaciones sexuales de estas parejas y la mayor frecuencia con la que se aceptan o toleran que dichas relaciones sexuales se lleven a cabo en las viviendas familiares. Siempre hemos sabido de parejas sin hogar que recurrían a los hoteles, el piso de amigos, el campo, las playas o los parques como lugar para sus encuentros sexuales más o menos clandestinos. La novedad que se advierte, como diferencia significativa con respecto a épocas de mayor intransigencia en cuestiones de relaciones sexuales, es la aceptación de que las parejas puedan estar juntos y a solas en las viviendas de la familia, ya sea de forma habitual o de una forma un tanto más esporádica como son las épocas de vacaciones, los fines de semana, las casas de campo o la residencia de los padres cuando éstos se ausentan.

Una parte de las mujeres jóvenes que viven solas tienen pareja estable. Pareja que a su vez también vive de forma independiente. Esta es la forma más innovadora en cuanto a formas de convivencia alternativas al matrimonio. Se trata de una forma de vida que pretende salvaguardar las ventajas de la libertad individual sin renunciar a la pareja y a las relaciones amorosas. Desde una perspectiva individualista, ésta es la opción que se perfila como el óptimo en cuanto supone tener libertad y también tener pareja, que permite poder compaginar libertad con intimidad, que ofrece la posibilidad de mantener relaciones personales y amorosas pero sin que el otro interfiera mucho en las costumbres propias y el estilo de vida. Es una forma de vida minoritaria, pero que se ha hecho más frecuente entre gente joven, de clases acomodadas, en las grandes ciudades europeas y americanas. Es un arreglo, o forma de convivencia, que aporta los beneficios de tener un compañero, una pareja estable, sin muchas de las limitaciones que implica vivir constantemente juntos.

En España más de siete millones de personas viven solas (según datos del Salón Singles de Barcelona). Se trata de un gran cambio en la sociedad. Un cambio parecido al que hubo cuando padres, hijos casados y con hijos, algún pariente como prim@ o tí@, compartían la misma vivienda, la misma mesa y trabajaban juntos en el campo. Con la llegada de la industria, fue variando esta forma de vivir apareciendo la familia nuclear (padre, madre, hij@), con el trabajo lejos del hogar y, ya más adelante, padre y madre trabajando fuera del mismo. Basándonos en los datos citados, el porcentaje de las personas que viven solas en España es de un 16% , frente al 42% de Suecia y al 40% de Finlandia. Este bajo índice de personas que viven solas en nuestro país es debido principalmente a que los jóvenes no se pueden emancipar tan fácilmente como en otros países con más desarrollo del Estado de bienestar y que, comparativamente, las tasas de ruptura entre las parejas es baja.

Ahora cuando nos referimos a “hogar” ya no visualizamos la imagen de padre, madre e hijos viviendo juntos y felices. Los hogares “unifamiliares” están teniendo un crecimiento espectacular: divorciados, viudos y solteros son los que alimentan esta tendencia. En los últimos diez años los solteros que viven solos se han multiplicado por dos, siendo su franja de edad de 30 a 60 años. Muchos de ellos están solos por convicción. Valoran la libertad de decisión y prefieren una relación de pareja sin ataduras.

Se da la circunstancia de que a partir de los treinta, tanto los hombres como las mujeres suelen tener un trabajo fijo y al no tener familia que sostener, se permiten caprichos: ropa de marca, más cenas y comidas fuera de casa, viajes, espectáculos… Resultando ser este colectivo muy apetecible para algunas empresas que ya están dirigiendo su marketing hacia este nuevo mercado. Encontramos agencias de citas rápidas (speed dating), agencias matrimoniales, agencias de viajes que organizan viajes dirigidos ellos, servicios a domicilio: lavandería, comida casera, limpieza del hogar e incluso se puede encargar la compra de la semana.
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Nos encontramos ante una nueva forma de vivir: LA IDEPENDENCIA PERSONAL, que ciertamente es muy gratificante, por la que tenemos que pagar un precio: LA SOLEDAD NO COMPARTIDA.
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Un fuerte abrazo.
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Arcángel.
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