SÍ, ME HE CASADO... ¿Y QUÉ? por MERLÍN

Llega un momento en la vida de ciertas personas en el que te preguntas qué serás dentro de 20 años o, al menos, eso me pasa a mí y a muchos amigos que conozco. Al final, después de una importante cantidad de suposiciones y cosas raras, terminas pensando que te tienes que casar, vamos.

También es cierto que uno no llega a plantearse este tipo de cuestiones si no es feliz con la persona que tiene como pareja o, al menos, eso me pasa a mí y a muchos amigos que conozco.
Bien. Suponiendo que uno es feliz, que se plantea el tema matrimonio y que todo es de color de rosa, no pasan ni tres horas en las que te preguntas "habré hecho el gilipollas?" (eso me pasó a mí y a todos los amigos que conozco).

Hasta este momento, mi única preocupación era buscar la excusa perfecta para asistir a las reuniones o fiestas interesantes fuera de los horarios "de pareja". Pero con un poquito de habilidad y conocimiento de la parte contraria, siempre se encontraban soluciones reconfortantes para los dos. Todavía no se usa el método "calarena" (o sea, una de cal y otra de arena, que trataremos más adelante), pues todos nos sentimos los reyes del mambo "hago esto porque me sale de los cojones y, si no te gusta, te buscas otro". También muy usada la táctica del "mosqueo premeditado". El día que tengo plan, hago lo que más le jode para que se vaya cabreada a casa y salgo por la noche con mis amigos con la excusa del "despecho" (siempre se perdona, funciona de maravilla. Incluso, esa noche, te follas a una antigua amiga y hasta lo entienden).

Pero cuando dicen el "sí quiero" la cosa cambia, compañeros… y mucho. Olvidaos de la táctica del "mosqueo premeditado" porque esa no vale para nada. No quiere decir que no se pueda utilizar, claro que no… pero lo que hagas esa noche se te va a echar en cara hasta que decidas cortar toda relación con la susodicha. Tampoco te puedes poner gallito en exceso, porque hasta te puede tocar dormir en el sofá y, para eso ya uno tiene canas y hay que intentar que en el sofá terminen ellas (¿no quieren ser iguales, joder?). Una vez pasada la Luna de Miel, que va a ser en el último momento que tu pareja te va a decir algo tipo "lo que tú digas, mi amor", ha llegado la hora de convertirse en un maestro del "calarena".
--------
No es nada complicado, aunque al principio es duro asimilar tanta simpleza. Y es que hay días que te sigues preguntando; "¿cómo pueden ser tan complicadas, con lo simples que son sus cerebros?". No exagero, haced esta prueba: te levantas por la mañana un sábado, sonriente le das un beso y le dices; "¿preparo unos bocatas y nos vamos a que nos dé un poco el sol, que tenemos la cara como los vampiros, cariño?". La respuesta ni se la piensan. Una mujer nunca se va a negar a tomar el sol para ponerse más morena que sus amigas. No lo comparte contigo porque, si te lo propone ella, la miras de arriba abajo, le pones cara rara y le dices que prefieres ver el partido en casa (normalmente se acompaña la frase con un ligero tocamiento de cojón derecho). Esto hace que no se sienta acompañada y que parezca que no eres capaz de hacer un sacrificio por ella. Ahora bien, propones tú el plan y ese día todo le parece perfecto. Ahora lo malo es que tienes que aguantar ese día como un campeón debajo del sol hasta que a ella se la ponga en el mismísimo, porque si te rajas tú primero, entonces se dará cuenta de que todo era una trampa… y nada más lejos de nuestras intenciones. Ella ve el momento de la retirada y, sin parecer que lo estás deseando, rumbo a casa.

Ahora llega la parte interesante, el momento más importante de la jugada. Un amigo te llama a casa (y no por casualidad, se entiende) proponiéndote marcha por la noche con una excusa de esas que no se puede quedar mal; la despedida de un amigo que se va a Tokio de mamporrero, el cumpleaños de un tipo que te puede ofrecer un puesto de trabajo más adelante, el campeonato anual de dardos de excompañeros de instituto… en fin, lo que sea. Tú, con cara de lástima dices que has pasado el día entero fuera de casa y que ESTÁIS (importante, plural) cansados y que no… pausa… ahora le hablas a tu gancho de las millones de disculpas que le tiene que dar al homenajeado de tu parte porque no vais a poder asistir. Te puedo asegurar que no pasarán más de 30 segundos hasta que ella te diga "vete tú, que no pasa nada". Esa es la frase que buscamos, la frase ganadora. Si no la dice, la has cansado poco en la excursión… seguro.
---------
Obviamente, si te has casado con una tía más marchosa que tú, es posible que se apunte al plan y que antes de que cuelgues el teléfono a tu gancho, te esté esperando en el ascensor con los ojos inyectados y las manos en posición de sujetar copas (como los clips de play móvil). En ese caso, ponte malo y no salgas de casa; te ha fallado el tema.

Para este último tipo de mujer, la táctica anterior no vale. Empiezas el día igual, pero tres días antes le hablas de un compromiso que tienes tú solito y, tras su aprobación le comentas que, como no vas a estar con ella por la noche TE APETECE hacer un plan durante el resto del día juntos. Entonces todo está pactado desde el principio y no arriesgas la salida prevista. Además, muy importante, nunca pensará que juega con desventaja porque te has pringao el día entero haciendo algo que le gusta a ella, por lo que cuando ella quiera salir con sus amigas, sabe que te tiene que ofrecer algo a cambio (lo va a hacer y, lo más importante, casi seguro que te ofrezca más días de libertad a cambio de nada… es como un talonario de noches de soltero, hazme caso). Todo reside en la sensación de que uno no va por libre y que tiene a la otra persona en la cabeza en todo momento. No soportan que hagas planes sin pensar en que se podían haber hecho otros incluyéndolas porque, si no, piensan, no haberte casado (y es verdad).

Así que, si actúas teniendo muy clara esta premisa, ellas ya saben que a uno le mola salir solo, no hace falta explicárselo, os lo aseguro. Y ese será el premio obtenido cada vez que pienses en ella.
Ahora, la pregunta del millón: si me gusta la juerga, ¿debo casarme?

Pues mira, cada uno tiene que saber de qué manera quiere vivir su vejez. Cuando la marcha se acabe (que esto llega, de eso no hay duda), ¿quiero estar solo? Parece un pensamiento egoísta, y lo es, pero el ser humano es así, qué leches. Si no quieres acabar tus días muerto de asco, cásate. Si te mola tu pareja, lo pasas bien con ella y es soportable, cásate. Si tu suegra vive lejos, muy lejos, cásate. Si crees que vas a dar el braguetazo de tu vida, por Dios, cásate. Pero no tomes la decisión de no casarte por pensar que se te acaban las juergas porque, si te lo sabes montar, eso no ocurrirá.

Todo esto, antes de ser papás, jejeje… en una próxima entrega veremos cómo afectan los cambios tan enormes que experimenta la relación cuando llegan los niños. ¿Putada? ¿Se acaba definitivamente el chollo? Nada de eso; aquí empieza lo bueno.

--------
Un mágico saludo.
--------

Merlín
Publicar un comentario