UN BUEN CHOFER, por SUCUBO

Imagen cedida por Ruby


Querido Arcángel: Paso a contarte mi aventura con el taxista de la voz sensual, cuyo nombre no te mencioné porque se llamaba como tú y no quería distraer tu imaginación con esta casualidad. Le llamé esa misma noche para que el encuentro inicial no se enfriara y parece ser que quedó gratamente sorprendido. Tenía treinta años y manejaba el taxi de su padre ya que éste no se encontraba muy bien de salud últimamente. Me dijo que había sentido una atracción irresistible hacia mí desde que levanté la mano pidiéndo un taxi, que tenía una novia a pocos meses del altar pero que no quería dejar pasar la oportunidad de conocernos aunque sólo fuera para salir juntos al cine y tomar una inocente cerveza.


En ningún momento perdió la educación, su tono suave y cíclico sin embargo era un caballo de Troya que transmitía todo lo contrario de lo que decía dispuesto a derribar todas mis defensas femeninas. Me dije que seguirle el juego y aceptar quedar con él sería interesante. Así que fijamos una cita para el día siguiente a las siete de la tarde, iríamos al cine y me recogería en el mismo sitio de la primera vez. Me dormí encantada. A las siete en punto ya estaba yo esperando en la acera con un vestido amarillo limón ceñido, escotado y recatadamente largo rozando las rodillas. Sandalias de tacón beige y bolso a juego, ropa interior igual a CERO.

Cual no sería mi sorpresa al ver acercarse a mi chico subido en una motaza, una dentadura de anuncio me sonreía debajo de aquel casco, frenó a mi vera y dijo - " Hola preciosa ... relájate y disfruta, quiero sentir tu cuerpo cuanto antes en mi espalda ". Y sonrió. Yo no sabía si mis zapatos se habían quedado pegados al asfalto por el calor del verano, moverlos y pensar a la vez se hizo imposible ... Maquinaba cómo subirme a aquella moto sin que se me viera el intestino . Pero me tendió un casco, me lo puse y apoyándome en un estribo me recogí la falda y me acomodé detrás de él bien pegadita a su cintura.

Llegamos al cine y escogimos una película policiaca; ya sin el casco mi pelo era un churro aplastado pero él me lo atusó como un peluquero profesional y de paso me dió un beso en los labios ... mmm. La película ya había empezado, los asientos no estaban numerados y había cuatro gatos en la zona central. Una corriente gélida invadía el aire y le hice una seña para ocupar los asientos más alejados de la pantalla. A los cinco minutos ya me dí cuenta de lo mala que era la película, un tostón.


Le dije en un susurro que tenía frío y me dió su cazadora con la que me tapé como una manta y me protegió el cuello con su brazo derecho, luego siguió atento mirando hacia adelante. Como una serpiente mudando la piel yo había aprovechado aquellos movimientos de abrigo para subirme el vestido hasta la cintura y mi sexo reposaba encima de la butaca bien tapadito por aquella cazadora cuyo roce me estaba poniendo muy caliente. Cogí su brazo derecho con suavidad y me lo llevé a mi tienda de campaña, me miró, oteó los alrededores y disimuladamente fingió que seguía viendo la película.


Entonces, empezó a palpar mis muslos, la cintura y metió por completo dos dedos en mi vagina que estaba húmeda como una boca, me recosté un poco y continuó masajeando mi sexo hasta que tuve un orgasmo. Después quiso retirar su mano pero yo estaba en celo y la retuve entre mis piernas un rato largo. Se acercó a mi oído y dijo -"quiero follarte"-. Salimos del cine y nos tomamos una cerveza por allí cerca . Con tanto lujurioso masaje mis piernas estaban pegajosas y fuí al baño a lavarme. Luego preparé el terreno a mi gusto, me inventé que estaba casada con un aburrido marido para que le diera mas morbo. Él me dijo que vivía con su novia, a su casa no podíamos ir. Le propuse acercarnos a la mía... Tenía una idea en mente.


Subimos a la moto y durante el trayecto le abrazé como una lapa con las dos manos, una encima de la otra, protegiendo mi paquete-tesoro. Llegamos ál portal y le noté intranquilo por lo del asunto de mi supuesto marido, le cogí de la mano y ya en el ascensor pulsé la planta sótano. Estaba muy excitado y todo le parecía bien, mientras metía la llave en la cerradura de mi trastero él ya me tenía casi desnuda y yo no atinaba a abrir. De pronto escuchamos voces y rápidamente nos metimos, cerré la puerta y apagué la luz. Al cabo de unos segundos nuestras pupilas ya se habían adaptado a la oscuridad. Nos desnudamos apresuradamente en aquel microclima subterráneo y saqué a tientas de mi bolso diez condones... él dijo con ironía -"no van a ser suficientes..."-. Me sujetó la cabeza contra la pared y empezó a besar-comer-morder todo el terreno del cuello a la cintura como si fuera su pastel de cumpleaños.


Aquel era un rectángulo angosto que no permitía tumbarse pero había cajas y mantas mullidas amontonadas que permitieron a mi chico penetrarme en variados equilibrios. Me acordé de cuando yo era casi una adolescente todavía y me enamoré de Halid , un sudanés negro como el carbón que estudiaba medicina en Madrid y compartía piso con un primo mío . Como nuestro amor era imposible porque mis padres eran de educación "opusiana", todas las noches me ofrecía voluntaria para bajar la basura y ya previamente acordado abría el portal a mi semental, me lo bajaba a un trastero y allí, rodeados de herramientas, me follaba rápido y eficazmente ... Luego subía como si tal cosa y me inventaba un encuentro con cualquier vecina que había alargado el cívico y poco apreciado menester de tirar la basura ¡ay..qué tiempos !


Después de dos horas en la celda mi motorista y yo estábamos reventados, con ganas de subir al exterior y respirar aire fresco. Nos fuimos a tomar algo por el barrio libres ya de la tensión sexual que nos había atenazado, conscientes de que lo nuestro no tendría una trascendencia en nuestras vidas pero encantados de habernos conocido. Se puso el casco, nos dimos un largo beso en la boca y se fué por dónde vino. Es mi taxista privado, mi telepolvo ...mi correcaminos ... mi ... mi ... mío ... Pero qué bueno está Dios! Cada vez que le llamo acude veloz y me lleva a destino ... haciendo escala en algún hotel a medio camino ... jaja. Y es que comprenderás que soy una mujer que necesita amar en todos los rincones de la Tierra y para eso, necesito un buen chófer.


Besos allí donde no se ven.



Súcubo.
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